T´ a i
C h i
C h´ i
K u n g
~ Sus Virtudes de Oro ~
Versión
Mejorada
A O N
L I B R O :
T´ai Chi Ch´i Kung
- Sus Virtudes de Oro
C Ó
D I G O :
006d C.O.04

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Autor de esta
Obra: A O
N
(Anand
On)
Franklin
881 (1405) Cap. Fed.
Argentina
Tel./ fax.: 4 9 8 2 – 1 7 2 5
5 9 0 1 – 0 0 8 8
Los Dibujos y Símbolos pertenecientes a
Nota:
Si se está interesado en transcribir y difundir algunos de
los métodos, técnicas o esquemas teóricos relativos al Programa propio de
Asimismo, tendrá que indicarse claramente su fuente.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Este libro
se ha escrito en el año 1988
y recién fue
editado diez años después en 1998
por
En todos
estos años el libro se ha ido presentando al público conforme a distintos
formatos, no obstante, el adoptado en esta versión final mejorada corresponde a
las correcciones y diseño diagramado con tan buen gusto por
Este es un ensayo que trata sobre los principios
fundamentales de estas dos artes que se han venido transmitiendo en forma de
canto desde su misma Creación.
Esta obra sintetiza un propósito estimulante: comprender,
más allá del deporte gimnástico que representan los caminos del T´ai Chi Chuan
y del Ch´i Kung, que es posible desarrollar un sentido artístico basado en una
profunda filosofía práctica.
El conocimiento de uno mismo, el despertar del potencial
interior y la expansión de la conciencia son los tres pilares fundamentales de
estas disciplinas, mediante las cuales pueden plasmarse las Virtudes de Oro.
El T´ai Chi Chuan y el Ch´i Kung incluyen varios aspectos;
entre ellos, el terapéutico, el artístico, el meditativo y el marcial.
Cada uno de ellos es completo en sí mismo, pero necesitan
complementarse para lograr la armonización de la energía...
¡Templanza, valentía, generosidad y humildad son las
cualidades del Guerrero auténtico!
Este ensayo está integrado por los siguientes temas: Cuadro
Genealógico del T´ai Chi y del Ch´i Kung. Propósito del Libro. T´ai Chi y Ch´i
Kung: Un Arte Milenario. Aliento Vital. Actitud Interna. Experiencia
Tridimensional. Siendo el Movimiento. Movimiento Continuo, Movimiento Redondo.
El Estado de Conciencia Despierta. La Ética de un Verdadero Practicante. El
Cuerpo Va Adelante y

T’ai Chi
Ch’i Kung
Sus virtudes
de oro
AON
Primera edición
Se
hallan reservados todos los derechos. Sin autorización escrita del editor,
queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier
medio —mecánico, electrónico y/u otro— y su distribución mediante alquiler o
préstamo públicos.
Editorial Kier S.A.
Buenos Aires, 1998
Diseño de tapa
Graciela Goldsmidt
Correctora de pruebas
Prof. Delia Arrizabalaga
Composición tipográfica
Cálamus
Libro de edición argentina
ISBN 950-17-2701-7
Queda hecho el depósito que marca
la ley 11.723
© 1998 by Editorial Kier S.A.
Buenos Aires
Impreso en
Printed in Argentina
A esa gran sabiduría y a esa gran
humildad,
que fueron la combinación precisa
para una verdadera presencia de energía,
que distinguió a un Maestro admirable.
A él, le agradezco
el descubrimiento del vasto horizonte del Sendero
y el acercamiento a un grupo de gente maravillosa
que compartió conmigo
el arte tradicional del T’ai Chi Chuan y del Ch’i Kung.
Desde la conciencia,
rebosante de gratitud hacia todos ellos.
A la memoria de Ma Tsun Kuen.
9 9 14 19 21 25 28 31 35 37 39 41 44 46 49 51 54 57 62 66 69 100
Indice
Introducción
Cuadro Genealógico del T´ai Chi
y del Ch´i Kung
Propósito del Libro
T´ai Chi y Ch´i Kung: Un
Arte Milenario
Aliento Vital
Actitud Interna
Experiencia Tridimensional
Siendo el Movimiento
Movimiento Continuo, Movimiento
Redondo
El Estado de Conciencia
Despierta
La Ética de un Verdadero
Practicante
El Cuerpo Va Adelante y
El Sentido más Profundo del
Arte
El Camino de
Inmovilidad-Quietud y Sensación
Pendular-Circular
El Temple del Espíritu: Chuan Kung
Arte Marcial: Técnica y Valentía
El Arte Marcial Interno
Espontaneidad-Naturalidad: Tzu - Jan
El Valor de las Virtudes de
Oro
Comentarios sobre las 24
Virtudes de Oro del
T´ai Chi - Ch´i Kung
Bernardo y Simón
Introducción
Con
extremada cautela y absoluto respeto, me asomo a las páginas en blanco que a
continuación mancharé, conocedor del compromiso que significa jugar quizás, el
papel de instructor, y dar referencias sobre un antiguo arte que también es
disciplina y camino de vida. Sobre todo, el hecho de no tener los ojos
rasgados, me exige esmerarme aún más, pues esa característica resulta muy
significativa para quienes consideran que ser oriental es sinónimo de autoridad
en esta materia.
Mi mera
experiencia de tan sólo catorce años de práctica empalidece ante el
conocimiento de los Maestros que han venido madurando en estas artes durante
cincuenta, sesenta o setenta años de vivencia continua.
Por eso,
con humildad, me acerco desde lejos a esta ancestral sabiduría, y no diciendo jactanciosamente
que sé, sino, por un profundo amor que siento hacia ella.
Espero que
mi devoción sea suficiente como para compensar las omisiones en las que
incurriré en el presente libro.
AON
Árbol Genealógico del T´ai Chi Chuan Estilo Ma
hasta nuestros días
Estilo
Viejo:

Hua Tuo
200 (Precursor de la
imitación de Animales)
Hsu Hsuang Ping 750
Chang San Feng 1250 (Mentor del T´ai Chi Chuan)
Wang
Tsung Yueh 1500 ?
Ch´en wang Ching
(1640)

Ch´en Pin
Wang Ch´en Pin Ki
Ch´en Pin Jen
![]()
Ch´en Chiang Hsiang
(1771-1853)

Ch
én Keng Yun Li Po Kouei
![]()
Yang Lu Ch´ang
(1799-1872)
![]()
Ch´en Pin San Yang
Pan Hou
Ch´en Ting Nien Yang Foung Hou

Ch´en
Ting Hi
Yang Chien Hou
![]()
Ch´en
Fa Kö (1887-1957)
Yang Cheng Fu (1883-1931)
Hiu Yu
Cheng
Wu Tsun Yu (1834-1902) Yang Shao Hou
Ch´en
Tchao Kouei
Ch´en Sieou Fong
Ch´en
Tchao Hiu Yang Chao Lin Tong
Ying Kiai
![]()
Tcheng Man Ching
Ch´en
Tchao Pei Wu Kien Kiu Ch´en Wei Ming
Ma Tsun Kuen (1907-1993)
![]()
Wu
Tseu Tchen
Siu Tche Yi
Tcheng Tsiun
Asoc.
Arg. Tai Chi Chuan
Hasta la actualidad (1988)
(varias Escuelas en distintos países)
entre las que se cuenta
Cronología del Ch´i Kung
hasta nuestros días
· Circuitos Psíquicos · Visualización de los canales y Centros energéticos · Tsao Yao, Chang Ming (terapia y cura mediante
las hierbas y las dietas)
![]()
Los hijos de
Huang Ti
(
Libro: “Nei Ching”
![]()
Ch´i
Kung de
·
Métodos para la vitalidad y la electricidad biológica ·
Ejercicios para la salud y larga vida ·
Nei Kung (Práctica interna) ·
Nei Kung (Práctica interna) ·
I Ch´ing Ching (ejercicios sobre los
tendones). Mejorado más adelante por
Bodhidharma.
·
Las bases del Tao Ch´i
Hsu
Tse (Alquimista del
Documento
arqueológico: Escritos en Bronce “Ching Wen” (Dinastía Chou,
·
Juego de los 5 Animales primitivo anterior al Wu Chin Sii · Ejercicios de Ch´i Kung
![]()
Ko Kung
(maestro del taoísmo mágico)
Ch´i Kung de la escuela de Confucio (
·
Métodos de respiraciones ·
Ejercicios del aliento profundo · Respiraciones básicas, fundamentales
![]()
Documento
arqueológico: 44 piezas de seda (Dinastía Han,
· Pa Tuan Chin (ejercicios de Brocado en 8
figuras) · Tao Yin
Ch´i Kung de la escuela
Médica (Medicina
Tradicional China)
Wei Po Yang
(Alquimista del 180 d.C.)
·
Tien Chen (Acupuntura taoísta) ·
Cinesiterapia ·
An Mo (masajes)
![]()
Hua Tuo
(Médico famoso)
·
Ch´i Kung para la profilaxis ·
Ch´i Kung de los 5 elementos (Wu Chin Si) ·
T´ai Chi Chuan, 5 animales (Postural)
Templo
de la nube blanca
·
Ch´i Li Nung (Curación por medio de la energía interior y exterior). Forma
mental anterior al Hsin I Chuan ·
Kai Men (Forma taoísta de Ch´i Kung; literalmente significa: ¨Puerta
Abierta¨) Ch´i Kung Psíquico
Monasterio
de Wu Tang
· Nei Chia · T´ai Chi Chuan ·
Cinturón de Hierro ·
Camisa de acero ·
Li Kung (Ch´i Kung taoísta, específicamente por medio de la mente)
![]()
Sun Simao (630 d.C.)
Escritor
y difusor
de
Ch´i Kung de la escuela
científica del Tao · Mo Hsiang (Meditación taoísta)
·
Y Fu Shou (Manos pegajosas)
Ch´i Kung de la escuela
del Arte Marcial (Wu Shu)

Fundación Centro
del Tao
con el siguiente
Programa de Actividades:
· 5
Vertientes en 36 Métodos
5 Ramas:
T´ai Chi Chuan – Ch´i Kung / Nei Kung
Shaolín Chuan – Filosofía / I Ching
Arquería Taoísta /
Meditación
Y
Taochi Shench´iching
o
Camino Energético de

La fecha del surgimiento de una
determinada Escuela de Ch´i
Kung,
no necesariamente es la
misma del nacimiento o período
de vida de su fundador.
~●◎〇[〇◎●~
Nota:
Estos árboles genealógicos fueron
confeccionados en el año 1988 contando con muy poca información.
A la fecha, el estudio sobre el proceso
histórico se ha mejorado notablemente.
Todos aquellos interesados deberán consultar los libros que se ofrecen
gratuitamente a través del Sitio: www.centrodeltao.org
o bien, acercándose personalmente a
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
Propósito
del Libro
El
motivo principal que me impulsó a escribir este libro es la necesidad que
tenemos los practicantes, de saber cómo ordenar el aprendizaje de estas
milenarias artes: el T’ai Chi Chuan y el Ch’i Kung, hacia dónde encauzar los
distintos métodos de la disciplina y comprender el profundo significado de lo
que estamos haciendo. Sobre todo, por tratarse de ciencias chinas que, como es
bien conocido, se destacan por la minuciosidad y la exactitud a veces extremas,
pero necesarias para alcanzar la armonía. Por ello, desde el comienzo, se
requieren suma paciencia y permanente dedicación.
Son tantos
los principios involucrados detrás de estas artes, que puede ser beneficioso
contar con una síntesis que agrupe las bases y objetivos de ambas ciencias, a
fin de reconocer ese panorama general pero completo y entonces estar seguros de
que ningún elemento será descuidado u olvidado con el correr del tiempo. Las
Virtudes que detallaremos a continuación, no tienen otro propósito más que el
de ofrecer una guía, gracias a la cual nos demos la oportunidad, a lo largo de
nuestra práctica, de vivenciar todos los estadios propuestos por la disciplina
artística.
En otras
palabras, mi intención es tratar de que esta síntesis nos permita comprender
que, más allá del deporte gimnástico que representan los caminos del T’ai Chi Chuan
y del Ch’i Kung, es posible desenvolver un sentido artístico basado en una
profunda filosofía práctica; y este es el aspecto medular del presente
trabajo. El autoconocimiento, el
despertar del potencial interior y la expansión de la conciencia son los tres
pilares fundamentales de estos dos senderos,
mediante los cuales pueden ser plasmadas las 12 Virtudes de Oro.
Las
Virtudes de Oro constituyen una enseñanza tradicional, muy antigua, transmitida
sólo de boca a oído, hasta que el Maestro Yang Chen Fu catalogó en un
manuscrito las «Diez Reglas de Oro».
Pero, según sea la escuela, la cantidad de reglas ha variado; sin
embargo, su profundo sentido no ha sido afectado.
En nuestra
Escuela «Centro del Tao», son 12 las
Virtudes de Oro, tanto para el T’ai Chi como para el Ch’i Kung. Estas sintetizan la totalidad de los
principios a incorporar, dominar y manifestar en el transcurso del aprendizaje
para la maestría en el arte. Y
seguramente que sólo por comprender
tales principios, ya es un indicio de que la maestría se está gestando. Por
maestría ha de entenderse: Gozar la
belleza de la armonía en cualquiera de sus órdenes, externo e interno.
A
continuación detallaré las 12 Virtudes de Oro del T’ai Chi Chuan:
PRIMERA: Rodillas y puntas de los pies alineadas, vista y
manos hacia una misma dirección. Las
rodillas y los pies no se superan.
SEGUNDA: Mirada en las muñecas. Mirada al horizonte. Ojos
entreabiertos. Párpados cerrados. Pies, rodillas, manos y mirada hacia donde se
avanza.
TERCERA: Redondez, arcos y curvas. Aflojar los músculos
abdominales, hundir el pecho, recoger el
mentón a distancia de un puño de las clavículas y estirar la espalda.
CUARTA: Movimiento continuo e ininterrumpido. Ritmo
constante. Quietud en el movimiento, movimiento en la quietud.
QUINTA: Bajar los
hombros, dejar caer los
codos, atendiendo a las muñecas
suspendidas que guían el movimiento de los brazos.
SEXTA: Lentitud. Uniformidad del movimiento. Relajar la
cintura y desde el Tan Tien inferior guiar el movimiento de todo el cuerpo.
Conciencia centralizada en el Tan Tien.
SÉPTIMA: Suavidad. Distinguiendo lo lleno y lo vacío.
Sentido interno de fuerza, sumado al sentido de delicadeza externa. Liviano, ligero y ágil. Bajo vientre lleno y cabeza vacía. Suspendido,
sostenido desde la cabeza.
OCTAVA: Traslación en una
misma altura. Bajo y abierto. En “L”
y no “T”, o paralelos. Los pies no se
despegan del suelo ni se arrastran en las posturas, y se desplazan como hojas al viento en los
movimientos. Las piernas nunca se estiran.
NOVENA: Respiración natural. Sin esforzar ni exigir.
Vincular lo alto y lo bajo. Respiración profunda hasta los talones.
DÉCIMA: Constante recuperación del Centro en armonía con
la periferia. Unir el interior con el exterior. Mantener el eje. Ni próximo ni
alejado.
UNDÉCIMA: Centralizar y unificar los pensamientos. Utilizar
el pensamiento artístico y creativo, y evitar la dureza muscular. El cuerpo va adelante, la mente sigue detrás.
DUODÉCIMA: Sensibilizar el espíritu mediante la puesta en
práctica de las Virtudes de Oro y llevar el movimiento al ámbito del
corazón. Unificar la energía (Ch’i) de la acción del movimiento expresado, por medio del sentimiento de amor.
Estas son las 12 Virtudes de Oro que caracterizan la
auténtica práctica del arte y ciencia del T’ai Chi Chuan.
A continuación, detallaré las 12 Virtudes de Oro
del Ch’i Kung:
PRIMERA: Sincronización de los movimientos. Alcanzar la unidad del cuerpo.
SEGUNDA: Ajuste de la respiración al movimiento. Alcanzar
la unidad de la respiración continua, unida a la unidad del cuerpo.
TERCERA: Conciencia. Percepción de las 18 sensaciones
básicas. Sensación permanente, circular
y pendular.
CUARTA: Sonrisa expansiva. Bajo vientre sonriente.
Armonizando el microcosmos, mejorando el macrocosmos.
QUINTA: Sentimiento
de apertura del Centro Coronario y del Centro Base, sintonizándolos al
cielo y a la tierra, fusionándolos en la dimensión del Palacio Humano. Estadio
de
SEXTA: Fuerzas alternadas, complementarias, combinadas.
La interactuación ininterrumpida del Yin-Yang. Equilibrio en tensión y en
relajación. No duro, no flojo.
SÉPTIMA: Fuerza
canalizada desde el centro vital. Tan Tien duro, abdomen
flojo. Conciencia en el Tan Tien inferior.
OCTAVA: Centralización mental en el movimiento o en punto
de quietud interior. Sensibilidad vertical
(1ª sensación superior «ampliación-expansión»).
NOVENA: Esfínter contraído y lengua al paladar. Ojos al
entrecejo, ojos al ombligo. Estadio de la cristalización energética en la tasa
vibratoria más elevada.
DÉCIMA: Sensación de los fluidos psíquicos a lo largo de
los meridianos y vasos de energía. Sensación de la dilatación psíquica desde
los Centros de energía hacia la periferia.
UNDÉCIMA: Sintonización con las corrientes magnéticas
terrestres (absorción). Fusión con la corriente eléctrica cósmica (permeabilización).
DUODÉCIMA: Wu Ch’i. Vacío indiferenciado, concientizado,
identificado.
Estas 12 Virtudes de Oro caracterizan la práctica del auténtico
arte y ciencia del Ch’i Kung.
Es
necesario señalar que algunas de estas virtudes son tomadas como regla general
para la mayoría de los movimientos, por eso pueden presentarse ciertas excepciones,
previamente señaladas, con el fin de abordar diferentes enfoques. Sin embargo,
algunas otras son virtudes absolutas, reglas esenciales e impostergables, si es
que se pretende captar el sentido medular de estas prácticas.
Todo esto
será aclarado en los próximos temas, pues trataré de profundizar y desarrollar
los principios que, a mi entender, son el fundamento de estas
artes-ciencias.
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
T’ai Chi - Ch’i Kung:
Un
Arte Milenario
Siempre
comento que el T’ai Chi y el Ch’i Kung son dos artes milenarias, pero aún más
antigua que éstas... es el arte de la vida.
Todos
somos artistas por naturaleza. Esto
pregona la filosofía del T’ai Chi:
«Todos
somos artistas que debemos retornar a la raíz, a la fuente misma, que es el
Arte de
Y una vez
comprendido esto, el espíritu de estas
dos artes es asimilado en su profundidad y con total naturalidad.
