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LAO TSE, y su Visión rebelde de la Vida y del Amor (Parte 1)

Tabla Nº 15 “Esencialmente, todos somos extraños”

por AON

 

En una de estas ochenta y un tablas de bambúes escritas por Lao Tse (las que reflejan su pensamiento agudo), precisamente la número quince, describe un tipo de personalidad cuyas cualidades y características constituyen el más alto vuelo y la más profunda expresión de la conciencia con que puede identificarse todo ser humano. Pero de ningún modo la propuesta de Lao Tse es que debamos esforzarnos por conquistar esta personalidad o alcanzar tales cualidades, sino que, simplemente detalla aquello que somos en esencia todos los seres humanos, ya sea potencial o manifiestamente, consciente e inconscientemente.

Para Lao Tse no se trata de que haya una meta por la que se alcance o se logre esta identificación, sino que simplemente se trata de darnos cuenta o de no olvidarnos de lo que somos naturalmente desde siempre.

 

En la tabla número quince, Lao Tse describe la naturaleza intrínseca de los seres humanos que son sumamente sensibles y que tienen la conciencia despierta, como contraste de la personalidad decadente de los insensibles que tienen dormida dicha conciencia. Yin y Yang.

Él dice que el tipo de personalidad abierta, y no cerrada, es aquella que aun conserva la capacidad de ver en todas las cosas, o al menos en tan sólo una cosa, la sutilidad del misterio, lo que significa: mantenerse en la profundidad insondable de la sabiduría que destila el alma humana o llegar a captar el Orden Inteligente Existencial que hay detrás de cada cosa, de cada ser, de cada momento y de cada circunstancia... que no es otra cosa que la misma verdad penetrante que confirma la individualidad única e irrepetible, especial y maravillosa que somos cada ser humano, cada ser vivo, cada cosa y cada forma manifiesta. Incluso cada circunstancia, cada instante de vida, por efímero que sea, es único e irrepetible, lo que a conciencia despierta puede provocar una vivencia especial y maravillosa.

Tener la vivencia práctica de esta profundidad infinita que todos los seres humanos mantenemos potencialmente latente, aunque más no sea una sola vez en la vida, es ser muy sensible. Y Lao Tse dice sobre estas personas, que han tenido un despertar de la conciencia.

 

Y hay que recordar que si vinimos a la vida y tenemos vida, es para despertar conciencia, porque la cumbre del universo visible es la vida y la cumbre de la materia es la Conciencia. Por lo tanto, como seres humanos que somos energética y materialmente, nuestra mayor vivencia en nuestras existencias son la vida y la conciencia.

Vivir de acuerdo con esto es tener una personalidad abierta y, el no aceptarlo, corresponde a una personalidad cerrada. Otra vez Yin y Yang.

Claro que hay un punto donde la dualidad desaparece, y ya no hay ni Yin ni Yang, ni blanco ni negro, ni abierto ni cerrado, ni bueno ni malo, donde surge la unidad de sentir que todo está integrado naturalmente a su propia naturaleza, ya que en verdad, para la Existencia no hay diferencias, no hay escalas de valores, nada que sea superior o inferior, sino que cada parte del todo es un todo de la parte, y por lo tanto, todo es parte de la Existencia, para la cual todo está bien. Ni más ni menos que bien. ¿O es posible que la Inteligencia del universo o la de la vida en todos sus pliegues, desde la energía a los átomos, desde los átomos a las células, y desde la mente y sentimientos a la conciencia, haya producido algo mal o erróneo, o haya generado algo de lo cual estar disconforme o algo que esté equivocado? Aquí desaparece la dualidad, porque no creo que esta pregunta pueda responderse más que de una sola manera: No, todo es necesario en la vida, nada está demás, nada sobra, y hasta lo más insignificante tiene su importancia.

Por otro lado, la Existencia no está dividida en dos, la Existencia es una sola. No hay una Existencia correcta y otra incorrecta, pues, ¿Cómo va existir una Existencia de una manera y una Existencia de otra manera? La Existencia es una sola. Aquí nos encontramos inevitablemente otra vez ante la unidad.