¿Has visto
a un niño cuando da sus primeros pasos? Síguele
de cerca y verás cómo pronto dominará el arte de caminar. Por lo tanto, desde pequeño eres un
artista y no te has dado cuenta. Caminar, comer, bañarse, como otras tantas
acciones se han convertido en un arte, aunque en algunas ocasiones pareciera
decaer.
Siempre es
oportuno despertar conciencia; nunca es demasiado tarde. Así que comienza ahora
mismo a vivirlo todo de esta manera.
¿Acaso,
conversar no es un arte, o vestirte e incluso el dormir? ¡Claro que sí! Todo cuanto hagas puede ser arte, porque la
vida misma es arte, por lo tanto, todo lo que haces puedes hacerlo como tal.
Es
cuestión de conciencia.
Hasta hoy
has creído que arte es sólo la música, la pintura o la danza, etc., etc., y has
creído también que sólo pertenece a personas como Mozart, Miguel Ángel o
Nijinsky; por eso, descuidaste el primer arte, el más antiguo, el
fundamental.
Eres un
artista consumado desde que naciste, y uno muy especial, porque ni siquiera sabes
que lo eres... ¡vaya, cuán grande es tu humildad!
Pero nunca
es tarde para reconocerlo, aceptarlo y comenzar a disfrutar de todo lo que
haces, mejorando la calidad de conciencia de cada acto.
Si eres
capaz de darle un valor artístico a cuantas cosas realizas —pues todas tienen
que ver con tu desenvolvimiento en esta vida— entonces, cambiará la calidad de
tu sentimiento para con todo...
Al pasear en un atardecer, caminarás de un modo más
consciente, al tomar una flor lo harás con más cuidado y sintiéndote agradecido
a la naturaleza; al relacionarte con los
demás, lo harás más creativamente, porque es el arte de todos los días.
Aquí es
donde verdaderamente se inician el T’ai Chi y el Ch’i Kung, al menos, para el
sincero practicante.
Por eso, antes
de avanzar en la exposición de las Virtudes de Oro, es fundamental comprender
primero, que el arte principal es el de
la vida diaria.
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
Aliento
Vital
La respiración en T’ai Chi es tan importante
como los movimientos mismos. Hablar de T’ai Chi es hablar de respiración y
movimientos fusionados entre sí, como si fuesen uno solo, pero de manera
natural, sin esfuerzo ni exigencias. La respiración es la fuerza impulsora de
los movimientos, la energía dinámica detrás de toda forma... aun detrás de la
inmovilidad de toda postura. La clave
estriba en una respiración consciente, pero no controlada.
En cambio,
el dominio del Ch’i Kung depende en gran medida de la sincronicidad conquistada
entre el movimiento y la respiración. En
este caso, ajustar la respiración es un requisito esencial para el despliegue
de la energía.
Los
movimientos o la gimnasia, por más perfeccionados que se los logre realizar, no cubren más que
el 50% del beneficio terapéutico total; incluso
a nivel artístico se puede decir que representan el 50% de la destreza total. El otro 50% recién
quedará cubierto al efectuar una respiración profunda, serena y armoniosa... o
sincronizada, según la técnica.
Aun del
modo que sea, la respiración más apropiada es aquella no tensionada, aquella
que no incomoda y que se encuentra emparentada con lo natural. Porque si se la
fuerza a ser profunda, si es una
exigencia hacerla lenta, si hay que obligarse a respirar relajadamente,
entonces, no es relajación en absoluto.
Por lo
tanto, comienza con una respiración normal, casi superficial, pero ten mucha
conciencia de ella. Si la haces conscientemente y sin resistencia alguna, sin
inquietudes de ningún tipo, por sí misma la respiración se torna más profunda.
Con conciencia, puede volverse total, al punto que llegas a percibir que no es
únicamente por la nariz que se respira. No sólo en tus pulmones entra el aire,
sino que puedes respirar por cada poro de tu piel y llenar de renovada vitalidad todo tu
cuerpo.
El aire no
se guarda exclusivamente en los pulmones, sino que puede viajar por todo el
cuerpo, puede ser canalizado por los meridianos y vasos maravillosos, puede ser
almacenado en los órganos, puede ser transmutado en los centros energéticos. A través de una técnica apropiada y mediante
la práctica, el aire pasa a ser el
néctar esencial o el hálito vivificante,
y la respiración, el aliento celestial.
Tan sólo
cuando se combinan de modo ajustado movimiento y respiración o cuando se logra
sincronizarlos —según sea en el T’ai Chi o el Ch’i Kung— es que se realiza el
100% de la efectividad de la práctica.
Recuerda
que los movimientos, los ejercicios físicos o las posturas, por más perfectos,
por más hermosos que sean, no pueden llevarte más allá del 50% de tu potencial.
La otra mitad se despierta cuando logras dominar la correcta respiración.
Y mientras
que todo lo que haces con el cuerpo puede ser visto afuera, el arte y el
dominio de la respiración no puedes demostrárselos a nadie, porque son
internos, porque sólo puedes hacerlos para ti mismo. Así que no descuides la
respiración, porque nadie podrá advertirte. Comprende que aunque no puede ser
exhibida ni demostrada de la misma manera que el cuerpo, en lo que a la
práctica concierne, ella es mucho más importante. Toda ejercitación física, o
sea, ese 50% que logres con tu cuerpo sólo puede transmutar tu química interna
en un 30%, mientras que el 50% de la
respiración que domines transformará tu
esencia en un 70%. Esto es muy importante tenerlo en cuenta.
En el
Camino de
La
respiración es un vehículo de la conciencia,
y cuanto más profundices tu respiración, mayor será la amplitud de
conciencia que experimentarás; sin embargo, debes comenzar siendo consciente de
ella, y entonces, ella te hará consciente de tu conciencia. Una respiración
superficial acarrea que la conciencia sea ajena al momento presente.
El camino
es doble, o sea que puedes ir por la derecha o por la izquierda, y llegas al
mismo punto... y ese punto es tu propio centro. En otras palabras, puedes comenzar relajándote, y esa serenidad
inducirá gradualmente a una respiración más honda, o puedes comenzar a respirar
con más lentitud, y esa lentitud poco a poco te apaciguará y te
centralizará.
La respiración
puede llevarte fácilmente a una mayor conciencia, sólo basta con ahondar desde
varios ángulos la respiración superficial cotidiana. Este sería un método
básico, el más sencillo, con el fin de permanecer presente; no obstante, pocos
son los que pueden mantenerlo.
Respira
hasta los talones, respira por cada poro de tu cuerpo. Puedes inhalar
psíquicamente por cada uno de tus centros energéticos. Claro que para esto
tienes que estar todavía más sensible, más receptivo, porque así como estás,
apenas eres capaz de distinguir olores
fuertes; no puedes percibir las sutiles fragancias en un medio ambiente tan
contaminado, por eso es que te parece
absurdo poder nutrirte psíquicamente mediante tus centros energéticos. Pero la
práctica te ayuda a sensibilizarte, a volverte cada vez más receptivo, te ayuda
a verticalizar tus experiencias, y aquello que parecía imposible comienza a
suceder.
El aire
se encuentra estrechamente
vinculado con el alma viviente. El alma de
todo ser humano
y de todo ser orgánico y la
respiración, están estrechamente vinculados.
Los chinos
cuentan con extensos tratados acerca de este tema (a los dos aspectos del alma
los llaman «Po y Hum»), y explican cómo
despertar este potencial y cómo canalizarlo.
La
energía, el psiquismo y la conciencia constituyen una unidad indivisible con la
respiración.
Por lo
tanto, seguir una línea ascendente con cada inhalación y una línea descendente
con cada exhalación es el primer paso para el desarrollo psíquico; detener la
inhalación y acelerar la exhalación es el principio para la transmutación del
aliento; respirar profundamente aumenta la carga energética, y respirar conscientemente trae mayor
sabiduría.
En el arte
de la respiración, cada practicante debe adiestrarse con suma paciencia y
dedicación, observando las pautas e
indicaciones preliminares, hasta que los modos de respiración con circuito
interno se vuelvan tan naturales que pasen a formar parte de la vida diaria.
Esto es Ch’i Kung.
En T’ai
Chi, respira relajado, tranquilo, sintiendo cómo el aire atraviesa las fosas
nasales y cómo lentamente se llenan los pulmones o cómo se vacían. No hagas
ninguna pausa, funde la inspiración con la espiración y vuelve a fundirla con
la inspiración: un circuito completo en sí mismo, continuo, sin interrupción,
sin principio ni fin.
Aprende a
alimentarte con
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
Actitud
Interna
Ante
todo, al comenzar la práctica, debe
abandonarse toda preocupación e inquietud, centralizando los pensamientos en la
acción presente. Los pensamientos deben fluir a la par de la respiración
tranquila y los movimientos lentos. La suavidad y la redondez comienzan en los
sentimientos mismos del practicante.
Despertar
y desarrollar la conciencia nos lleva al presente. No más allá de él.
La
conciencia o estado de alerta es el camino más directo a la centralización de
los pensamientos, a la relajación y la serenidad interior.
Hay que
evitar estar ajeno a la práctica. Los efectos y resultados no son
satisfactorios cuando el entrenamiento se lleva a cabo sólo con el cuerpo, mientras la mente se encuentra distraída en
otra situación, en un espacio y un tiempo diferentes de aquellos en los que se
encuentra el cuerpo. Por lo tanto, para
consumar el espíritu artístico, será indispensable traer una y otra vez los
pensamientos a la acción presente. Como dije, cada vez que la mente se
dispersa, hay que centralizarla nuevamente mediante la conciencia y el estado
de alerta.
El modo de
llevarlo a cabo es de la siguiente manera: concientizando primero el cuerpo,
sintiendo cada parte hasta lograr una sensación de Unidad.
Luego,
concientizando la respiración, volviéndola más relajada, más suave, más
profunda. Como una brisa. Sin forzar, sin exigir, casi imperceptible, pero
suficiente para la conciencia.
Finalmente,
visualizas en los labios una sonrisa, hasta que la sensación de la sonrisa haya
descendido hasta el bajo vientre. No puede decirse que la actitud interna
preliminar a la práctica ha sido lograda, en tanto no se sienta el bajo vientre
«sonriente».
Existen, tanto en el T’ai Chi como en el Ch’i
Kung, un sinnúmero de posturas y movimientos que son permanentemente cuidados,
pero siempre como actitudes externas.
Sin embargo, lo que lleva al florecimiento del arte es el sumo cuidado
de la actitud interna.
Primero
piensas lo que haces, luego observas sin juicio alguno y, por último, sientes.
Este es el
orden:
Piensas - Observas – Sientes
Sin
conciencia, no hay modo de que todas tus
partes sean una. Eres una Unidad armónica, eres un todo completo, integrado,
pleno, a partir del pensamiento, de la
observación y del sentimiento verticalizado en el presente.
La actitud
interna es el fundamento, la raíz misma de este Arte-Ciencia o Camino, por lo
que antes de la práctica debe prestársele suma consideración.
La
verticalización del pensamiento significa: pensar
en la redondez y en la armonía; la verticalización de la observación
significa: observar la tranquilidad y la
relajación; la verticalización del
sentimiento significa: sentir la
serenidad y la paz.
Este es el
modo de profundizar la experiencia. Durante la práctica piensa en la redondez y
en la armonía, y llévalas a cabo; una y
otra vez recuerda estos valores, conviértelos en tus virtudes.
La
relajación inalterable y la tranquilidad debes observarlas a lo largo de la
práctica, como también debes sentir la
serenidad y la paz durante ella. Tal vez, comenzando por la misma palabra
«Relajación» (Sun, en chino) y repitiéndola varias veces en tu interior;
también puedes lograrla empleando ciertas visualizaciones o acompañando los
ejercicios con música suave.
Recuerda
la actitud interior...
La actitud
es la semilla, y cuidándola germinará.
Tú eres la
tierra fértil y tu actitud es la semilla; tú
eres una tierra absolutamente fértil, totalmente apta para el amanecer
de la conciencia. Sólo debes estar alerta respecto de tu actitud interna,
puesto que es la semilla. Y la flor es aquello que manifiestas...
El T’ai
Chi es una hermosa flor; su perfume son
la suavidad y la lentitud; los tonos, la redondez. Y el Ch’i Kung es un
frondoso jardín colmado de innumerables colores, representados por cada una de
las sensaciones movilizadas durante la práctica.
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
Experiencia
Tridimensional
Dos,
tres o más componentes desmembrados y
separados entre sí, constituyen una imagen confusa e incierta; sin embargo, cuando se interpenetran y se
vuelven a conectar, surge la imagen tridimensional. Y aunque las partes están
allí mismo insertadas, y aunque está todo allí incluido, no es posible
percibirlo hasta no captar la unidad.
Ya hace
mucho tiempo lo había dicho Lao Tse:
«... de la confusión nace el orden,
del desequilibrio la armonía
de lo más bajo la elevación...»
dependiendo, claro está, de esa capacidad de
integrar las partes.
Decimos:
«Este es mi dedo del pie», «esta es mi mano» o
«este es mi estómago», siempre como algo separado de nosotros mismos. Se
ha vuelto muy común, algo de todos los días, el considerarnos un conjunto de
partes, y nos cuesta sentir la unidad que somos. Rara vez sentimos ser el pie,
la mano o el estómago.
Decimos:
«Esta es mi cara», pero más que ser mi cara soy la cara. Pensamos: «este es mi
cuerpo» y descuidamos ser el cuerpo. Incluso hay quienes hablan de «mi ser» o
de «mi alma» ¿pero quién es ese mi? ¿A
quién pertenecen estas partes? ... ¿a ese ego que no siendo nada nos hace perder
el todo?
Esta es
una educación incorrecta, grabada en nuestra forma de pensar. Es una idea distorsionada que
viene siendo transmitida desde la antigüedad, la cual aconseja una dañina
renuncia al cuerpo y desprecio por la materia. Por eso decimos «es mi cuerpo» y
no «Soy el Cuerpo». Nos referimos a él como algo ajeno a nosotros mismos, como
algo que es parte de nuestra posesión, tan sólo eso, y perdemos así la más
profunda identidad.
La
experiencia de sentirnos el cuerpo es
recuperarnos a nosotros mismos.
Dividirnos
en partes es perdernos la visión tridimensional
de lo que verdaderamente somos. Pero si, desde nuestro sentir,
despertamos la sensación de Unidad, entonces, reconoceremos al Ser Verdadero,
no alejado de lo que somos diariamente.
T’ai Chi
es un arte por el que reaprendemos el juego de ser una Unidad, mientras que la
ciencia del Ch’i Kung nos recuerda la unidad de nuestra energía; claro que en
una experiencia más profunda, comprendemos que cuerpo y energía también
constituyen una Unidad.
Es notable
en los practicantes, conforme se expande la conciencia durante el movimiento,
ver cómo pasan de un T’ai Chi limitado a los brazos, a un T’ai Chi expresado
también con los pies, con la cadera, con la mirada, en sí, con el ser
completo; o cuando en Ch’i Kung, pasan
de un ejercicio meramente físico a la sensación del movimiento total de la
energía.
A mayor
entrega, es posible que todo el cuerpo realice T’ai Chi. Es más, la mente llega
a hacer T’ai Chi, la energía hace T’ai Chi, y todo esto resulta ser un
sentimiento que, en definitiva, también hace T’ai Chi. En este punto, el T’ai
Chi se convierte en Ch’i Kung. El movimiento se transforma en una expresión
consciente de la energía, y la energía se plasma por entero a través del
movimiento.
En
principio, la atención se fija en las manos, por lo que el movimiento
prácticamente se restringe a ellas, y los pies se mueven torpes, golpeando el
suelo, y el cuerpo pierde su equilibrio. Esto es debido un poco a esa división
que hacemos al pensar en las manos por un lado y los pies por otro. Pero con la
práctica, las piernas llegan a moverse
por el aire con tal gracia como
el encanto de los brazos que se mueven como nubes, y todo al mismo tiempo,
sincronizado mediante la guía de la cadera que rota sin parar.
Este es un
acontecimiento que sucede cuando, mediante la práctica, comienzas a percibir el
sentido de Unidad, partiendo de la identificación íntegra con la sensación del
movimiento.
No son tus
pies ni tus manos ni tu cadera los que se mueven, sino que eres los pies, eres las manos, eres
la cadera en movimiento, y ese "ser" hace a
Esta
Unidad es amalgamada por la conciencia, por un sentimiento profundo, por una
sensibilidad despierta, que traen a tu corazón la sensación de ser total.
Es aquí
cuando tu danza se vuelve Cósmica, porque estás representando a
A dicha
experiencia nosotros la llamamos una
visión tridimensional, porque
mediante el movimiento, puedes verte a ti mismo como una Unidad, desde un
enfoque más profundo y más amplio:
A partir
de aquí, la «quietud en el movimiento» es el siguiente factor a
incorporar. Movimiento y quietud:
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
Siendo
el Movimiento
Antes
de profundizar en las reglas de oro del T’ai Chi-Ch’i Kung, vamos a comentar
una de las mayores virtudes que se despierta en este camino. Es muy importante
comprenderla, porque con el desenvolvimiento de esta virtud todas las demás
reglas pasan a un segundo plano.
La virtud
que estamos señalando es justamente el sentimiento y también la sensación de: «la unidad y la fusión con el movimiento».
Todo arte
no es Arte si no se realizan la unidad y fusión del sentimiento y la sensación
con la obra. Y la obra del T’ai Chi-Ch’i Kung es el movimiento del cuerpo y de
la energía.
Y cuando
el artista, sin importar qué arte domine, vivencia esta fusión con lo que hace,
la expresión misma alcanza su pináculo. En este punto no tiene importancia
alguna si la obra es bella o no, porque más interesante que su aspecto es su
autenticidad, la pureza de nacer de una inspiración y de una fuerza profunda. Y
el despertar de este sentimiento de fusión con la obra, no sigue modelo alguno
ni se limita a ningún patrón... y si tiene parecidos, es tan sólo coincidencia.
Aunque haya raíces y semillas de otras artes, aunque sea fruto de otras
inspiraciones, el arte así vivenciado es para el artista, como si fuera
totalmente nuevo. Es lo que siento cada
vez que practico T’ai Chi-Ch’i Kung.
Cuando
practico T’ai Chi-Ch’i Kung, siento que nace desde mi interior. En ese momento,
no recuerdo en absoluto que tal arte me fue enseñado. Sólo en ese momento, es
como si todo el proceso de aprendizaje no hubiera existido jamás, de modo que
el T’ai Chi-Ch’i Kung, liberado, fluye desde mí y disfruto de él como si fuera
por primera vez.
Ser uno
con el movimiento es una experiencia singular e intransmisible. Y cuando eres uno con el movimiento, desaparece todo
el pasado y únicamente queda el presente. Sólo este momento... sólo esta
sensación.
El
sentimiento de ser la totalidad... la totalidad de lo que haces, es en sí misma
una experiencia espiritual, porque te conecta con esa unidad tal vez
descuidada, con esa dimensión de ti que no está distanciada del universo.
La fusión, la unidad, es lo más elevado de
todo arte. Más allá de la forma, más allá del estilo, más allá del contexto que
sea, aun más allá de las pautas y premisas comprendidas, lograr esa fusión es
lo esencial. Muchos opinan que el T’ai Chi-Ch’i Kung es terapéutico, otros que
es marcial, algunos que es meditativo, y
se aferran a esas concepciones particulares, sin dar espacio a todas esas
posibilidades juntas al mismo tiempo. Pero aunque el T’ai Chi-Ch’i Kung sea
todas esas alternativas, hay que recordar fundamentalmente que es un arte, y un
arte vivo... esto significa que puede
seguir creciendo, que puede seguir desarrollándose y abriéndose a nuevos
horizontes. Porque considero al T’ai Chi-Ch’i Kung como un arte y una ciencia
que están latiendo, por eso, digo que practicarlo es una experiencia viva del
ser, que no se condiciona a un modelo establecido: sigue un patrón, pero no se
condiciona a él definitivamente.
Es un
círculo que se completa:
Comienzas a desenvolver tu propio T’ai
Chi-Ch’i Kung, justo cuando el T’ai Chi-Ch’i Kung comienza a desenvolverte a
ti.
Esta
es una relación recíproca que se establece entre el arte y el artista,
por eso es un condicionamiento que se deshace a sí mismo.
Si el
practicante de T’ai Chi-Ch’i Kung vivencia la unidad o la fusión con el
movimiento (no depende de si se trata de un principiante o de un avanzado,
puesto que dicha sensación puede suceder tanto en medio de un método complejo
como durante una técnica básica de rutina), entonces, dicho practicante ha
realizado el estadio más elevado y profundo de esta antigua Vía.
Si puedes
ser uno con el movimiento, significa que las semillas del T’ai Chi-Ch’i Kung ya
han germinado.
Y existe
una razón fundamental por la que quería comentarte esta Virtud de Oro, antes de
pasar a exponer el resto de los principios tradicionales que hacen a este
camino. Dicha razón es: saber que nada, absolutamente nada te impide vivenciar
lo más sublime del T’ai Chi-Ch’i Kung, desde el primer día de práctica. No es
necesario esperar años de minucioso estudio para llegar a este punto. Y esto es
muy interesante tenerlo en cuenta.
La
propuesta de esta virtud es muy sencilla: siente al movimiento como si fuese tu
Ser, no como algo que él está haciendo... él está siendo Eso. Eres el
movimiento.
Despierta
dicha unidad de sentimiento, para así asomarte al maravilloso universo del T’ai
Chi-Ch’i Kung. Y recuerda que esta virtud no se logra gradualmente, no depende
de ningún proceso; cuando te decides a
darte cuenta, allí, repentinamente sucede.
Por lo
general, solemos hacer una distinción,
peor aún, una división entre lo que somos y lo que hacemos, como si
verdaderamente fuesen dos cosas diferentes. Y no nos percatamos de la unidad
intrínseca que conforman. Aquello que hacemos —se quiera o no—, es por lo que
somos, y viceversa, somos de acuerdo con lo que hacemos. La manera en que nos
salen las cosas demuestra los límites y las posibilidades que hemos creído de
nosotros mismos; por eso, no cabe considerar ningún tipo de diferencias y menos
división.
Acto y
actor son una unidad indivisible. Aun cuando se trate de la no acción, pertenece al ser y no se encuentra fuera de
él.
Solemos
pensar: yo respiro y por ello la
experiencia de «Ser la respiración»
se diluye. En el yo respiro hay una
falsa división, una ilusoria distinción, porque verdaderamente no la estás
haciendo, sino que tú estás siendo ella.
No es algo separado de lo que eres, puesto que cuando dejes de respirar
será porque también habrás dejado de ser
en esta vida. No son dos, es una unidad, y esta es una realidad
existencial.
Sólo hace
falta sentirlo... darte cuenta y sentirlo.
También
decimos, muy comúnmente: Yo efectúo esta acción, y entonces la vivencia natural
de «Ser la acción» se desvanece.
Pero los
grandes artistas han vivenciado muy profundamente «Ser lo que hacen» mientras
que los que continuamos dividiendo... ¡claro! no los podemos comprender.
Y esta
tendencia a dividir es trasladada inexorablemente a todos los aspectos; crees: yo
pienso, y por eso nunca llegas a ser «el pensador»; dices: yo amo,
y por eso jamás experimentas ser
«el amor», y afirmas: yo vivo, por lo que la experiencia de ser «la
vida» no encuentra su momento. Y aunque
parezcan ser lo mismo, dichos entendimientos sobre nosotros mismos y el
universo al que pertenecemos se distancian por un abismo.
La
práctica del T’ai Chi-Ch’i Kung puede ser una oportunidad para comenzar a «Ser el movimiento».
Por eso no
estoy interesado en que hagas un movimiento determinado, sino en que «seas el movimiento». No pretendo la
brillantez del movimiento, sino la simpleza de ser el movimiento, y esto no se
busca porque —si bien no te has dado cuenta aún— siempre ha sido así. Aunque lo neguemos, no podemos separarnos de
la interdependencia e interconexión con el todo... y esta interrelación no
puede ser buscada, ya que jamás ha dejado de «Ser».
No es
imprescindible avanzar a niveles superiores; si lo quieres hacer, será nada más
que un juego. Pero no hay necesidad de perfeccionarte para decir recién en ese
momento: «He logrado el dominio sobre el T’ai Chi Chuan o sobre el Ch’i Kung».
No tienes que llegar a ningún lado. Estás siendo el espíritu mismo del T’ai
Chi-Ch’i Kung desde la primera práctica, aunque aún es necesario vivenciarlo.
Ahora
relájate, abandónate al movimiento, y no
importa si lo que está sucediendo es bello o no. No juzgues. ¡Haz como los
artistas! Fúndete en el movimiento, y él será hermoso más allá de las formas.
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
Movimiento
continuo,
Movimiento
Redondo
Ver
a un niño crecer, ver a una planta crecer, sentirnos desarrollar, percibir
sensiblemente el cambio de las estaciones, vivenciar con intensidad el
transcurrir de la vida, profundizar la inevitable transformación que a cada uno
le impele la conciencia, ser espectadores del recorrido de las estrellas en el
firmamento y, aunque más no sea, considerar que
Movimiento continuo, movimiento redondo,
es una de las Virtudes de Oro de las ciencias-artes que colorean el camino de
la realización personal, sabiendo que
ellas han sido adaptaciones de la propia Naturaleza. Las ciencias-artes como el
T’ai Chi Chuan o el Ch’i Kung, han sido tomadas de
Cada vez
que te compenetras con el T’ai Chi y te
entregas al movimiento continuo, o cada vez que ahondas el profundo sincronismo
y orden del Ch’i Kung, la misma armonía de
Los
sentimientos se armonizan conforme te vuelvas más receptivo a la sensación del
movimiento continuo, y si además el movimiento se hace redondo y curvo, no sólo
beneficia el despliegue energético, sino que también influye sobre el
equilibrio de nuestra psicología. Desde la antigüedad se viene transmitiendo el
valor que tienen los círculos hechos en movimiento, debido al gran estímulo que
ejercen sobre la mente; es mucho lo que
se ha dicho sobre la activación de los hemisferios cerebrales a partir de la
coordinación, sincronización, redondez y continuidad del movimiento.
Pero
destaquemos el punto esencial de esta Virtud de Oro, que no sólo corresponde al
cuerpo, a los sentimientos o a la psicología, sino que bien puede definirse como
espiritual, puesto que este movimiento constante y circular sigue sucediendo
más allá de lo que hagas. Aun si duermes, aun si te olvidas de él o lo
descuidas, sigue sucediendo, pero serás mucho más consciente de ello si le
dedicas tu atención a través de las prácticas.
Comprender
este principio del movimiento continuo, movimiento redondo, es tomar conciencia de un acontecimiento
natural que sucede en todo el Universo y en nuestro propio interior.
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
El
Estado de
Inexorablemente,
el despertar no es una vivencia frecuente. Parece ser que el permanecer dormido
es la experiencia más común entre los hombres. Quizás sea porque al dormir, se
experimenta una cierta comodidad, ya que se pierde la conciencia de la realidad
que nos rodea y de la verdad interna que nos reclama.
Pero el
despertar de la conciencia es un suceso incomparable, por el cual te mantienes
conectado con la naturaleza más íntima de todas las cosas, y por el que te
vuelves más sensible y más receptivo a
las influencias del Cosmos que se expresan en cada uno de los momentos de tu
existir.
Se ha
tejido un elaborado modo de vivir, con necesidades características, con
obligaciones temporales, exigencias totalmente alejadas de lo natural; te
pierdes en ello como si fuera el todo eterno, y descuidas ese sentimiento de
que eres parte de un Universo inmensamente grande, en verdad, infinito.
Dejas que
te atrape una rutina determinada, permites que te absorba una relativa escala
de valores externos y alejados de lo que tu conciencia reclama, y haces poco
por sobreponerte a esa tendencia de volverte mecánico y superficial. Olvidas
que estás viajando a lo largo del vasto Universo sobre un planeta que gira sin
parar, y que las estrellas y las galaxias te acompañan en este viaje de formas
cambiantes; te olvidas de que la vida te atraviesa y se esparce por doquier, y
que no es su objetivo sólo el mundo social al cual pertenecemos. La existencia se expresa de múltiples
maneras, pero sólo vemos una: aquella con la que crecimos y a la que nos
limitamos.
El
despertar no es algo frecuente, pero sucede;
tal vez requiere de tiempo y a su vez, de profundidad, también de
constante búsqueda, de una apertura que se ensancha más y más, sin
límites. Entonces llega; el despertar
sucede... Y cuando ocurre el despertar de la conciencia, te vuelves presente,
pero no atado (como lo estabas) al pasado y al futuro; te vuelves consciente de
tus actos, sin ser atrapado por las circunstancias; te vuelves receptivo de la inmensidad que te
rodea, de la vida que late en cada centímetro de la existencia, y ya no te
limitas a creer que sólo lo que ocurre en tu oficina, en tu vecindario o en tu
casa es la existencia entera. No todo
empieza y termina allí. Claro que cuando
la conciencia despierta, aun estando sentado en tu living o acostado en tu
cuarto, el Universo entero estará presente, porque es una dimensión que
comienza a amanecer en tu interior y se expande desde allí hacia afuera.
Sentarte
en silencio, sin el parloteo de la mente, absolutamente contactado contigo
mismo, sensible a esa dimensión interna que no reconoce principio ni fin, hace
que puedas vislumbrar el maravilloso acontecimiento de sentirte integrado, y
así, saborear esa verdadera Naturaleza y esa esencia que se escurre en cada día
de la vida cotidiana.
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
La
Ética de un Verdadero Practicante
Por
practicante entendemos, también, un
caminante... Un caminante del sendero de la vida transitado a
conciencia, y esto mismo constituye su
ética.
Ser un
practicante de T’ai Chi Chuan, Ch’i Kung o Meditación, significa mucho más que
un simple entrenamiento del cuerpo o una gimnasia externa (física) o interna
(mental); sobre todo, al considerar estas artes-ciencias como una disciplina de
vida. Entonces, no sólo se tiene en cuenta el aspecto corporal y energético,
sino también el fortalecimiento espiritual.
Y este
fortalecimiento deviene del acercamiento progresivo a ese mundo interior, ese
espacio ilimitado donde puede ser captado nuestro propio centro, esa fuente
inagotable de creatividad y conciencia.
Pero este
acercamiento depende inevitablemente, según una experiencia ancestral, del
desenvolvimiento y develamiento de nuestra verdadera Naturaleza.
Estamos
muy acostumbrados a ciertos condicionamientos con los cuales hemos crecido,
maneras aprendidas, rasgos absorbidos, que no son más que agregados o capas que
cubren nuestra verdadera esencia, esa que es innata en todo ser. De este modo,
acercarse a la verdadera Naturaleza es el motivo principal de ser un
practicante y un caminante.
La
realización práctica de la autodisciplina y la profunda vivencia de los valores
esenciales de cualquiera de las ciencias-artes, nos ayuda a abrir las puertas y
ventanas de la verdadera Naturaleza para que se manifieste y se exprese a
través de su vehículo: «la acción consciente». Pero también es necesario
estimularla mediante una constante reflexión sincera y abarcadora.
Aquí entra en juego la ética que, poco a poco, cada practicante debe
asimilar naturalmente, sin imponer. Esta
ética debe ser producto de una profunda convicción nacida a partir de la propia
experiencia.
Volvernos
conscientes de la vida que está pasando por nosotros, y estar conscientes de la
vida que envuelve todo lo que nos rodea, es la ética a la cual me estoy
refiriendo. Y no existe un sentimiento más profundo que este, sí más fuerte,
como el amor, pero no más profundo. Porque cuando te vuelves consciente de la
vida, también te vuelves consciente de la muerte, ya que ambos sentimientos no
están separados; si surge uno, el otro también aparece, y no hay sentimiento
que sea más profundo.
La ética
de todo caminante es estar consciente de la vida que fluye ininterrumpidamente.
Porque si no es posible permanecer sensible, tampoco es posible hablar de ética
alguna.
La
reflexión puede ser un modo de ayudar a la sensibilidad, sin embargo, pensar
que la vida está en todo es una cosa, sentirlo es otra muy diferente; la ética no permanece si es elaborada por el
razonamiento, pero se vuelve permanente cuando es el sentimiento quien provoca
ese hondo contacto con la vida que a todos nos penetra.
Permitir
que el latido del propio corazón se sintonice con el latido de la vida, y que el
sentimiento amoroso se expanda hacia las ocho direcciones, hace que nuestro
centro de conciencia se dilate, nutriéndose de la infinita Existencia.
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
El
Cuerpo Va Adelante
y
Cuando
nos referimos a esta Virtud de Oro, estamos señalando una de las experiencias
más trascendentales del camino, esa que justamente completa nuestra
transformación artística y eleva nuestras sensaciones energéticas a la
dimensión de lo innombrable. Cuando la mente sigue al cuerpo —porque deja de
ser quien controla, dirige y estructura la situación— entonces, la expresión
más fina de
Claro que
en una primera etapa, como lo señala la misma virtud, la mente se antepone a la acción del cuerpo,
pues es el modo más práctico de incorporar la técnica. Aunque la mente origine
algunas tensiones, impaciencia y bloqueos en ciertos momentos del aprendizaje,
será necesario despertar el pensamiento creativo.
En un
tratado atribuido a Chang San Feng —según dice el maestro Tcheng Tsiun—, se hace referencia al punto más esencial, que
reside en emplear el pensamiento creativo y no la fuerza muscular. Porque
conforme avance la práctica y se produzca la total entrega, la mente consigue
serenarse y armonizarse con los movimientos del cuerpo; así, la fuerza se multiplica.
Tanto el
T’ai Chi como el Ch’i Kung son prácticas conducentes a la relajación y
serenidad, pero a su vez, a una profunda introspección; de todos modos, en los
inicios de la práctica, pueden llegarse a experimentar ciertas tensiones
propias del aprendizaje. Con el transcurso del tiempo, en la medida en que los
ejercicios son incorporados, entonces es posible alcanzar una tranquilidad y
armonía muy superiores.
Por
ejemplo, en el Ch’i Kung, es necesaria la mente objetiva para visualizar los
meridianos y ajustar la posición del cuerpo al punto de ejercer una notable
influencia tan precisa como la acupuntura, que estimula cada centro psíquico de
energía. En T’ai Chi, también es necesaria la mente, pero sólo en un principio,
a fin de lograr las posturas más convenientes para la fluidez ininterrumpida
del movimiento circular y dar paso a la mente subjetiva. En los niveles
superiores, una vez comprendidos todos los principios involucrados y las
Virtudes de Oro, cuando se ha aprendido cada uno de los pasos para la
realización sincronizada del movimiento y la mente ha concluido su estudio
racional, entonces será el momento de seguir al cuerpo.
Es con la
vivencia de este suceso, que se puede decir que el nivel superior de la
disciplina ha sido realizado.
La
secuencia natural, según la enseñanza tradicional para el desenvolvimiento y
desarrollo interior, es la siguiente:
En la
primera etapa:
«
Allí donde se pose la mente, allí, llegará
la energía.
En este
nivel es donde se pone de manifiesto la importancia de un adecuado ajuste de los
pensamientos, a fin de estimular la energía y encauzarla a la expresión
creativa.
Pero en la
segunda etapa:
«
Allí donde vaya la energía, allí también
llegará la mente.
En este
nivel, se ha logrado superar el techo o el límite que la mente ejercía en un
principio, y se ha conseguido desdoblar la energía. Por lo tanto, en este
punto, lo esencial radicará en permitirle al cuerpo y a las sensaciones seguir
su propio rumbo...; de hecho, esta es la forma más natural y más auténtica para
expandir la energía.
En otras
palabras, podemos definir dos dimensiones de la frase: el cuerpo va adelante y la mente viene atrás. Una de ellas indica
que detrás de cada movimiento, por más suave, por más relajado, por más
delicado que sea, está la mente concentrando la fuerza, o sea, blando por fuera
y duro por dentro. Pero la otra dimensión señala que la mente ha de ser
superada por la espontaneidad y creatividad del movimiento.
Ser
partícipe de que «el cuerpo va adelante
y la mente viene atrás», significa que
los pensamientos limitados han cedido a
la fuerte atracción envolvente generada por la sensación del movimiento
circular que se realiza con total conciencia.
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
El
Sentido más Profundo del Arte
Decimos
que el T’ai Chi Chuan, lo mismo que el Ch’i Kung,
Son un
arte, porque de manera singular forman parte de la creatividad —la expresión
más sublime de nuestro mundo interior— a
través de las sensaciones de la energía, la plenitud del sentimiento ante la
realización del movimiento continuo, el reequilibrio psicológico, el apaciguamiento
mental y la centralización del espíritu, por medio de lo que llamamos estimulación
del hemisferio derecho. Pero también son una ciencia, porque resumen las leyes
de
Y si bien
el objetivo de todo arte es la belleza, y el de toda ciencia es la comprensión
aplicada de los principios, aun así,
guardan un sentido mucho más profundo: la armonía.
Detrás de
la belleza y detrás de la comprensión aplicada se encuentra el sentido de
armonía, siendo este la raíz y el fruto al mismo tiempo.
Por lo
tanto, cuando indaguemos en el porqué de cada una de estas disciplinas, cuando
queramos conocer su objetivo o profundizar el sentido más íntimo, sepamos desde
ya que la respuesta ronda la idea de la armonía.
Armonía
significa estar en sintonía con lo que se hace, no significa ni hacer algo
determinado o dejar de hacer algo en particular, sino estar bien con lo que
hacemos.
Armonía es
sentirnos uno —no divididos— y poder saborear lo magnífico de la vida, incluso
sus propias vicisitudes.