Claro que si nos referimos a las expresiones de la Existencia deduciremos que son infinitas las que se manifiestan desde la dualidad de Yin y Yang, en todos los pares complementarios de la vida, como ser: el tiempo y el espacio, el nacimiento y la muerte, el despertar la conciencia o el adormecerla, lo constructivo y lo destructivo, las mentes y corazones abiertos y los cerrados, como la oscuridad y la luz, el fuego y el agua, las partículas y las moléculas, hasta la misma unidad que esto representa, que es la Vida, que es la Existencia, y que aunque se nombre de miles de maneras, sigue siendo un único Orden Inteligente.

Sin embargo, el mismo Orden Inteligente es tan Inteligente que tiene la capacidad de ser al mismo tiempo de lo que es, algo diferente, es decir, que al serlo todo, entonces es Inteligente y No-Inteligente a la vez, Ordenado y No-Ordenado, y no digo desinteligente o desordenado desde la percepción humana, que en este caso, también sería parte del Orden Inteligente de la Existencia como parte de la vida. Aquí es donde vuelve a aparecer la unidad: cuando se vivencia conscientemente que así es la vida, y que la vida es una sola aunque haya infinitas posibilidades dentro de la dualidad en cuanto a la forma de vivirla.

De hecho, hay muchas interpretaciones diferentes acerca de lo que es la vida, pero la conciencia que formula dichas interpretaciones y que las vive, es una sola. Las muchas interpretaciones surgen de la conciencia personal, única en cada individuo, pero posibilitada a partir de una conciencia cósmica, existencial, que en sí no está dividida, sino que se trata de una unidad.

 

Por ejemplo, el ser humano cambia segundo tras segundo, ya que permanentemente está transformándose aunque bajo ciertas circunstancias no parezca. Los átomos están mutando, las células están naciendo y muriendo de a miles de millones cada instante, nuestros huesos cambian. Nuestros tejidos, nuestros pensamientos y los sentimientos están cambiando sin cesar, porque nuestra mente está cambiando a igual que cambia nuestro cuerpo. Pero por sobre este cambio ininterrumpido o anteponiéndose a él, existe una vivencia muy interna que nos sigue diciendo que somos los mismos que fuimos una vez, o sea, nos da esa vivencia que no es otra cosa que la conciencia, y que es la misma que pasa por la niñez, la adolescencia, la juventud, la adultez y la vejez.

Por lo tanto, a pesar de ver que nuestras imágenes fotográficas que atestiguan el correr del tiempo de nuestras vidas, son diferentes unas de otras, sentimos que en lo profundo somos los mismos. Ni siquiera somos plenamente concientes diariamente frente al espejo de nuestros cambios, sino que en las fotografías recién somos totalmente conscientes, y aún así, algo muy profundo nos dice que la fuente de estos cambios es una sola, la misma en todo tiempo. Es el complemento de nuestras transformaciones externas o internas, por lo que sentimos que somos una unidad indivisible y no fragmentada.

 

Todos los problemas psicológicos son causados por la fragmentación, mientras que cuando nos sentimos una unidad o uno solo, indivisible, hemos encontrado la llave para la plenitud. Claro que desfragmentar una mente fragmentada no es tan sencillo como en el caso de la computación desfragmentar el disco rígido de un procesador.

Cuando la memoria de la persona está fragmentada comienzan a aparecer muchas fisuras, como ser la censura, la lucha interior, el anhelar superarse para competir y ser normal como los demás o ser diferente a la generalidad de las personas; también comienza la marginación auto impuesta por una falsa escala de valores, el alejamiento de la naturaleza esencial que se encuentra más allá de los casilleros de la memoria, y que es aquello que somos básicamente desde la misma concepción. Porque eso que somos esencialmente no depende de la información externa acumulada, sino de lo que sentimos que somos más allá de toda dualidad: una unidad.

De la fragmentación a la desfragmentación, del exterior hacia el interior, porque se vive más superficialmente que profundamente, estimulados más por el mundo que nos rodea que por el mundo interno, pues somos cinco sentidos orientados más hacia lo externo que hacia lo interno.