Armonía es
mantener nuestro espacio interno, por pequeño que sea, y poder darnos un tiempo
diario para estar en él.
La armonía
refleja la belleza, un estado más allá de lo lindo y lo feo, por eso hablamos
de arte.
La armonía
también refleja comprensión aplicada, o sea, un estado que sobrepasa el
discurso teórico y la especulación filosófica, por eso hablamos de ciencia.
La armonía
es la dimensión en la cual nos encontramos, el punto en el cual nos
centralizamos al entregarnos a la práctica, ya sea en el T’ai Chi, en el Ch’i
Kung o en
Este es
nuestro verdadero centro, mediante el cual
la conciencia se revela a sí misma.
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
El
Camino de
Cierta
vez, me pregunté acerca del aspecto medular de estas prácticas, es decir, me
pregunté el porqué, el para qué y
hacia dónde nos dirigimos con cada uno de los métodos. Entonces, busqué en las propias bases la
respuesta. Y creo haberme encontrado con el supuesto centro del cual partir y
al cual retornar y proyectarme hacia
todas las direcciones. Claro que este centro no difiere en absoluto del
descubrimiento que muchos hicieron antes,
sólo que cuando se tiene la vivencia es como si se comprendiera por
primera vez. Por eso, es justo decir que no lo encontré, sino que me encontré
con y en dicho centro.
Es
innegable que el T’ai Chi es un arte y que el Ch’i Kung es una ciencia, y por
lo tanto, el fundamento común a ambos es la armonía. Sin embargo, armonía no
significa únicamente estética o gusto refinado, o quizás, combinar de acuerdo
con una regla determinada, matices y colores. Por supuesto que la armonía,
también se percibirá como un reflejo que se trasluce en varios aspectos
visibles; no obstante, la armonía a la cual nos estamos refiriendo, es la que
está relacionada con una sensación y un sentimiento, más que con una forma
externa específica.
La
realización de tal armonía es la que señalo como el aspecto medular de estas
prácticas y el centro mismo del camino. Y a esta vivencia, nada puede
comparársele.
El estado
de armonía debería ser el ideal que todo aspirante al desarrollo del potencial
interior debe lograr.
Al menos,
es uno de los valores que propone esta filosofía práctica de vida, para ser
difundido a los jóvenes y entre los practicantes de estas artes-ciencias.
La
realización como seres humanos parece acariciar su cima cuando experimentamos
cierta armonía con lo que hacemos y con nuestro entorno más inmediato, incluida
Por
ejemplo, muchos de nosotros hemos formado una familia, tenemos hijos, algunos
contamos con un trabajo estable, y aunque nos podamos dar ciertos gustos, no es
suficiente, no alcanza para nuestra felicidad si falta la armonía. Por el
contrario, aunque no se den algunas de estas condiciones, si hay un sentimiento
de armonía, entonces, la vivencia de sentirnos completos se vuelve un hecho.
Puedes
dedicarte a una obra de importancia, incluso sentirte atraído por el arte, mas
si no estás armonizado, no estarás completo; si no te hallas en armonía, habrá
un vacío que querrás estar llenando continuamente. Este es el punto; si lo
pierdes de vista, recuerda: la armonía es el centro. También es cierto que la
desarmonía es un factor de crecimiento que nos impulsará a desarrollarnos, siempre
y cuando, detrás de ella, la verdadera necesidad de armonía se encuentre
inalterable.
A veces me
preguntan cuál es el sentido que tienen las distintas prácticas y las formas de
movimiento continuo (es muy notable cómo algunos métodos, por ejemplo el de
espada en T’ai Chi o el de palo en Ch’i
Kung, generan el mayor interrogante). El sentido —digo— sigue siendo el mismo:
profundizar la armonía.
El objeto
de todas estas prácticas, por distintas que sean, es abordar desde diferentes
ángulos ciertas premisas que, al internalizarlas, nos permitirán saborear la
belleza de sentir la armonía. Y esta vivencia resultará, en definitiva, un paso
hacia su aplicación diaria y más permanente. Un estado que, según la tradición
china, es fruto de práctica continua, paciente y dedicada, más que del
conocimiento racional del significado de la armonía.
Concretamente,
la armonización previa a los ejercicios del T’ai Chi o del Ch’i Kung, y el
sentimiento de armonía que mantengamos durante cada práctica, inducirá a una
actitud armoniosa —valga la redundancia— capaz de sostenerse a lo largo de
otras actividades de la vida cotidiana. Por eso es necesario buscarse un tiempo
para uno mismo y entregarse a la práctica silenciosa, dejando de lado toda
preocupación. Hay que encontrar ese espacio —puede ser en la terraza o en el
patio de nuestra casa o en el parque— y hallar ese momento del día que nos
permita fortalecer nuestro espíritu para una mejor predisposición hacia todo lo
que hagamos. Esto es salud. Salud es armonía.
Claro que
no es necesario entrenarse en T’ai Chi o en Ch’i Kung para despertar dicho
sentimiento de armonía. Estas prácticas
se destacan por cierta tendencia a «profundizar» la armonía, aunque el
«despertar» del sentimiento de armonía también puede suceder mediante un
ejercicio muy sencillo, tan sólo: respirar
conscientemente.
Cada vez
que sea necesario, y aunque no haya necesidad, hazte un espacio para,
simplemente, respirar a conciencia, sintiendo cómo el aire entra y sale
suavemente por la nariz, y de inmediato percibirás cómo tu energía comienza a
ser transmutada a una tasa de mayor vibración.
Sentado en
silencio y concentrado en la inmovilidad, respirar a conciencia durante un
corto tiempo es un experimento diario que todos deberían ensayar.
Respira atento, conscientemente, y la
armonía retornará a tu ser...
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
Inmovilidad
- Quietud
y
Sensación Pendular - Circular
Como
Virtud de Oro, existen dos posibilidades para una misma postura. Se trata de la
quietud total o la suave oscilación. Y las dos maneras deben ser incorporadas y
dominadas.
Por
ejemplo, en la postura del jinete o
Ma Pu —en el T’ai Chi— hay que lograr la absoluta inmovilidad del cuerpo, o
sea, músculos y articulaciones sin movimiento; pero, en la postura fundamental del Oso o Shiong Pu, en el Ch’i Kung (que
prácticamente es la misma figura),
permitiremos que el cuerpo se balancee naturalmente. Sin embargo, en ambos casos, se requerirá de
una profunda compenetración, pues sólo esto posibilitará la verdadera dimensión
y sentido de cada práctica.
Tanto la
inmovilidad total como la sensación pendular, son dos prácticas muy
interesantes y necesarias para el desarrollo del arte; deben ser aprendidas por separado y
practicadas de acuerdo con el objetivo apuntado. Ambas constituyen los pilares
de la «acción voluntaria», las que al ser profundizadas, desencadenan,
justamente, la «acción involuntaria». Cuando ocurre la acción involuntaria, o
sea, cuando la quietud no es forzada sino un placer y cuando el movimiento no
es dirigido sino espontáneo, es porque has superado los límites que te imponías
inconscientemente.
En otras
palabras, abordar la total quietud cuando haces una detención o zambullirte en
el total movimiento cuando haces un ritmo, sin idea del tiempo, sin exigencia
alguna y sintiendo una profunda comodidad, significa que la acción consciente
es producida por el practicante y no que el practicante es conducido por la
acción impulsiva.
Este es el
principio de la estabilidad dentro del arte: «En el movimiento me muevo, en la quietud estoy quieto».
Es importante
incorporar ambas posibilidades y ser capaz de experimentarlas en cada momento
de la práctica; al menos, cada postura debería vivenciarse en total quietud o
en total movimiento sin resistencia alguna. De este modo, se impedirá que se
creen hábitos y acostumbramientos y se podrá mantener una conciencia siempre
fresca.
A algunas personas les cuesta dejarse fluir en
la sensación pendular y prefieren la postura inmóvil; hay otras que exageran el movimiento circular
y no pueden permanecer quietas. El modo
de empezar a resolver esta dificultad es practicando, poco a poco, la acción
contraria. Este logro ampliará los márgenes de la propia capacidad y mejorará
la destreza en los métodos más elaborados.
Tanto el
camino de la quietud como el camino del movimiento, cuando no son interrumpidos
sino, por el contrario, cuando pueden ser sostenidos por lo menos durante
veinte minutos, generan un aumento energético, multiplicando varias veces el
nivel normal.
Cuando la
quietud no es interrumpida, la energía se fortalece, porque comienza su descenso
inalterable para concentrarse en el bajo vientre. Este es el camino de la
tierra, y el centro base se sensibiliza. Dicha práctica hace al enraizamiento
del espíritu y a la vigorización de la vitalidad. Por otro lado, cuando el
movimiento no es interrumpido, la energía se eleva y se sutiliza, porque
comienza su ascenso para concentrarse en lo alto de la cabeza. Este es el
camino del cielo, y el centro coronario se sensibiliza. Tal práctica, hace a la
expansión de la conciencia y al despertar de la creatividad.
Cuando
quietud y movimiento se han vuelto uno solo, o sea: en la quietud, movimiento, y en el movimiento, quietud, entonces,
se ha abierto el portal del Palacio Humano, ubicado en el medio del cuerpo,
justo donde se mezclan el palacio terrestre con el celestial. A partir de aquí,
el sentimiento y la conciencia no encuentran límite.
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
El
Temple del Espíritu:
Chuan
Kung
Por
el camino de Chuan Kung, es inevitable que el espíritu se fortalezca. Chuan
Kung (Práctica del Puño) significa superar los propios límites; al menos, aquellos que nos mantienen por
debajo de lo natural. Para el taoísmo,
la calidad del espíritu no sólo se refleja mediante el carácter sino,
principalmente, a través del cuerpo y de lo que él es capaz o incapaz de hacer,
y a través de la mente y de lo que ella es capaz o incapaz de pensar. Pero, justamente,
es la habilidad del cuerpo lo que indica al taoísta práctico, cuánto se ha
desarrollado el espíritu. Y esta destreza del cuerpo (o física) no sólo se limita al camino del estudio
práctico como el del Chuan Kung, sino que también comprende todo lo que hagamos
en la vida cotidiana, como ser, la constancia en el trabajo, la paciencia en
las tareas domésticas, la dedicación en ciertas manualidades, la humildad en
las relaciones, el desapego en los logros, la entereza en las equivocaciones.
Por lo tanto, dominar un arte, una ciencia o los quehaceres de la vida diaria,
es propio de haber asimilado Chuan Kung.
Chuan Kung
también significa trascender las debilidades, pero siempre plasmado a través
del cuerpo y la voluntad, o sea, bien
práctico.
De modo
inexorable, la vida se ha modificado de raíz para muchos de los que vivimos en
la actualidad, puesto que nos hemos alejado de la tierra que antiguamente
arábamos y sembrábamos, de los árboles frutales que cosechábamos, de los
animales que criábamos, de encauzar el río para acercar el agua y de construir
nosotros mismos nuestros propios hogares. Hoy,
Chuan Kung es vivenciado más
intelectual que corporalmente, más racional que espiritualmente, más teórico y
menos práctico. Aunque tengamos alimentos, aunque tengamos con qué abrigarnos y
aunque tengamos hogar, Chuan Kung, el vivir de todos los días, sigue siendo más
una teoría de lo que debería ser, que
una realidad existencial. El contacto
con
Curiosamente,
el término Chuan Kung está formado por la última palabra del nombre que define
al arte conocido como T’ai Chi Chuan, y por la última palabra del nombre que
define el arte conocido como Ch’i Kung, o sea, Chuan y Kung, que literalmente
significa en chino: «Forma del Puño», pero traducido al entendimiento de la
lengua castellana significaría: «Método Duro». Recuerda que existen dos caminos
dentro del mismo Sendero, uno es el camino
blando, el otro, el camino duro. Chuan Kung se refiere al camino duro.
Por
ejemplo, alcanzar el movimiento continuo, constante, ininterrumpido, uniforme,
sin pausa, durante más o menos una hora, o alcanzar la quietud absoluta, la
inmovilidad total durante el mismo tiempo, ya sea sentado en meditación, en la
postura Ma Pu o mediante movimientos que permitan el desplazamiento del cuerpo,
es el principio del sublime arte del Chuan Kung.
El camino
blando propone la práctica de las virtudes a través de la suavidad, la
redondez, la relajación y el no forzar;
el camino duro también integra estos principios, pero además, propone la
resistencia, la constancia, la dedicación, siendo posiblemente una definición
contraria a la no resistencia del camino blando.
Yo
recomiendo Chuan Kung en todo momento;
si es detención, mantenerla; si
es acción, continuarla, y no a medias, sino compenetrándose hasta el fondo de
la actitud. No de manera tibia, sino como un fuego, pero quemando la mecha sin
consumir la cera.
Esta es
una de las mayores revelaciones que nos tiene reservado el camino, pues tanto
el T’ai Chi Chuan como el Ch’i Kung convergen en el mismo punto: Chuan Kung, el temple del espíritu.
Algunos
nacen con un espíritu fuerte, pero hablar de espíritu templado es muy
diferente, porque este último conlleva un profundo equilibrio.
El
espíritu templado es el fruto de paciente observación y práctica dedicada, y
depende de una total entrega hacia las convicciones de una conciencia ampliada,
que se estimula a partir del sentimiento más hondo.
Chuan Kung
es el espíritu del guerrero, que nada tiene que ver con el combate ni con la
lucha con uno mismo, sino con el permanente buscador, con el incansable
caminante y realizador práctico del sí
mismo, en armonía con
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
Arte
Marcial: Técnica y Valentía
Cuando
se habla de Arte Marcial, sobre todo en su aspecto de defensa personal (porque también puede ser considerado desde otra
perspectiva, como la de fortalecer la seguridad y la autoestima), se le da
mucha importancia a la mejor técnica, a la más efectiva, y se discute acerca de
cuál es la más apropiada. Sin embargo, aunque poco se considera la valentía, es
para mí, el punto medular de todo arte marcial.
El miedo o
tan sólo la aprensión son verdaderos obstáculos en el desenvolvimiento del
arte; no obstante, el coraje, es superior. En otras palabras, esto significa
que necesariamente no tiene que existir ningún miedo, sino que la valentía, de
por sí, te permite estar entero y firme aun ante el peligro, y las dudas y los
temores no tienen suficiente peso en ese momento, si hay coraje.
Se puede
conocer la mejor técnica, pero si se carece de valentía, por más que se sepan
todas las técnicas no servirá de mucho. Por el contrario, si eres
valiente, aunque sepas una sola técnica,
ello será mucho más valioso y efectivo a la hora de los hechos.
La
valentía es muy superior a la técnica. Claro que si hablamos de un temperamento
temerario, ya sea con técnica o no, será autodestructivo.
Por eso se
requiere de un buen maestro, que no sólo enseñe las técnicas con precisión sino
que también sepa fortalecer el coraje de todo practicante. Existen prácticas
(por lo general acompañadas de pruebas) que justamente ayudan a cada estudiante
a exponer su valentía y, al mismo tiempo, a desarrollarla. Cuando esta no se
expresa visiblemente, entonces con un poco más de entrenamiento y dedicación en
estos métodos, la valentía pronto comenzará a afianzarse como una montaña que
es empujada por la misma fuerza de la tierra. Porque, del mismo modo, la
valentía es una fuerza natural que debe ser guiada con sabiduría. De aquí la
importancia de las técnicas. Las técnicas existen para ordenar e impulsar esa
seguridad y por ende ese coraje, pero nunca pueden reemplazar a la valentía.
Tanto el
T’ai Chi Chuan como el Ch’i Kung comprenden varios aspectos, como ser, el
aspecto terapéutico, artístico, meditativo y también marcial, y todos ellos son
sumamente abarcadores, basados en una profunda filosofía de vida. Sin duda
alguna, podría decirse que son completos en sí mismos; no obstante, precisan complementarse unos con
otros para alcanzar la compenetración equilibrada de la energía.
Del
aspecto marcial se desprenden distintas prácticas destinadas a templar el
espíritu del estudiante, algunas de ellas: cinturón de hierro, el método duro
de Ch’i Kung, Tuei Shou, San Shou, Ta Lü, etc. Y el principio común a todas es
la «no resistencia». Pero esta no resistencia es algo que sólo puede ser
bien comprendido luego de muchos años de
práctica. Y recuerda, no resistencia no significa debilidad sino fuerza aumentada,
porque a la fuerza del adversario se le suma la nuestra, pero sin oponérsele,
sino, direccionándola. Por eso, el poder de la fuerza se multiplica. Además, si
se logra entender «
Si puedes
fusionar Fuerza y Relajación y aplicarlas al mismo tiempo, habrás
desentrañado uno de los misterios más profundos de este arte. Yang Lü Chang,
miembro de la familia Yang que se dedicó a la exposición del T’ai Chi, solía
mencionarlo diciendo reiteradas veces: Una
fuerza de
Pero
cuando haces fuerza pierdes la relajación, y cuando te relajas pierdes la
fuerza; no puedes hacer las dos cosas a
la vez. Dominar este arte requiere de paciencia y mucha dedicación. Cuando
logran unirse, entonces se constituye una fuerza poderosa, producto de la
fuerza física (de los huesos) y de la fuerza de la conciencia. No lo olvides: Fuerza Relajada.
Otros
métodos del Ch’i Kung, mediante los cuales se desarrolla semejante fuerza, son:
la postura «sentado como roca», las
siete técnicas para el desarrollo de la fuerza interior o las ocho figuras de
«brocado» (Pa I Ching Kung); todos los
cuales aumentan la resistencia física y fortalecen el espíritu.
Desde el
punto de vista de estas técnicas, solemos hablar del guerrero; sin embargo, tal
concepto no debe necesariamente relacionarse ni con el combate externo ni con
la lucha interior, puesto que los dos, aunque positivos en un aspecto, terminan
siendo negativos si no se comprende el verdadero sentido.
De este
modo, hablar del sentimiento del guerrero,
significa la maduración de la templanza, el
valor, la generosidad y la humildad. Ante todo, estas son las
cualidades del auténtico Guerrero.
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
El
Arte Marcial Interno
Cuando
se intenta comentar el aspecto terapéutico o artístico del T’ai Chi Chuan o del
Ch’i Kung, se cuenta con una serie de
premisas que hacen posible una argumentación clara y ordenada; incluso para
hablar de la energía y su desenvolvimiento se puede recurrir a extensos tratados,
pero cuando el tema es el aspecto marcial, entonces los conceptos se vuelven
tan escurridizos como el practicante intenta serlo en el arte del tuei shou en el T’ai Chi o en manos pegajosas del Ch’i Kung (formas
practicadas en pareja, para aplicarlas en la defensa personal). Y aunque el
aspecto marcial se basa en los mismos principios terapéuticos, artísticos y
energéticos de la disciplina, su definición es muy resbaladiza.
El primer
fundamento de este arte marcial, y el más paradójico de todos, justamente es el
que indica que el tuei shou y manos pegajosas no son un medio de
combate ni de pelea sino que, antes bien, se refieren a un Arte Marcial que no
es marcial. Y aunque pueda resultar
insólito, deja de serlo cuando se comprende el significado más profundo de este
arte.
El aspecto
marcial del T’ai Chi es un arte para disolver todo ataque, para deshacer todo
enfrentamiento y posibilidad de pelea o para direccionar toda fuerza desatada y
que recaiga sobre sí misma.
El artista
que haya desarrollado las premisas de esta ciencia y las haya incorporado al
punto de volverse naturales, no podrá ser atacado aunque lo intenten ni
participará de ninguna pelea aunque otro quiera envolverlo, porque toda
agresión perecerá en el intento, o porque cada golpe pasará de largo, cada
avance del oponente caerá en el vacío y cada fuerza proyectada se volverá en su
contra.
Por eso se
dice que un practicante bien entrenado en el arte del tuei shou o manos pegajosas
nunca llega al combate, porque sabe disolverlo mucho antes de que este
comience. Y si llega a producirse, al mantener el mismo espíritu en realidad
nunca es afectado. Hay varios capítulos del Tao Te King que hacen alusión al
respecto.
Cierta
vez, Wang Tang Pei, de la provincia Chia, Maestro muy conocido de T’ai Chi y de
Ch’i Kung, fue tentado por tres jóvenes luchadores a demostrar los secretos de
su arte.
Los tres
luchadores eran entrenadores universitarios que tenían a cargo la disciplina
marcial de la escuela. Los tres estaban especializados en diferentes estilos
duros, de lucha y combate. Y a causa de los rumores que circulaban sobre las
proezas del viejo Maestro Wang, lo desafiaban en una y otra ocasión, porque
pretendían demostrar la superioridad de sus conocimientos deportivos. Pero el maestro evitaba la contienda cada vez
que se intentaban los preparativos. El viejo Maestro Wang Tang Pei,
despreocupadamente, seguía enseñando en el parque, todas las mañanas, su estilo
marcial conocido como interno o suave.
Cierta
mañana, llegaron los tres luchadores e interrumpieron la clase. Uno de ellos se
acercó al Maestro y le proyectó una serie de golpes; todos dieron en el aire,
porque el Maestro, de repente, se encontraba detrás de la espalda de su
oponente. Para mayor sorpresa de todos,
este luchador se había golpeado a sí mismo. No se sabe cómo, pero su rostro
estaba marcado.
Entonces,
se adelantó otro de los luchadores y haciendo unos giros, arrojó una secuencia
de patadas, mas ninguna de ellas golpeó al Maestro, que movía su cadera de un
lado al otro sin parar. El luchador cayó al suelo lesionándose la rodilla, y
todos estaban verdaderamente sorprendidos porque Wang ni siquiera lo había
tocado.
En ese
momento intervino el tercer luchador diciendo:
—¡Si vas a
moverte de esta manera para desaparecer del centro de la acción, no habrá forma
de que hoy nos demuestres los secretos de tu arte!
A lo que
el Maestro contestó:
—Este es
el secreto.
Otra
leyenda tradicional cuenta que un maestro de T’ai Chi, muy conocido, dominaba a tal punto el arte de
la no resistencia, que una pequeña ave posada en la palma de su mano no podía
remontar vuelo, al perder la firmeza de la base. Cada vez que el pajarito
intentaba alzarse, la mano del maestro se aflojaba y aquel se desplomaba.
Una mujer,
gran practicante de Ch’i Kung y T’ai Chi, discípula de Chang San Feng y de Ta
Mo, fue asaltada por un ladrón de caminos.
Como no quiso entregar su bolso, el ladrón le proyectó un violento golpe
que nunca llegó, pues la mujer se adelantó; con un leve movimiento de cintura,
interceptó el puño del ladrón y, con igual velocidad y fuerza, lo impulsó hacia
la misma dirección en la que se dirigía. El asaltante salió despedido a unos cinco
metros. Seguidamente, la mujer reunió
todo su Ch’i en la garganta, y cuando el asaltante se incorporaba del suelo, le
descargó tan poderoso grito que este volvió a caer, pero esta vez desmayado.
Los
métodos para la defensa personal, del T’ai Chi y del Ch’i Kung tienen
características muy particulares. Estos estilos son considerados una
especialidad dentro de las artes blandas o internas. La singularidad principal
es que los participantes se encuentran literalmente «pegados» en todo momento.
Tal particularidad del tuei shou o manos pegajosas es, justamente, la que
los destaca como un arte especial.
La relación
armónica de los participantes depende de la realización de un centro en común
que los incluya a ambos. Este centro se crea a partir del propio eje de cada
uno y de los círculos proyectados desde allí. A esta primera etapa se la conoce
como «Contacto Perceptivo».
La etapa
del contacto perceptivo es esencial para dominar la creatividad entre dos. Y la
creatividad entre dos significa alcanzar una forma de movimientos continuos e
ininterrumpidos, mediante los cuales se pueda lograr un estado meditativo. Este
nivel del arte es muy sabroso para el espíritu.
Conforme
se vaya obteniendo cierta destreza y armonía, entonces se accederá a una
segunda etapa, en donde la premisa será recuperar constantemente el propio
centro y hacer que el centro del otro participante se desplace, o sea, que
pierda el equilibrio. Claro que perder el equilibrio termina siendo
beneficioso, porque ayuda a mejorar este arte hasta un nivel donde el
equilibrio se vuelve inalterable. El modo de ir lográndolo paulatinamente es
atendiendo los principios que hacen a una base firme, compenetrándose con la
idea de suspensión, peso proporcional, cadera suelta, libertad de los brazos y,
sobre todo, desplazamiento.
En
síntesis, tenemos que en la primera etapa se busca crear un centro entre dos,
mientras que en la segunda etapa, se busca mantener un centro independiente y
que sea el otro participante el que lo pierda.
También
hay dos niveles de práctica: en el primer nivel la práctica se efectúa en el
mismo lugar; en el segundo nivel, con desplazamientos. Por otro lado, se
practica con una y con dos manos. Y hasta aquí, intervienen tres partes del
cuerpo (manos, codos y hombros) y seis
movimientos combinados (Pan, Li, Tsi, An, Jinkao, Taochou). En un tercer nivel
de práctica se utilizan todas las partes, incluidos las piernas y los pies.
El arte
del contacto perceptivo lleva mucho tiempo de práctica, porque incorporar estos
principios es contrario a la agresividad que lamentablemente se genera en
algunas artes marciales. La sola competencia es una agresión, por eso es
necesario practicar mucho hasta que esos fantasmas desaparecen. En manos pegajosas se reconoce con
sinceridad, en lo más profundo del corazón, que nuestro oponente es un perfecto
compañero en el camino del arte y de la vida, y esta es la motivación principal
para la solidaridad.
Recuerden
que la no resistencia, el evitar el choque frontal, el dejarse llevar sin
perder el centro, el poder complementar lo lleno con vacío y lo vacío con
lleno, y el lograr persuadir hacia la dirección contraria (mostrar la izquierda
pero avanzar por la derecha, aparentar por arriba pero entrar por abajo, crear
un retroceso pero avanzar), son las bases de este arte marcial. A su vez,
aunque parezca contradictorio, hay que sincronizar con la dureza del oponente a
fin de poder dirigir su ímpetu, como escribió Wu Meng Hsia:
«Cuando uno percibe el punto vital del
oponente a través del contacto, si se lo interpreta vacío, entonces hay que
estar en guardia, y cuando se lo interpreta lleno, entonces hay que avanzar. Si
no se arremete lo lleno, nuestro arte nunca podrá ser superior. Dentro del
vacío y de lo lleno, naturalmente, siempre encontramos lo lleno y el
vacío. Si comprendemos este principio,
nuestro avance nunca fallará su objetivo.»
Es
importante comprender el propósito de cada disciplina que conforma el arte,
para poder aprovechar al máximo el rendimiento de las técnicas; por eso se
necesita saber que los principios del fluir y ceder pueden ser desarrollados
mediante el tuei shou y manos pegajosas, pero que la adquisición
de una fuerza poderosa, que deviene de la exacta concentración y precisa
dirección de la energía, puede ser desarrollada con el Ch’i Kung Marcial.
También es importante saber que, con el progreso terapéutico y con el progreso
artístico, este arte desemboca, indefectiblemente, en el aspecto marcial. Y lo
mismo puede decirse del aspecto meditativo, porque no hay forma de evitar dicho
estado si es que se toma la práctica con verdadero interés.
Para
concluir, resumamos los tres pilares de este Arte Marcial, que bien podría ser
considerado una ciencia. Estos tres pilares se pueden ajustar y plasmar, recién
después de haber logrado un grado notable de «percepción natural».
Ellos son:
1º Interpretar la energía
2º Interceptar la fuerza
3º Proseguir con la acción hasta neutralizarla
Para interpretar la energía se requiere de suma
sensibilidad, la que va despertándose con la práctica lenta y suave.
Para
interceptar la fuerza se requiere de mucho reflejo y de acción espontánea, las
cuales se desarrollan con la práctica rápida y dura.
Para
proseguir con la acción hasta neutralizarla, se necesita una gran apertura y
amplitud mental y energética, que no se aprende con ninguna práctica sino que
sólo se estimula con conciencia.
Por lo
tanto, la sensibilidad, la espontaneidad y una conciencia amplia son los valores extraordinarios de esta ciencia,
y plasmarlos en las técnicas del tuei
shou o manos pegajosas,
significará que el arte antimarcial, seguramente progresará hasta la maestría.
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
Espontaneidad
- Naturalidad:
Tzu
- Jan
Dentro
del Arte del T’ai Chi Chuan o de
El T’ai
Chi se inicia como una disciplina concreta y muy estructurada, o sea, que cada
movimiento se ajusta a un orden establecido por un patrón previamente señalado.
Pero conforme se avanza en la comprensión práctica del método y sus principios,
llega a madurar lo que se dice: «el propio T’ai Chi», esa dimensión de la
espontaneidad, única en cada estudiante.
En otras palabras, el estudio comienza desde una gran estructura que,
poco a poco, es trascendida, hasta profundizar la dimensión de la creatividad. De la estructura a la no estructura. Claro que, vivenciar dicho estadio del arte,
no significa que haya que crear un nuevo estilo, por el contrario, avanzar
hasta este punto de la espontaneidad y creatividad, significa que las Virtudes
de Oro han sido internalizadas, comprendidas hasta la médula, y por lo tanto se
han vuelto inalterables, se han vuelto principios naturales de la práctica
regular. Porque, justa-mente, es esta
maestría y es esta solvencia, lo que permite el auténtico Tzu-Jan o Feng Liu.
En un
primer nivel, el T’ai Chi se desenvuelve con manos desnudas (formas sin
elementos), en un segundo nivel con elementos (forma de espada, palo, sable y
lanza), mientras que en un tercer nivel, toda la atención es puesta en la
creatividad y espontaneidad de las formas. Para ello, también se dispone de cinco pasos
que orientan a su puesta en práctica armoniosamente, a saber: variabilidad de
secuencia, orden invertido, transformación del movimiento, nuevo orden
creativo, secuencia espontánea; y cada uno de estos cinco pasos, cuenta con una
técnica acorde que le estimula. Por eso
es que en este nivel (tercero), cada forma que se ejecute será para el que
observa, como una forma antigua y por mucho tiempo practicada. Sin embargo,
para el que la esté practicando, será la primera vez, recién creada, y no podrá
repetirla tal cual nunca más, aunque lo intente. Siempre será diferente. Y aunque este
practicante avanzado realice una forma tradicional, ya establecida, también
será como si la practicara por primera vez, porque la puerta de la
espontaneidad se habrá abierto para todo lo que haga.
Esta es la
doble posibilidad de Tzu-Jan:
1) haces una forma nueva sin ninguna conexión con
otras formas del pasado, pero totalmente basada en las Virtudes de Oro, o
2) haces una forma antigua como si fuese por primera
vez.
Este sí es un arte avanzado, pues aunque
verdaderamente se realice por primera vez, parecerá estudiado y practicado
durante millones de veces.
A este
estadio de Tzu-Jan, también desemboca el arte del Tuei Shou. Y mediante esta práctica, la gran maestría se
afirma porque se le permite fluir sin premeditación.
En la
actualidad, este tercer nivel está poco difundido. El escaso tiempo con que
cuentan los practicantes de hoy en día y la necesidad de aprender todo tan
rápido, han hecho que esta práctica quedara confinada en pocas escuelas y
reservada para pocos profesores de T’ai Chi Chuan. Además, se ha llegado a la
conclusión de que no resulta beneficioso para los intereses creados alrededor
del arte, pues una vez que comienzas a hacer tu propio T’ai Chi, no compras más
técnicas, y entonces se corre el riesgo de que todo el mercado se venga abajo.
Sin
embargo, alcanzar este tercer nivel es lo más significativo que pueda sucederle
a tu espíritu, porque él se alimenta con la creatividad, por otro lado, esta
práctica contribuirá para que crezca tu sentimiento espiritual.
De modo
contrario ocurre con el Ch’i Kung, pues esta ciencia comienza siendo bastante
libre a pesar de su complejidad, pero a medida que se avanza, el estudiante
penetra en una inmensa elaboración. O sea, que se inicia en la no estructura y
desemboca en una gran estructura. Justo lo opuesto al T’ai Chi. No obstante, en
un tercer nivel, es trascendida toda estructura, incluso energética, para
sumergirte de lleno en la dimensión de la conciencia.
¿Cómo es
esto? Sucede naturalmente, debido a esos dos estadios fundamentales para la
realización del Ch’i Kung que ya hemos mencionado en otro capítulo, siendo uno
de ellos la etapa en la que la energía sigue a la mente; dicho de otro
modo: «Donde quiera que vaya
Y recién
en esta tercera etapa o nivel de Ch’i Kung, es cuando se puede comprender de
modo vivencial, el sentido de la espontaneidad, naturalidad, creatividad o
Tzu-Jan, aplicados en este camino.
Tres son
los aspectos que se necesita recorrer para una abarcadora y clara comprensión
del Ch’i Kung: el aspecto Terapéutico, el aspecto Artístico y el aspecto
Meditativo; de ellos se desprenden el gimnástico y el marcial. Por lo tanto,
cinco son los aspectos de esta ciencia. Sin embargo, en América Latina, la gran
difusión del Ch’i Kung se ha limitado tan sólo a destacar las pautas para
adelgazar, tendencia que lentamente parece estar revirtiéndose.
T’ai Chi y
Ch’i Kung son dos artes y ciencias sumamente creativas, capaces de despertar en
cada practicante ese sentimiento y sentido de belleza, de modo que lo que más
se desarrolla es el potencial artístico de todo espíritu. En la medida en que
este se expresa, más se nutre.
Alguna vez
me preguntaron: Cómo una forma
establecida puede ser creativa cuando nada
se le puede hacer ni agregar ni quitar.
No existe
ningún obstáculo para que sea creativa a pesar de lo establecido, porque el
aspecto creador del arte despierta por un suceso interno más que por un cambio
externo. Es algo que pasa por ti, un proceso interior, por eso no hace falta
modificar ni alterar ningún aspecto de la forma.
Aparentemente,
sólo pareces imitar un movimiento, una forma determinada, pero el sentido no
concluye allí. Para abordar las Virtudes
de Oro del arte y realizarlas, hace falta que crees en tu cuerpo, no crear con tu cuerpo, sino en tu propio cuerpo. Cuando comienzas a
reflejar la suavidad, redondez y velocidad uniforme en cada movimiento, y
cuando el ritmo constante, la altura pareja, la unidad de la cadera y el eje se
ponen de manifiesto en cada postura, es porque habrás creado en tu cuerpo una
nueva vibración, una capacidad de nueva expresión. Cuan-do logras la armonía (y
esto es algo inmediato y muy al alcance de tus manos), cuando consigues la
sincronización de tus partes a partir de un centro interno de movimiento, lo
habrás creado en tu propio cuerpo.
Este es el
verdadero aspecto creativo del Arte, o sea: cuando eres capaz de crearlo en ti.
Y cuando
esto sucede, no acaba la creatividad, porque al haberlo creado en tu propio
cuerpo, comienza a concretarse en todo lo que haces y a partir de todos tus
proyectos llevados a la acción; de este modo, la creatividad continúa sin
principio ni fin, o sea, Tzu-Jan.
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
El
Valor de las Virtudes de Oro
La
clave para desentrañar el arte-ciencia del T’ai Chi - Ch’i Kung consiste en
comprender de un modo práctico, las 12 virtudes para cada disciplina, que
sumadas, dan un total de 24 virtudes esenciales. O sea que el entendimiento
profundo acerca de la práctica, estriba en el análisis, investigación y comprobación
de cada una de las virtudes que detallamos al comienzo de los capítulos.
Muchas
veces buscamos soluciones al enfrentarnos con algún inconveniente que se
presenta en el camino, otras veces sentimos una especie de detención y la
imposibilidad de avanzar; el esfuerzo requerido para encontrar la solución o
avanzar, no es tanto cuando logramos la claridad que nos permite comprender la
virtud que debemos desarrollar. Y esta claridad surge de una continua
experimentación de los principios básicos ya incorporados. Por eso, a veces no
es tan importante la cantidad de métodos aprendidos sino la constante
aplicación a uno solo de ellos.
Estas 24 virtudes
de Oro constituyen el aspecto medular, esencial, del camino de realización
práctica. Por eso es tan necesario retomar su estudio una y otra vez, hasta que
puedan plasmarse al unísono y armónicamente en cada momento de la práctica.
Pues, como dije, el entendimiento de las virtudes y su vivencia permitirá
captar el sentido primordial de este Arte y Ciencia. Porque justamente, todos
los secretos del T’ai Chi - Ch’i Kung se encuentran resumidos en estas 24
virtudes, las cuales fueron transmitidas de boca a oído, de generación en
generación, hasta que ciertos Maestros de la actualidad las documentaron. Uno
de ellos fue el gran Maestro Yang Chen Fu, quien redactó las Virtudes de Oro
del T’ai Chi Chuan para que el sistema tuviese más amplia difusión. A partir
del año 1900 aproximadamente, pasaron a manos de los Maestros Sun Lu Tan, Chen
Wei Ming, Cheng Man Ching, Tcheng Tsiun y finalmente, a manos del Maestro Ma
Tsun Kuen. De este modo, no sólo las escuelas pertenecientes a la línea Yang
aplican estos conocimientos, sino que en la actualidad, prácticamente todos los
estilos del T’ai Chi respetan y persisten en estas virtudes.
En cambio,
las 12 Virtudes de Oro del Ch’i Kung, no fueron transmitidas puntualmente por
el Maestro Yang Chen Fu, sino que vienen siendo reproducidas, oficialmente,
desde mucho antes del Maestro Chang San Feng, de ahí que todos estos Maestros
de T’ai Chi, también son grandes conocedores de la energía en movimiento.