Y comprender y aceptar que la conciencia se mueven en estos dos campos, en el de la dualidad y en de la unidad, alternadamente o simultáneamente, es el despertar de la última conciencia que pueda vivenciar todo ser humano, posterior a la conciencia de la dualidad e incluso, a la conciencia de la unidad.

La última conciencia es la síntesis de la totalidad; y no digo que es la más amplia conciencia para no caer en una escala de valores, sino que, con última conciencia apunto a una secuencia progresiva natural expansiva, que integra la unidad y la dualidad en una nueva síntesis. En este punto no se trata de la dualidad o de la unidad, sino de una integración con la totalidad que incluye ambos aspectos.

Y este es el significado de la personalidad abierta en pensamientos, sentimientos, mente y corazón, sensiblemente despierta a una conciencia expansiva integradora sin principio ni fin.

Si quizás por el azar o por la causalidad, por la herencia genética o por excelencia divina, se es capaz de saborear aunque más no sea por un efímero instante, la amplitud que resulta de extender la conciencia por los movimientos de la dualidad y de la unidad sin discriminarlos o catalogarlos, es a lo que Lao Tse llama: Personalidad Abierta o Conciencia Despierta, y a ellas se refiere en la tabla número quince que escribió.

Lao Tse menciona algunos ejemplos para poder distinguirse a sí mismo y distinguir a los demás como conciencias despiertas y abiertas, y no para definir una clasificación condicionante o un tipo de rotulación, sino para saber cómo retornar a nuestra verdadera naturaleza y centrarse en ella. Y dice más o menos así:

“... Estas conciencias despiertas, sólo pueden ser descriptas relativamente por algunas características superficiales, porque son tan inmensamente profundas que hace difícil que sean comprendidas... estas personas son muy cautelosas como quien, en crudo invierno, atraviesa un puente corroído y debilitado que cuelga sobre el torrente tumultuoso de un río; son personas muy observadoras como quien enfrenta el peligro en todas direcciones; son muy delicadas y cuidadosas como un forastero que se encuentra de visita en tierras desconocidas; son muy adaptables y ceden como el agua del hielo al derretirse; son naturales como la madera aun no labrada; son receptivas como los valles rodeados de montañas; y son misteriosas como las profundidades de las corrientes de aguas turbias.

Y quien haya aclarado el misterio de dicha profundidad para sí mismo, es porque ha dejado de moverse, centrándose en la conciencia que aplaca toda turbiedad. Quien haya vivenciado su propio centro de conciencia en la quietud, comprenderá el auténtico movimiento de todas las cosas. Y quienes avanzan por este Camino (Tao), no se desbordan más allá de lo que verdaderamente son, autoreconocidos en el despertar de su Conciencia; porque quienes se olvidan de lo que esencialmente son, se vuelven semejante a una vestidura gastada por el uso continuo, con la cual ya es imposible sentirse renovado.”

 

De este modo, tan poéticamente lo observa Lao Tse.

Todo ser humano es un extraño. El ser humano es potencialmente un extraño y siempre lo será. Y esto lo saben muy bien todas aquellas personas sensibles que han despertado su Conciencia.

En lo más profundo, allí donde vibra muy hondo lo que verdaderamente somos, todos somos extraños.

Extraños en el sentido de que jamás podremos llegar a conocer definitivamente a una persona, ni siquiera a aquellos que consideramos los más allegados. Somos extraños por naturaleza, y aceptarlo sin olvidarse enriquece la capacidad de asombro permanente. Por el contrario, el creer que conocemos al otro, o, que quien está a nuestro lado crea que nos conoce, fatalmente es lo que deteriora toda relación.

Dos enamorados, están enamorados porque todavía se sienten extraños, se saben extraños, ya que la relación de los enamorados es el producto del encuentro entre dos extraños, pues, aun tienen mucho por explorarse, mucho que conocerse, mucho por saborearse y mucho por disfrutarse; pero cuando creen que ya no tienen nada que conocerse, cuando creen que lo han explorado todo, inconscientemente comienzan a no encontrar más nada que disfrutar y saborear uno del otro. Aquí es cuando el enamoramiento sucumbe bajo el peso de lo conocido, de la rutina, de lo gastado como la vestimenta tan usada de Lao Tse.