Por lo
tanto, lo que diferencia al T’ai Chi -
Ch’i Kung de otras artes, prácticas o disciplinas, son estas 24 Virtudes de
Oro; pues, repito, ellas conforman las
características principales de este camino. Así que, por aplicarlas, y por el
solo hecho de intentar plasmarlas, estarás transitando la vía del T’ai Chi o
del Ch’i Kung más profundamente. No importa si no conoces todas las formas,
todos los métodos o las técnicas determinadas para cada nivel. Si cumples con
las pautas que te revela cada virtud, aunque sea tu propia expresión o una
forma nueva, estarás practicando T’ai Chi o Ch’i Kung. Lo que resta es
practicar constantemente. No hay modo de evitarlo: no importa en qué punto del
planeta estés y a qué escuela pertenezcas, si te ajustas a las Virtudes de Oro
estarás desplegando la esencia del arte, el verdadero sentido de estas
disciplinas milenarias y tradicionales.
Con todo
esto quiero decir que las virtudes son tan particulares y precisas que,
siguiéndolas, aun sin un Maestro, no habrá riesgo de terminar haciendo otra
cosa que no sea T’ai Chi - Ch’i Kung. Por supuesto, un Maestro experimentado, o
sea, que ha vivenciado el proceso de las virtudes en su propio cuerpo y las ha
realizado en su conciencia, y que a la vez es capaz de manifestarlo en cada
práctica, te ayudará para que, lo que lleva toda una vida comprender, puedas
asimilarlo mucho más pronto.
De este
modo, las Virtudes deben ser entendidas de a una por vez, estudiadas,
asimiladas y practicadas pacientemente, hasta comprenderlas en conjunto y ser
capaz de aplicarlas como una unidad inseparable. Cuando las Virtudes son
sentidas y aplicadas como una unidad, entonces se puede hablar de experiencia
espiritual, porque mediante esa unidad, la conciencia se expande mientras el
espíritu se sumerge en la dimensión de la armonía. Practicar de tal manera T’ai
Chi o Ch’i Kung, con este sentimiento, con esta realización, con esta
conciencia, es saborear el súmmum de este arte.
Las
Virtudes son la matriz a través de la cual, el espíritu artístico consigue
confeccionar el elixir atemporal, que es ese sentimiento de amor plasmado en el
movimiento. Puro sentimiento, sin meta, sin tiempo ni lugar.
Recuerda
que la experiencia última del T’ai Chi es una experiencia de amor; lo mismo que
el movimiento energético último del Ch’i Kung, también está orientado a
despertar la conciencia y el amor.
Puro sentimiento, sin meta, sin tiempo ni
lugar.
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Comentarios
sobre
las
24 Virtudes de Oro del
T’ai
Chi - Ch’i Kung
Por otro
lado, la ubicación de la rodilla en otra posición que no sea sobre el pie y
alineada con la punta, desgasta la rótula y afloja los tendones que sostienen a
esta.
En la
segunda parte de esta Virtud, se detalla que la vista y las manos van hacia la
misma dirección, esto significa que la alineación del movimiento se logra a
partir de ajustar la parte superior mediante una de las manos y mirada hacia
una misma línea, y también a partir de ajustar la parte inferior mediante una
de las rodillas y el pie que corresponde, en una misma línea.
Lograr que
la rodilla no se adelante al pie, evitar que vaya hacia adentro o hacia afuera;
y al mismo tiempo, direccionar la mirada hacia la misma orientación de una
mano, es propio de una conciencia abierta y extendida a la acción presente.
Este es el modo de alinear el cuerpo en T’ai Chi.
Por lo
tanto, mirar las muñecas y seguirlas en todo momento, alternando la observación
sin interrupción de una mano a la otra según su posición, es el primer paso que
propone esta Virtud.
Mirar fijo
al horizonte, en un punto —si no hay movimiento— o sin saltar de un objeto a
otro (desplazamiento uniforme de la mirada), si es que hay movimiento, es el
segundo paso.
Entrecerrar
los párpados y perder la mirada en la distancia o hundirla en la tierra a unos
metros de donde se está parado, es el tercer paso.
El último
paso, el cuarto, es cuando la forma se
desenvuelve con los ojos cerrados. Practicar el aspecto artístico del T’ai Chi
Chuan (formas) o el aspecto marcial
(tuei shou) con los ojos cerrados,
posibilita el desarrollo de la visión interior, el sentido interno de
las direcciones y una gran sensibilidad que permitirá captar el lenguaje más
íntimo de cada movimiento. Pero es un error practicar este paso si aún no se
dominan los anteriores. Muchos practicantes, cuando se enteran de los
principios superiores o más avanzados, dejan a un costado todos los demás y
practican el último, como si esto indicara una gran experiencia en el arte.
Pero es necesario repetirlo: esta actitud, para cualquiera de las 24 Virtudes
de Oro, es un gran error que en algún momento lamentará el que se aventura a
cometerlo.
Cada paso
tiene que practicarse durante años, y la puesta en ejecución del cuarto (con los
ojos cerrados), debería implementarse después de ocho años de práctica.
Realmente suena decepcionante para los ansiosos y apresurados. Pero no tiene
ningún problema aquel que ha tomado este camino como una práctica para toda la
vida, porque conociendo los próximos pasos, ya sabrá el momento apropiado de su
aplicación.
La mirada
es Yang; es el instrumento físico, quizás, que más energía canaliza si se le
sabe aprovechar. Es el vehículo de más carga energética. Y me refiero a los
ojos como órganos físicos, no a la
visión. Allí adonde apunten los ojos, allí se estará moviendo la energía, pues
la mirada estimula a la concentración mental y unificación de los pensamientos.
Si la mirada se mueve hacia todos lados, los pensamientos también lo harán,
entonces la energía se dispersará y finalmente se agotará. Y de este modo, con
la práctica, más que sentirte vigorizado, te sentirás agotado. La fluctuación
de los ojos indica una dispersión del espíritu (Shen). En los ojos se reflejan
todas las sensaciones y condiciones internas. Por ejemplo, los ojos muy abiertos
o semiabiertos, reflejan la abstracción o la pesadez que ocasionan los
pensamientos densos. También el amor, el odio, el miedo, la duda, la esperanza
se reflejan en los ojos. Siendo buen lector de los ojos, podrás reconocer
inmediatamente una actitud pensativa, abierta, generosa, arrogante o agresiva,
engañosa o sincera, mucho antes de que se exprese a través de algún acto físico
o verbal.
Si al
ejecutar los movimientos miras los cuadros o miras los adornos mientras
practicas, si miras las luces o a tus compañeros, si te miras en algún espejo,
entonces te resultará muy difícil concentrar tu Ch’i.
Durante
mucho tiempo miras a tu instructor. Pero una vez entendido el movimiento,
entonces, debes ajustarte a esta Virtud y no dejar que tu mirada vague perdida
por el espacio.
Llevar la
mirada al centro de las palmas o al dorso de las manos también es muy
importante, porque en las manos se encuentra Lao Kung (en la palma, justo donde apoya el dedo mayor es Yin, y en
el mismo lugar pero sobre el dorso es Yang). Este es un centro psíquico e
iguala en miniatura al tan tien
inferior (ubicado a tres dedos por debajo del ombligo). Concentrar la vista en una de las palmas,
también activa notablemente el potencial energético.
El
movimiento circular de la cadera impulsa al resto de los círculos (de los
brazos y las piernas), que son ejecutados con lentitud en la mente. Se puede
decir que sólo en la primera etapa los arcos y círculos deben ser ampliados al
máximo. Con el tiempo de práctica, los mismos círculos podrán ser reducidos considerablemente,
sin que por ello se pierda la redondez ni la propiedad de curvatura.
Lo
curvado, lo redondo y lo circular conforman un estado para vivenciar en el
orden mental; del mismo modo, el concepto lentitud, equilibrio, moderación,
serenidad y armonía son situaciones que deben ser generadas primero en la
mente; luego, como un reflejo se verán
plasmados en cada movimiento y finalmente contagiarán con dicha vibración todos
los aspectos del ser. De este modo, también se completa un círculo, el cual comienza
en la mente, luego se expresa en el cuerpo y por último influye sobre la
psicología de la persona.
Los
círculos tienen la propiedad de activar los hemisferios cerebrales,
estimularlos y acomodarlos más de lo que puede hacerlo cualquier otro ejercicio.
Por lo tanto, visualizar círculos y acariciarlos en el aire, induce a un
profundo estado de introspección y conciencia, y de mucha armonía.
A través
de los tiempos, siempre se ha considerado a los círculos como una práctica
fundamental para la expansión de la conciencia. Escuelas de Medio Oriente como
la de los sufíes, por ejemplo, practican principalmente la rotación sobre sí
mismo, y también otras técnicas de circulación y redondez; escuelas de
Desde el
punto de vista del T’ai Chi, cuando te entregas a los movimientos circulares,
de rotación y traslación, que van transformando la figura a lo largo de la
forma artística, te compenetras con la armonía universal. Y no digo al cambiar
de un movimiento a otro (porque esto sería como saltar casi sin conexión
alguna), sino que me refiero a la transformación de un solo movimiento. Esto
significa desarrollar la capacidad de realizar un círculo ininterrumpido sin
principio ni fin, al cual denominamos forma.
Toda la forma artística de 178 movimientos aparentes, no es más que un solo
movimiento que dura aproximadamente 50 minutos.
«Del principio nos alejamos para retornar a
él», esto sucede mientras nos entregamos a un solo movimiento. Al alcanzar
este nivel, y como la continuidad del movimiento empieza y termina en el mismo
lugar físico, las formas artísticas se pueden suceder unas a otras, sin
detención ni pausa; entonces, se vuelven otro gran movimiento ininterrumpido
que se extiende a lo largo de varias horas, a lo largo del día y a lo largo de
la vida.
Aflojar
los músculos abdominales y hundir el pecho es fundamental para que el Ch’i
descienda sin obstáculos. Por el contrario, si el pecho se saca hacia afuera,
la espalda se hunde y el abdomen se contrae hacia adentro (propio de la postura
militar), entonces el Ch’i se estanca y se interrumpe en el pecho.
Por eso
mismo, también es necesario acomodar la cabeza, ubicando el mentón, respecto de
las clavículas, a la distancia de un puño y a la vez, estirar la espalda
levemente curvada y no metida hacia adentro. De esta manera, el Ch’i puede
circular libremente, ascendiendo por Tu Mo (Vaso Gobernador), descendiendo por
Jen Mo (Vaso Concepción), para depurarse y almacenarse en el Tan Tien inferior. Este proceso se lleva
a cabo sin nuestra intervención consciente, si es que nos ajustamos a estas
pautas, al menos en T’ai Chi. En conclusión, dicha Virtud señala el modo de
realizar lo redondo afuera, a partir de lo redondo adentro.
Del mismo
modo como el Universo —átomos, células, planetas, galaxias— que nos rodea y nos
penetra, tratemos de sintonizarnos vivencialmente con esta Ley Existencial de
lo redondo, que impera en cada manifestación del Cosmos. Este es el modo de conectarse
con la esencia circular.
Llamo
efecto energético a la resultante de la actividad física, mental o emocional,
sostenida en una misma dirección durante un lapso prolongado.
Por
ejemplo, si mantienes una preocupación durante mucho tiempo, generará un efecto
energético que, en este caso, será en contra de la armonía y el equilibrio
general. Porque en esta situación, la multiplicación energética procesada es
destructiva. Si, por el contrario, sostienes por largo tiempo una respiración
consciente, pausada y profunda, entonces la multiplicación energética generada
será beneficiosa. En el caso de la práctica del T’ai Chi y del Ch’i Kung,
cuanto más se mantenga un movimiento o cuanto más se mantenga una visualización
determinada, una acción o una sensación (aunque la forma vaya transformándose o
el movimiento deteniéndose hasta la total quietud), la multiplicación
energética procesada será constructiva.
De este
modo, aunque el principio básico es el mismo en ambos casos, podemos decir que
nos encontramos ante dos tipos de multiplicación de la energía, uno destructivo,
mientras que el otro nos impulsa al crecimiento.
Desde el
punto de vista de este camino, hay dos maneras de lograr el efecto energético positivo, o sea:
mediante el movimiento y a través de la quietud. Pero siempre, mediante el
mismo proceso de la continuidad y la no interrupción.
Para
lograr este efecto energético, es necesario aplicarse y entrenarse en el ritmo constante hasta dominarlo.
Mantener un ritmo uniforme es una virtud fundamental, porque mediante su
aplicación se desentraña una clave importante. De este modo, la constante es el
punto a concientizar.
Y la
constante es llevada a la máxima expresión, o sea: Quietud en el movimiento, movimiento en la quietud. En otras
palabras, cuando se vivencia cierta maduración del impulso constante, entonces
siempre se encuentran los dos al unísono. Movimiento y quietud están juntos;
uno representando el Yin y el otro el Yang. Uno se manifiesta y el otro lo
estimula por detrás. Uno aparece y el otro se esconde; pero siempre, están los dos a la vez.
Se trata
de un sentimiento, y su significado ya
ha sido expuesto en estas páginas. Este
es el modo de conectarse con el movimiento quieto.
La postura
de los hombros y codos es básica en el T’ai Chi; relajarlos y dejarlos caer es el primer paso
para la incorporación armónica de todas las Virtudes de Oro. Por eso esta
Virtud tendría que ser la primera. Hombros
relajados y espalda erguida, pero sin forzar.
Todo
practicante que se inicia en este arte, atiende cuidadosamente la postura de
sus hombros y codos, deja que sólo las muñecas permanezcan suspendidas durante
el movimiento, y permite que sean ellas las que coordinen la acción de los
brazos.
Hay una
visualización que recomiendo practicar: sentir el cuerpo como suspendido por
hilos desde la cabeza y las muñecas, pero esos hilos no son los mismos que
sostienen a una marioneta, sino que son producto de una conciencia direccionada.
Este es el modo de conectarse con la relajación superficial.
De hecho,
esta relajación profunda se manifestará a partir de la conciencia centralizada
en el Tan Tien, y el modo de
centralizarla es llevando los pensamientos, los sentimientos y, por
consiguiente, las sensaciones, al bajo vientre. Dicho de otra manera, mediante
la conciencia en el Tan Tien puede
profundizarse la relajación y, al revés, mediante la relajación puede
centralizarse aun más la conciencia en el Tan
Tien inferior.
El camino
es simultáneo: Relajación y Conciencia.
A partir
de esta relajación profunda, se puede experimentar que el Tan Tien es la guía de todos los movimientos del cuerpo (de los
brazos, de las piernas, de la espina dorsal y de la cabeza). Y sin esta
profunda relajación, aunque se busque lo redondo, el cuerpo se moverá como un
bloque compacto, como una tabla, porque estará faltando la guía del movimiento.
La guía
por excelencia del T’ai Chi se encuentra ubicada en el Tan Tien inferior. Como ya dije, esta guía se expresa cuando la
relajación se ha profundizado al punto de no sólo involucrar los músculos, sino
también la psicología y la energía.
Del mismo
modo, la uniformidad y la lentitud del movimiento, también indicados en esta
virtud, devienen de una gran relajación que, a su vez, también la estimulan.
Hacer
lento el movimiento no sólo ayuda a observar qué partes se mantienen tensas y trabadas, sino
que además, sirve para pulir aristas, redondear movimientos rectos y establecer
la uniformidad de las partes, a fin de lograr una coherencia artística. Pero lo
más importante por destacar, es que cuanto más lentos se efectúen los
movimientos, cuanto más se lentifiquen las formas, más próximos estaremos a ese
sentimiento único de armonía que caracteriza al mayor estadio del T’ai Chi. O
sea que, cuanto más lento el movimiento, más T’ai Chi será. La rapidez es
considerada como una técnica circunstancial, empleada para desarrollar mayor
dominio y así poder ahondar, todavía mucho más, la lentitud, pero no es en
absoluto, una práctica regular.
El Maestro
Ma Tsun Kuen fue el impulsor —por no decir el creador— de la forma rápida de
T’ai Chi en
Distinguir
lo lleno de lo vacío significa la habilidad de trasladar el peso y de acomodar
la fuerza; dicho de otro modo, el peso siempre se balancea de una pierna a la
otra y, en la mayoría de los casos, mientras se acomoda el peso sobre una
pierna, la otra pierna se encuentra libre de él, capaz de moverse en cualquier
momento, sin causar al cuerpo la más mínima perturbación.
Por otro
lado, es necesario distinguir
El sentido
interno de
Yang Chen
Fu dice que el T’ai Chi Chuan es el arte de ocultar la dureza dentro de la
suavidad, como si se tratara de una aguja envuelta en algodón.
Hablar de
fuerza muscular es una parte, y una parte muy limitada; por eso es que, en un
principio, hay que dejarla a un costado e iniciar el proceso de recuperar la
fuerza interior a partir de la respiración (nariz-boca) y de la mente
(visualizando la fuerza que asciende por las plantas de los pies hasta el Tan Tien inferior y, desde allí, se
proyecta a donde quiera la mente).
Algunas
escuelas comienzan por los músculos superficiales y luego de muchos años
empiezan a profundizar la fuerza interior (a estas escuelas le llaman externas
o Wai Chia). Hay otras que empiezan
por lo interno. Paralelamente, cada logro se refleja en lo externo (a estas
escuelas las llaman internas o Nei Chia); la diferencia estriba sólo en la primera
etapa, pues en el camino interno, la musculatura no participa de ninguna fuerza
sino que sólo interviene lo suficiente como para responder al sentido de
delicadeza interna.
Esta
delicadeza termina convirtiéndose en una gran fuerza interior capaz de
exteriorizarse.
Para ello
es necesario observar en profundidad, porque muchas veces, a pesar de que el
practicante cree estar relajado, algunos músculos persisten tensos, y esta
tensión es la que impide captar esa fuerza interior que al principio es muy
sutil.
Cuando se
haya percibido la fuerza interior, entonces si se le suma la fuerza muscular
externa, la energía movilizada será aun incomparable.
Por consiguiente,
ambas acciones juntas: el lograr dominio sobre la correcta ubicación del peso y
el desarrollar la fuerza interior por sobre la dureza muscular permiten la liviandad,
la ligereza y la agilidad (aspectos medulares para la destreza artística
marcial).
Desde
luego, también es recomendable hacer descender todas las sensaciones al bajo
vientre y no dejar que se estanquen en el pecho, en la espalda, en los hombros
ni en la cabeza, puesto que, de lo contrario, estaríamos despegándonos del
suelo. Por otro lado, despegarse del suelo e interpretar este hecho como
liviano o suspendido, nos aleja irremediablemente del verdadero sentido del
arte, hasta tal punto que, aunque nos esforzáramos, no alcanzaríamos la armonía
de los movimientos.
En otras
palabras, mantener las sensaciones en lo alto del pecho y al mismo tiempo
aplicar los principios de liviandad, sería como una doble suspensión, lo que
nos traería desequilibrios, al carecer de base sólida. Por otro lado, llenar el
bajo vientre con las sensaciones de la fuerza interior y, al mismo tiempo,
mantener el peso en ambas piernas, significaría doble pesadez, y esto
perjudicaría la fluidez, la gracia y la soltura. En este caso, las bases serían
superadas y el desequilibrio se destacaría nuevamente.
La
sensación de suspensión, o sea, suspender los brazos, una de las piernas y el
resto del cuerpo, surge de la visualización de estar sostenido desde la cabeza
y de la visualización de reunir la fuerza en el Tan Tien. Cuando interpretamos con claridad estas visualizaciones,
entonces, naturalmente, el cuerpo adquiere la densidad exacta: ni muy pesada ni
muy liviana.
Estas son algunas pautas sobre la séptima
Virtud. El completar la idea
dependerá de que cada practicante siga reflexionando en esta Virtud, para
hallar nuevas combinaciones de los principios expuestos. La experiencia a la
que apunta el arte es muy vasta. Por lo tanto, es importante comprender por
separado cada principio, es decir, independientemente del contexto, hasta que
en el momento de combinarlos se genere una comprensión mucho más amplia de la
unidad a vivenciar. De este modo, poco a poco, nos aproximaremos a este inmenso
horizonte.
Tomar en
una práctica los pies y darles forma; en otra práctica, atender las manos y
pulir el movimiento; en otra práctica, corregir la cadera, y así sucesivamente
hacer lo mismo con cada parte por separado, es la clave para alcanzar la unidad
armónica en un tiempo menor. Es esencial no dejar el proceso artístico librado
al azar, permitiendo que se desarrolle inconscientemente con el correr de las
décadas. Hay que ponerse en acción y comenzar puliendo cada una de las partes
del cuerpo. El camino es desde la
multiplicidad hacia la unidad.
Y con cada
una de las virtudes ocurre lo mismo. En un principio, es necesario
comprenderlas por separado. Todas ellas señalan distintos factores principales
que tendrán que ser aplicados al mismo tiempo. Factores que representan niveles
de estudio o, también, ángulos opuestos complementarios de una misma práctica.
Por lo
tanto, la dilucidación de cada Virtud, no depende de ningún escrito ni de
ninguna transmisión oral, sino del discernimiento y experiencia de cada
practicante. Esta es la razón por la que
no quiero concluir la explicación de algunas Virtudes: cada uno debe tomarse el
trabajo de investigar y reflexionar.
Para una
buena base y un buen equilibrio, es muy importante la ubicación de los pies,
cuidando de que siempre se mantengan en «L» y no en «T».
«L»
significa que los pies se proyectan desde los talones hacia adelante y al
costado, también puede hacerse una «L» separada; es decir, los pies se
distancian a un ancho de hombros, y también puede hacerse una «L» cerrada, o
sea, los pies levemente inclinados hacia adentro, pero nunca hacia afuera. «T» significa cruzar los pies, y esto también
debe evitarse.
Si se
colocan los pies en la posición correcta, entonces, nos resultará más fácil
mantener el mismo nivel al desplazarnos. Por otro lado, es más probable
concluir la forma en el mismo lugar en que se empezó.
Además, es
fundamental no mover el pie que soporta el peso y sostiene el cuerpo, ni
siquiera despegarlo parcialmente. Lo indicado es apoyarlos en el suelo y
adherirlos a la tierra como ventosas, visualizando el enraizamiento de las
plantas de los pies. De este modo, la energía y la fuerza que ascienden por las
plantas se desarrollan y nutren al Tan
Tien inferior, lo cual hace que aumente su potencial para su posterior
distribución por todo el cuerpo. Si el peso se encuentra correctamente ubicado
sobre una pierna, entonces, el otro pie que se desplaza puede moverse como una
hoja en el viento, mejor dicho, como un junco con la brisa. Los pies en
movimiento deben tener la gracia de las nubes, y danzar como las briznas de
hierbas con el viento. Si el peso está bien ubicado y no mal repartido, si no
se mueve el pie que soporta la totalidad del peso, el Arte se vuelve más
efectivo y gracioso.
La postura
de los pies es sumamente importante dentro del T’ai Chi. Chen Wei Ming escribió
lo siguiente acerca de la «Fuerza»: «La
raíz está en los pies, se distribuye a través de las piernas, es controlada por
la cintura y finalmente expresada en y por las manos».
En el
desplazamiento, aunque las piernas se estiren, nunca se estiran del todo, y
aunque se flexionen, nunca se flexionan del todo (las rodillas no superan las
puntas de los pies); aunque manos y pies
se ajusten, no se ajustan del todo; aunque la cadera gire no rota del todo;
aunque los ojos se ubican no se fijan del todo. Aunque la respiración es
natural, no es superficial y aunque la respiración es consciente, no es
profunda. Este principio de la moderación se aplica a todas las Virtudes de
Oro, por eso ninguna de ellas es una ley absoluta dentro del arte, sino una
regla general. Y esto significa que las Virtudes se aplican en la mayoría de
los casos, pero existen ciertas excepciones.
Dichas
excepciones rompen con la estructura y los patrones establecidos para el
estudio del arte, y como dije en una Virtud anterior, eso mismo hace que el
aprendizaje sea mucho más amplio y rico a la vez.
Cuanto más
natural sea la respiración, más fluido será el movimiento. Las pautas
primordiales del arte son: sin forzar ni exigir.
Vincular
lo alto con lo bajo significa que los brazos, las manos, la cabeza y el tronco
se mueven al mismo tiempo que la cadera, las piernas y los pies. Hay que evitar
el movimiento independiente, la pausa o la detención, por mínima que fuera.
Desplazar
el cuerpo como un todo, como una unidad indiferenciada y experimentar la totalidad
del movimiento continuo, depende de conseguir vincular lo superior con lo
inferior mediante el desarrollo de la armónica correspondencia natural. Este es
también un símbolo de las fuerzas celestiales y terrestres unificadas, y de lo
que asimismo tendría que suceder entre el plano espiritual y material en
nuestra conciencia. Además, vincular lo alto y lo bajo también se refiere a la
respiración profunda (segunda etapa del aprendizaje) y a la visualización
circular, para el ascenso y descenso de la sensación energética.
En una
tercera etapa, la respiración ya no es ni superficial ni profunda.
Esta
Novena Virtud es muy especial, puesto que indica cómo abordar el arte de lo
interno, o sea, el arte de la respiración consciente. Este es el modo de profundizar
El centro
es una sensación de total conexión con lo que está sucediendo, con lo que estás
sintiendo y haciendo en el momento presente. De modo que el «centro» es una
representación acabada del aquí y el ahora, del Ser, de uno mismo. Por lo
tanto, al involucrar al ego, se busca armonizar el centro con la periferia, sin
desvincularnos de lo que nos rodea, pero manteniendo la conciencia al hacerlo.
Esto puede ser considerado una Armonía.
Físicamente
hablando, cuando se trata del movimiento, al centro lo encontrarás al
establecer una armonía entre tu cuerpo (la postura) y la dirección hacia la
cual te proyectas. El eje se encuentra centrado en la postura correcta, ni
adelantado ni retrasado, ni próximo ni alejado, ni mucho ni poco. Justo en el
medio... allí mismo se encuentra el centro.
Mi
concepción de la armonía es la siguiente:
«Fluir sin
interferencias ni alteraciones», algo tan básico como fluir, dejando que el
movimiento sea una constante; para mí,
en esto estriba el desenvolvimiento de la armonía. Cuando has superado las
resistencias, los esfuerzos y las exigencias, cuando ya no es una obra de la
premeditación intelectual sino producto de la espontaneidad y la naturalidad,
entonces comienzas a fluir; cuando ya no
sufres por lograrlo y, en cambio, sientes que ya está sucediendo, eso es fluir
y eso es armonía.
Claro que
referirse a la armonía del espíritu es una cuestión totalmente diferente,
puesto que ni la perturbación del movimiento ni el desequilibrio de la postura
pueden alterarla.
Por lo
tanto, unir lo interior con lo exterior es el resultado de una conciencia
corporal del centro, pero también de la periferia y del eje que se desplaza
armónicamente por ellos y, además, es un profundo sentimiento de integración,
de unión, y aun, de fusión. Este es el
modo de conectarse con el centro, por la vía del equilibrio y la adecuada
moderación.
En la
primera etapa de todos los métodos que hacen al aprendizaje del arte, será
necesario centralizar y unificar los pensamientos. El modo de llevarlo a cabo
no es forzando a la mente a no pensar, sino llevando la atención al sentimiento
del cuerpo y a la sensación del movimiento. Para evitar que la mente se
disperse en otros tiempos y espacios, viajando a otras circunstancias y
lugares, es suficiente con sentir el cuerpo. Si puedes concentrarte en tu
percepción de cada parte del cuerpo, de todo el cuerpo y al mismo tiempo en la
sensación que te produce el movimiento, de forma natural la mente se
centralizará y los pensamientos se unificarán.
Tan sólo
tienes que traer una y otra vez tu mente al cuerpo, y el espíritu del
movimiento se reflejará inmaculado. No tiene ningún valor práctico ni sentido luchar
contra la mente y tratar de sojuzgar los pensamientos. El mayor inconveniente
al bloquear los pensamientos por medio de una lucha, es que también se inhiben
los pensamientos artísticos y creativos.
Por eso,
antes que anular la negatividad de la mente, resultará más positivo acrecentar
su positividad.
En el
Arte, primero se antepone el pensamiento artístico y creativo, a la dureza
muscular; esto significa que la mente
tiene un poder superior al del cuerpo, y en segundo lugar, si permites que el
movimiento sea un resultado de tus sentimientos y no de tus músculos ni de los
pensamientos, la belleza artística y la destreza estarán siendo encauzadas por
el camino correcto, a una mayor dimensión expresiva. De otro modo, costará
mucho alcanzarlas. Explicado de otra manera, si por ejemplo buscas plasmar la
redondez y curvas de tus movimientos para encontrar la armonía, y entonces
fuerzas a tu musculatura a fin de realizarlo o tensionas tus articulaciones
para lograrlo, nunca habrá armonía, porque todo tu esqueleto, órganos,
pensamientos y sentimientos se encontrarán poco relajados; pero, en cambio, si
saboreas el sentido de armonía primero en tus pensamientos y creas esa dulzura
en tu mente, y luego dejas que esta comience a proyectarse en los movimientos, aunque
más no sea como una idea o una directriz,
poco a poco se transformará en
una realidad. Al principio, los pensamientos se anteponen a toda acción, pero
luego de haber logrado una clara visualización, más importante que pensar en el
movimiento será sentirlo. Sin que haya esfuerzo, tan sólo pensando en la
armonía y sintiéndola, esta comienza naturalmente a extenderse y expresarse en
cada movimiento, de la manera más sencilla y hermosa. No debe haber lucha entre
el pensamiento y el sentimiento.
Luchar con
uno mismo, entrar en guerra, forzando y resistiendo para asimilar el aprendizaje
de una determinada manera, quizás caprichosa, no es armonía. Cuanto mayor sea
la tranquilidad con que se aborde la enseñanza, mucho más pronto se vivenciará
la armonía en un nivel muy profundo.
Por lo
tanto, en la primera etapa puede decirse que «la mente va adelante y el cuerpo
viene atrás»; aunque en una segunda etapa, los valores del arte se cambian
radicalmente, porque ahora se dice que
«el cuerpo va adelante y la mente viene atrás», y esto significa, «un gran
sentimiento».
Y en este
nivel, cuanto más sensible se vuelva el espíritu del practicante, conforme al
grado de observación y práctica de las Virtudes de Oro, mayor será el
despliegue de tal creatividad. Ser el
movimiento y no solamente hacerlo, es la cumbre de tal experiencia, porque
mediante este sentimiento, la libertad personal abraza lo ilimitado. Cuando
esto sucede, es porque el movimiento ha alcanzado el ámbito del corazón, y en
este estadio prevalece por encima de todo, la espontaneidad.
Si
reflexionas en esta Virtud e intentas aplicarla, comprenderás que el
sentimiento de unidad, o bien, la unificación de la energía producida por el
movimiento, sólo es factible a partir del amor.
De este
modo, si se piensa en la verdadera creatividad, las referencias de este tercer
nivel no sólo han de limitarse a nuevos movimientos y a nuevas formas. A su vez,
si se piensa en la verdadera espontaneidad, sus señales no sólo deben
orientarse a la naturalidad sino al despertar
de
El T’ai
Chi, como meditación en movimiento, es un verdadero vehículo estimulador para
Cuando el
movimiento de las piernas coincide con el de los brazos, pero al mismo tiempo
con el del bajo vientre, con el traslado del peso o con la torsión, y cuando nada
queda fuera de la acción, de modo que ningún movimiento se ejecute fuera de
tiempo (ni retrasado ni adelantado), aunque se trate de la acción interna o
externa, o bien se trate de la actividad o de la pasividad, se habrá alcanzado
Este es el modo de lograr
Generalmente
se ajusta de la siguiente manera:
Cuando
los brazos suben - Inhalar
Al
aflojar y relajar - Exhalar
Cuando
las manos atraen - Inhalar
Cuando se
hace fuerza - Exhalar
Cuando se
toma o se concentra energía - Inhalar
Cuando se
sacude o expulsa hacia afuera - Exhalar
Cuando se
impulsa hacia adentro - Inhalar
Cuando se
disuelve la postura - Exhalar
Cuando se
hacen torsiones - Inhalar
Cuando se
vuelve al centro - Exhalar
Cuando se
mantiene el equilibrio - Inhalar
Cuando se
mantiene la posición - Resp. natural
Al
principio es necesario concentrarse, para lograr el ajuste de la respiración al
movimiento y, una vez asimilado, es necesario alcanzar la unidad que constituye
una respiración continua, uniforme, tranquila, suave y sólo un poco más
profunda de lo que es la respiración ordinaria, superficial e
inconsciente.
A este
modo de «unidad de la respiración» lo llamamos también respiración consciente, como a la tercera etapa de la respiración
en el T’ai Chi Chuan. Cuando el ajuste de la respiración a cada movimiento se
lleva a cabo naturalmente, es decir, como una necesidad más que por alguna
exigencia, y fluye sin interrupción desde un sentimiento muy cómodo, significa
que se ha realizado la unidad de la
respiración.
Así,
cuando esta segunda unidad conformada por el ajuste de la respiración, se suma
a la primera unidad conformada por la sincronización del cuerpo, se crea una
nueva unidad: la tercera, la unidad de la conciencia conformada por el
despertar de la sensibilidad y de las sensaciones. Esta Virtud apunta al Lian Ch’i, «el desarrollo de la energía».
A saber:
Las 18
sensaciones básicas que nos dan el indicio del despertar y del desarrollo en el
desenvolvimiento energético como parte de los primeros pasos son:
1º Cosquilleos
2º Calores
3º Latidos
4º Fluidos
5º Implosiones
6º Estremecimientos
7º Desbloqueos
8º Temblores
9º Ascensiones
10º Alteración del tiempo
11º Catarsis
12º Arrobamiento
13º Liviandad - suspensión
14º Vacío
15º Infinitud
16º Plenitud
17º Alteración del espacio
18º Movimiento involuntario
Cada una
de estas sensaciones son despertadas mediante una técnica específica. (Remarco
que el desarrollo de estas permite el progreso del primer nivel del Arte
energético).
Dichas
sensaciones son como señales que indican que la energía se está moviendo, que
está creciendo y a su vez, que el proceso de la activación y expresión de las
diferentes tasas vibratorias del Ch’i se ha iniciado. Sólo señalan que el
proceso para despertar el potencial eléctrico y vital que constituyen la
energía, se ha puesto en marcha. Pero para poder expresar todo este potencial
hacia direcciones mucho más creativas, tales sensaciones tendrán que ser
trascendidas. Por lo tanto, en un segundo nivel ya no se hace referencia a 18
sino a una sola sensación, porque en un primer nivel eran buenas referencias, pero
en un segundo nivel se vuelven interferencias, y de este modo,
perturbaciones.
Las 18
sensaciones deben ser tomadas como pautas que nos aproximan a la verdadera
esencia del Ch’i Kung, lo que no significa que el despertar de
No
obstante, por el momento, será mejor considerar que la sensación de círculo y péndulo permanente (y cuanto más
involuntario mejor) es uno de los mayores vehículos con que cuenta
También
consideraremos que el progreso en la práctica del Ch’i se estimula a partir de:
MOVIMIENTO Y RESPIRACIÓN en un primer nivel de la
conciencia.
SENSACIÓN PENDULAR Y CIRCULAR espontáneas para un
segundo nivel de la conciencia.
PERCEPCIÓN DEL ASCENSO Y DESCENSO ENERGÉTICO para un
tercer nivel de la conciencia.
Más allá:
Concientización de
Estos son
los cuatro estadios de la práctica, y tienen que ser incentivados al punto de
ser aplicados simultáneamente en los métodos superiores del Ch’i Kung Psíquico.
Esta Virtud apunta al Lian Shen
«desarrollo del espíritu».
Conforme
visualicemos la sonrisa en los labios y la sintamos expandirse por todo el
cuerpo como una lluvia de sensaciones que van acariciando los órganos hasta los
rincones más profundos del ser, contagiando la mente y las emociones hasta
llegar al espíritu mismo, entonces, el aspecto terapéutico de los métodos se
irá acrecentando y volviéndose mucho más efectivo. Y en cuanto al aspecto
artístico, la sonrisa también hace de él un verdadero logro, puesto que la
seriedad (el ceño fruncido) representa las tensiones aún no resueltas.
La sonrisa es todo un arte dentro del
taoísmo, por lo que
existen numerosas técnicas para estimularla. El hecho más destacado resulta ser
que, con un poco de práctica, la sensación de la sonrisa que se impulsa desde
los labios y que gradualmente se desparrama por todo el cuerpo, llega a
sentirse en el bajo vientre.
No es de
extrañar, porque la energía de la sonrisa se almacena en el Tan Tien inferior. Es un círculo
perfecto. Así como la carcajada es expulsada desde el bajo vientre, la sonrisa
vuelve a él, y cuando esto sucede, se experimenta lo que se conoce como «bajo
vientre sonriente».
Cuando el
bajo vientre sonríe, un océano de energía es removido en todo tu cuerpo, y su
oleaje llega a los tejidos más distantes y baña todos los órganos, con
vibraciones de auténtica vida. Estas vibraciones, que no son como un torrente
sino como una suave brisa primaveral, sacuden con igual intensidad cada célula
vital del cuerpo. Cuando se vivencia el bajo vientre sonriente, un manantial de
energía desbordante inunda tu interior
con interminables cosquilleos de vitalidad.
La sonrisa
es un movimiento energético muy importante en la práctica del Ch’i Kung que,
siendo relativamente pasivo, te llena de serenidad y alegría. El Bajo vientre sonriente es el Kundalini
de la felicidad. Y mientras que el Kundalini que asciende por la columna es
una experiencia hiperactiva y a veces explosiva, por el contrario, el bajo
vientre sonriente es una experiencia de relajación inigualable que impulsa una
tranquilidad gozosa, plenitud y satisfacción de vivir.
Es
totalmente adecuado desarrollar en cada una de estas artes, y más allá de ellas
también, el bajo vientre sonriente... un hecho concreto, inmediato y al alcance
de todos.
Y no hay
mucho más que explicar al respecto. Sólo puedo acotar que, si armonizas tu
mundo, tu propio mundo interior, de hecho también estarás mejorando el mundo de
todos.
Cuando
este campo de energía es activado mediante el sentimiento de la bondad o por
medio de determinados ejercicios de respiración suave (como, por ejemplo,
inhalar por el centro de la espalda —Chia Chi— y exhalar por el centro del
pecho—Zhar Zhor—), o técnicas de sonidos, como por ejemplo la entonación
sostenida de la «A», o métodos especiales para sensibilizar el pecho y la
espalda, y si al mismo tiempo se visualiza la apertura del Canal Central y el
descenso de la influencia celestial y el ascenso de la influencia terrestre,
entonces la experiencia del equilibrio energético puede ser muy significativa,
al punto de modificar ciertos hábitos, características de la personalidad y
formas del pensamiento, que hasta el momento eran casi irremediables. Y esta
modificación en ningún sentido es
perjudicial, sino que resulta una ampliación de los esquemas y patrones que
consciente o inconscientemente, creíamos inalterables.
Por eso,
en esta virtud se menciona a la fuerza
dinámica inmortal, porque cuando esta apertura se inicia, no tiene límite.
El Canal
Central está estrechamente vinculado con el «Despertar» de la conciencia.
Es más que
suficiente comprender y mantener durante la práctica el sentido de la
«Alternancia», y ajustar la fuerza exterior a una relajación interior y la
relajación exterior a una fuerza interior,
que se suceden mutuamente sin interrupción.
«La fuerza
sigue a la relajación, la relajación sigue a la fuerza» es uno de los
principios básicos en el movimiento energético o Ch’i Kung, sobre todo en una
etapa inicial. Es tan importante, como el hecho de que la exhalación sigue a la
inhalación y la inhalación a la exhalación.
Fuerzas alternadas, dice
Verdaderamente,
no puede ser descripto en detalle el precioso estado de la energía
desplegada; no puede explicarse con
precisión esta dimensión, y menos aún, decir cómo es su vivencia; pero lo que sí se puede, es dar algunas
referencias en cuanto a lo que no es la experiencia o bien respecto de aquello
que nos aleja de ella. Pero de la vivencia en sí, nada puede decirse de modo
directo. Y aquellos que tengan aunque sea una mínima realización de la alternancia natural, comprenderán que lo
que están vivenciando es intransferible. Sólo se puede aprender o compartirla a
través de la práctica.
Resumiendo,
podemos decir que luego de haber atravesado la etapa del equilibrio (entre la
tensión y la relajación), se llega a una tercera fase en la que se puede hablar
de lo no duro y de lo no flojo.
No se dice
con certeza lo que es; solamente se dice que no es duro ni blando, ni tenso ni
flojo, ni mucho ni poco, ni fuerte ni suave, ni arriba ni abajo, ni adelante ni
atrás; entonces, cuando te desprendes de
los extremos, excesos y defectos, realizas el estado al cual estamos
refiriéndonos.
Y Esto a realizar, es lo medular del Arte.
Así es el Camino del Ch’i Kung: Alternancia
es mi definición.
Por lo
tanto, recuerda que la falta de conciencia (pensamientos dispersos) no impulsa
la energía; ahora bien, demasiada conciencia (concentración exagerada) también
bloquea la energía. Ninguno de estos dos caminos es productivo. El camino de
Los ocho
centros psíquicos más importantes del cuerpo son:
1º El
Centro Base (Hui Yin), ubicado entre
los genitales y el ano.
2º El
Centro de
3º El
Centro del Desplazamiento (Chia Chi),
ubicado entre los omóplatos.
4º El Centro de
5º El
Centro Coronario (Bai Hui), donde se
encuentra Ni Wan, ubicado entre las orejas hacia arriba.
6º
El Centro del despertar (Tsu Chiao),
ubicado entre las cejas.
7º El Centro de
8º El Centro de
Estos ocho
centros psíquicos están representados por los Ocho Kouas (Pa-Kuas), que son los trigramas principales. Este conocimiento,
rebosante de magia, misticismo, filosofía, es empleado también en
Además de
los mencionados, existen numerosos centros a los cuales se los considera
secundarios. Por ejemplo, los ubicados en el cuello (Garganta), en la 7ª
cervical, en la base de la columna (Wei
Lu), en la base de los genitales (Sha
Tien), en las palmas de las manos (Lao
Kung), y otras decenas de centros más, que se exponen en detalle en el
tratado de Ch’i Kung «Calistenia Budista»
(material de
Volviendo
a la gran Fuerza, dijimos que esta debe sobre-concentrarse en el Tan Tien inferior (Chi Hai, por debajo del ombligo) y desde allí, canalizarse hacia el
objetivo visualizado. Claro que la gran Energía asciende desde la tierra, por
el centro psíquico ubicado en las plantas de los pies (Yung Chuan), pero debe concentrarse en el bajo vientre y recién
desde ese lugar, canalizarse y distribuirse.
Un
ejercicio básico y fundamental para el desarrollo amplio y la completa
distribución de dicha energía, es endurecer el Tan Tien inferior (ese músculo —Centro— que se encuentra a cuatro dedos por debajo
del ombligo y tres dedos hacia adentro). Pero los músculos abdominales deben
permanecer relajados; o sea, «Tan Tien duro, pero abdomen flojo». Esta es una
práctica adecuada para desarrollar el potencial energético en las múltiples
direcciones.
La
canalización de
El llevar
la conciencia al Tan Tien inferior y
mantenerla allí a lo largo de la práctica o a lo largo del día, representa un
grado de verdadera destreza en el arte energético.
En cuanto
al movimiento interior, se señala el desenvolvimiento del «circuito psíquico
menor», que recorre ascendiendo la
columna vertebral (Vaso Gobernador, Tu Mo),
y descendiendo por el frente del cuerpo (Vaso de Concepción, Jen Mo). Y este ascenso o descenso
psíquico de la energía es provocado a partir de una sensación muy perceptible y
tan concreta como la vivencia de una pluma tocando y recorriendo la piel.
En cuanto
al punto de quietud, se señala el centro
que se crea a partir de la fusión del campo energético terrestre (campo de
cinabrio inferior) con el campo energético celestial (campo de cinabrio
superior) y que se ubica en el interior del pecho, denominado: campo energético
humano (campo de cinabrio medio). Luego de fusionar ambas energías, se
desarrolla la infinita quietud. Entonces es cuando despierta la sensibilidad
verticalizada del Canal Central, que es visualizada con paciencia en un
principio, hasta que se torna natural. A
partir de la alineación del canal central se equilibran las influencias
espirituales y materiales, y sobre todo, la conciencia acerca de ellas.
En función
de este equilibrio material y espiritual, se llega a vivenciar la primera sensación
superior, esa que trasciende las 18 sensaciones comentadas en la decimoquinta
Virtud.
Esta única
Sensación superior es conocida como: «Expansión», y se refiere a una vivencia
total del cuerpo, la mente y el espíritu, en sí, de
Cuando
despierta dicha dimensión, sientes que se amplían tus centros psíquicos, tus
canales energéticos; sientes que se amplían tu mente, tu espíritu, y sientes
que se expande
Esta
sensación de ampliación y expansión es mucho más fuerte que cualesquiera de las
18 sensaciones anteriores y, por otro lado, a diferencia de aquellas, esta no
es un obstáculo sino una verdadera realización, de ahí que sea permanente, sin
trascendencia. A la expansión se la
considera la última sensación, la única de los niveles superiores, la que no
tiene límites. Es
Una
recomendación más:
En el mapa
energético nos encontramos con las siguientes referencias:
De la cintura hacia abajo el cuerpo es Yin,
de la cintura hacia arriba es Yang.
Todo la parte anterior del cuerpo es Yin,
toda la parte posterior es Yang.
El lado derecho del cuerpo es Yin,
el lado izquierdo es Yang.
Adentro del cuerpo es Yin,
afuera es Yang.
la inhalación, Yang.
El descenso es Yin,
el ascenso, Yang.
Pero
cuando se toman en cuenta los ojos, entonces las anteriores referencias
desaparecen, porque todo el cuerpo pasa a ser Yin (negativo) y sólo los ojos se consideran Yang
(positivo). Esto destaca la importancia que, para
Solamente
moviendo y ubicando los ojos, se puede activar y movilizar la vibración
energética, hacerla descender o ascender o fijarla en algún punto en particular
(interno o externo). Por otro lado, el
circuito establecido por medio de los puentes de la lengua y el esfínter,
constituye la clave más trascendental del arte energético para la depuración y
sublimación del Ch’i.
Al
principio es necesario un entendimiento intelectual básico de la ubicación de
los meridianos, canales y centros de energía, al mismo tiempo que se aprenden algunas
técnicas simples, para la estimulación del Ch’i. Con el tiempo, esta sensación
de movimiento continuo y dilatación psíquica se vuelve permanente en toda
práctica. Por eso en este punto, es muy importante saber cuáles métodos
practicar y cuáles no, para evitar el incorrecto acomodamiento del Ch’i e
impulsar una tasa vibratoria multiplicada.
Los Meridianos
Principales son 12: 3 Yin y 3 Yang que recorren los brazos, otros 3 Yin y 3
Yang que recorren las piernas. Y una forma sencilla de estimularlos, es
visualizando el interior de los brazos y percibir una sensación descendente
(desde las axilas hasta las palmas) mientras se exhala. Luego visualizar el
exterior de los brazos y percibir una sensación ascendente (desde los dorsos de
las manos hasta los hombros) mientras se inhala. A continuación, repetir el
mismo proceso con las piernas, visualizando el interior de estas y percibir una
sensación descendente (desde el centro base hasta los talones internos) mientras se exhala. Luego, visualizar el
exterior de las piernas y percibir una sensación ascendente (desde los talones
externos hasta la cadera) mientras se inhala.
Una vez
comprendidas las cuatro etapas por separado, se juntan y se hacen al mismo
tiempo (piernas y brazos) alternados y continuos, mientras se inhala y se
exhala sin interrupción.
Los Vasos
Maravillosos son 8:
1º Vaso Gobernador - Canal de Control.
Tu
Mo
Recorre la espalda.
2º Vaso de Concepción - Canal de Función.
Jen Mo
Recorre el frente del cuerpo.
3º Canal
de Cintura
Tai Mo
Rodea la cintura a la altura del
ombligo.
4º Canal
de Impulsión
Chung Mo
Asciende del centro base al
corazón.
5º Canal
Positivo (Brazos)
Yang Yu
Recorre por el exterior del brazo
y por atrás
del cuerpo (Paralelo a la columna).
6º Canal
Negativo (Brazos)
Yin Yu
Recorre por el interior del brazo
y por
adelante del cuerpo
(Lateralmente).
7º Canal
Positivo (Piernas)
Yang Chiao
Recorre por el exterior de las
piernas y lateral
del cuerpo (atrás).
8º Canal
Negativo (Piernas)
Yin Chiao
Recorre por el interior de las
piernas y lateral
del cuerpo (adelante).
El Canal
de los Talones, Tung Chung, se
direcciona de los talones al cerebro.
El Canal
del Tronco, Tung Ti se direcciona del
cerebro al tronco.
Una forma
sencilla de activar los dos Vasos Maravillosos, Gobernador y Concepción es:
inhalar y percibir una sensación ascendente desde la base de la columna hasta
el Centro Coronario; al exhalar, percibir una sensación descendente desde la
frente al bajo vientre, y mantener una sensación circular ininterrumpida
mientras se inhala y se exhala, como una rueda interior.
El
siguiente paso es proyectarse a la dimensión celestial, siendo la misma energía
terrestre pero sublimada. Este contacto se produce mediante el sentimiento de
apertura del Centro Coronario y la incorporación de un campo energético de
vibración muy sutil que nos envuelve. Por eso se menciona «el acto de
permeabilización».
Ambas
energías (terrestre y celeste) se reúnen
entre los ojos y por detrás de estos, como primera estación en su recorrido
alquímico.
En una
etapa, la conciencia no se limita a la percepción de las actividades de la
energía interior, sino que además participa de las influencias externas de
estas tasas vibratorias. Puedes sentir tu interior como un mundo, como un
microcosmos de sensaciones energéticas, y percibir su inmersión en un gran
universo de corrientes magnéticas, en un macrocosmos vital.
Esta doble
percepción, interna y externa, es una de las experiencias más significativas
dentro del Arte del Ch’i Kung, porque impulsa
Aquí
llegamos al Supremo Estado de
Puedes
concientizarlo, puedes identificarte, pero esta identificación es diferente de
las anteriores, porque aquellas han sido siempre con respecto a algo; o sea
que, cada vez que ha sucedido alguna identificación, siempre se han encontrado
dos: el que se identifica y el objeto de identificación. En cambio, en esta
suprema identificación, sólo permanece
ella consigo misma. Únicamente identificación, sin objeto y sin siquiera
el que se identifica.
En dicho
estado te disuelves en aquello que siempre has sido pero que permanecía velado.
Este es el «Gran Retorno», «
Ya no se
puede hablar de sentimiento ni de sensación, sino de una colosal fuerza
centrípeta que implosiona más allá del mundo atómico y que se autoabsorbe
desapareciendo, clara como nunca, la conciencia del Cosmos.
Y al
suceder, nada cambia, todo prosigue su curso natural: el día continúa, amanece, anochece; las
estaciones llegan y se van; la gente
sigue en sus quehaceres; la vida se
desenvuelve de la misma manera. Pero es distinto, porque el caminante ha cambiado: ahora es más sensible, más amplio; ahora
sus ojos observan de una manera diferente...
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
Bernardo
y Simón
Simón,
el Maestro taoísta, tomó un nuevo examen a sus dos discípulos. Esta vez, era
acerca de unas técnicas que tiempo atrás les había enseñado.
Ese día,
el Maestro se mostraba, en apariencia, injustificadamente decepcionado, y
terminó desaprobando a Bernardo, el menos aplicado de los dos.
Bernardo,
totalmente furioso, dejó de participar de las clases durante cinco semanas. Al
cabo de ese tiempo, volvió a su Maestro y lo increpó diciéndole:
—Maestro,
todavía sigo enojado. No entiendo por qué el día del examen me dijiste que
debía corregir mi mirada, cuando me habías enseñado a fijarla en el movimiento
para perderme en él, y eso mismo hice; por eso, no sabía qué corregir. Después
me dijiste que corrigiera mis pies, pero me habías enseñado a mantenerlos
separados y eso hice; por eso, tampoco supe qué corregir. Al rato me dijiste
que corrigiera mis manos, aunque las tenía ubicadas según tus indicaciones, así
que otra vez, no había nada para corregir. Y en ese momento fue tal mi enojo
que me desbordé; por eso, no seguí con el examen y me fui. Lo peor fue cuando,
mientras me retiraba, me gritaste que tenía mucho que corregir. ¿Me puedes
decir qué te propones?
A lo que
Simón respondió:
—De ningún
modo estoy interesado en corregir tus movimientos ni tus posturas. Sólo estoy
tratando de ayudarte a corregir tu ego.
Y
Bernardo, de inmediato, comprendió.
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
Simón
se estaba muriendo. Así que sus dos únicos discípulos se reunieron para
despedirlo.
Simón
estaba tendido. El mejor de sus discípulos se arrodilló a su derecha y Bernardo
se sentó a su izquierda. Eran los
últimos instantes de Simón. Un momento muy importante.
Entonces,
el anciano Maestro tomó a sus discípulos de las manos y les dijo:
—Hijos
míos, sepan ustedes que los amo por igual, pero hay un discípulo por el que tengo
preferencia. A él, le dejaré todo mi conocimiento.
Los dos discípulos
se miraron con ojos interrogantes y, a continuación, Bernardo preguntó:
—Bien,
dinos quién es el predilecto.
Y con el mismo tono de siempre, Simón respondió:
—Ese
discípulo por el que tengo preferencia, soy yo mismo. Porque he demostrado mi
perseverancia al haber estado en todas las clases que di en mi vida sin faltar
a ninguna; he demostrado mi resistencia, ya que no me ha quedado más remedio
que soportar valientemente el peso de mis dudas, sin flaquear, y he demostrado
mi ecuanimidad al haber reconocido mis aciertos sin engrandecerme, puesto que
corresponden a mi tamaño biológico; por eso, les digo que mi discípulo
preferido soy yo mismo. Así que mis conocimientos se irán conmigo. Y aunque no
lo quisiera, consecuentemente no podría ser de otra manera. En cuanto a
ustedes, también busquen a su mejor discípulo, porque ese, les aseguro, es el
verdadero Maestro.
Simón
cerró los ojos, y con estas últimas palabras, dejó esta vida y a sus dos únicos
alumnos.
﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍﹎﹍
Nota Final:
Es necesario aclarar que los Principios
Básicos del T´ai Chi Chuan comentados en este libro, son por igual para todos
los estilos o familias conocidos; sin embargo, hay una serie de principios
secundarios, tan importantes como los primeros, que pertenecen exclusivamente a
cada estilo en particular. Por lo tanto,
los principios secundarios aquí detallados corresponden al Estilo Yang del T´ai
Chi Chuan, específicamente, al Estilo Ma desarrollado en toda América (registro
hasta el año 1988 en que se escribió este libro). El mismo Maestro Ma dedicó
sus últimos diez años de vida, a mejorar algunas posturas de la “Forma
Tradicional


^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^
Un llamado a
Así como a nadie se le
ocurriría tomar apenas un trozo de una pintura para mostrarle a otros la obra
de un pintor, o extraer tres o cuatro notas de una sinfonía para hacerle oír a
otros la composición de un músico, o bien, así como tampoco le quitaría una
porción a una escultura para mostrarle a otros la obra del escultor, pedimos
por favor, que tampoco mutile este material teórico o ensayo para mostrarle a
alguien una mera sección de él.
Solicitamos tenga a bien el lector, respetar la obra en su totalidad al
quererla compartir con amigos u otros interesados en este Camino.
Recuerde que, aunque no
parezca, la escritura también es un arte como la pintura, la música y la
escultura, y amputar una sección o un párrafo hace que se desmerezca la obra y
se pierda el sentido que dejó plasmado su autor.
Por favor, no es necesario
que cercene ningún capítulo de este documento, si quiere mostrárselo a alguna
amistad. Préstelo o fotocópielo entero
tal cual se difunde desde
¡Muchas Gracias!
Comisión Directiva de
^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^
Para mayor referencia acerca de los diferentes Métodos y todo el
material teórico que acompaña cada una de las prácticas, se deberá consultar el
Programa Integral y Metodología Pedagógica de
^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^\/^

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