 

Sin embargo, todavía hay una alternativa posible de recuperación, la única constructiva, porque también hay otras alternativas como la resignación o la separación, pero éstas son destructivas en un sentido, ya que no ayudan a comprender las raíces del conflicto. Por eso digo que sólo existe una sola alternativa constructiva, y ésta es la de retornar, la de regresar a la fuente de la naturaleza, y recuperar el sentimiento de lo que verdaderamente somos: Extraños ... y actuar según la descripción que Lao Tse detalla acerca de las conciencias despiertas.

Porque cuando se reconoce esta verdad, que es una realidad a pesar de los caprichos humanos por querer conquistar, dominar, poseer y adueñarse de las personas, se eleva la calidad de las relaciones. Por lo tanto, el primer paso es perder el miedo a lo desconocido para aceptar la belleza de ser extraños.

Estos son los pilares de toda verdadera relación según Lao Tse, cuando se actúa conforme a la cautela que se precisa para cruzar un río por un puente desconocido y extraño, atentos y observadores de cada detalle, delicados y cuidadosos como visitantes en un mundo desconocido y extraño, pero adaptables a eso desconocido como el agua, naturales como la piedra sin esculpir, receptivos como los valles, y profundos como el océano desconocido y extraño, tan desconocido como el resultado de querer ver a través de las corrientes turbias.

 

Claro que la realidad de ser extraños puede sostenerse mientras no se caiga en el costumbrismo que genera la falsa creencia de que conocemos a la otra persona, y que por conocerla nos pertenece o nos da derecho a manipularla.

Si no se perdiera de vista la realidad de que somos extraños, se podría evitar un alto porcentaje de decadencia en las relaciones humanas más íntimas o estrechas.

Por supuesto que al sentirnos conocidos genera una cierta inercia que se confunde con relajación y comodidad, no obstante, en el sentimiento de sentirnos extraños se encuentra la mayor relajación y comodidad; sólo es necesario perder el miedo a la libertad y no seguir alimentando estériles ataduras.

Que una persona sea propiedad privada de otra persona en el juego equivocado del amor, es aberrante, algo que jamás sucede en una relación entre extraños, en la que el misterio se encuentra a flor de piel, por la cual se considera que el otro es totalmente libre y no una posesión propia, cuando se tiene conciencia de que cada ser humano es un alma que pertenece sólo a la Existencia y a la Vida, y cuando se está consciente de que la profundidad de cada ser único e irrepetible es insondable.

Ninguna alma nos pertenece, por más que sean la de nuestros hijos o padres. Y somos extraños aun siendo hermanos de sangre, porque esencialmente no somos dependientes de los lazos sanguíneos que tengamos. El alma de la persona que amamos es una extraña viajera de la vida que transita un efímero instante por la tierra, y pretender conocerla es negar su infinito horizonte. Por eso, sentirnos extraños es lo más hermoso que puede sucederle al amor, porque en ese desconocimiento puro, nos encontramos sensiblemente abiertos a toda la belleza del corazón.

Todo lo que pueda conocerse de una persona, apenas son algunos tenues reflejos de su alma. El misterio propio de su esencia es insondable e inagotable.

Somos extraños, y saberlo es precioso. Vivir de acuerdo con ello, es tener en cuenta la profundidad de cada momento, y no sólo su relativa superficialidad.

 

La Vida y la Existencia también son un misterio, y cuando por razones de insensibilidad o inconsciencia, dejan de serlo, pierden todo su encanto y hermosura. La Vida y la Existencia también deberían ser considerados como extraños, pero no porque haya que imaginárselo, sino porque es la realidad, lisa y llanamente.

Cuando se presupone que conocemos definitivamente las cosas, comienza a funcionar un mecanismo psicológico de autodefensa inhibitorio, ya que esta interpretación distorsionada de la vida es la causa de inevitable decadencia. La autodefensa inhibitoria se basa en la insensibilidad, y por ésta se escurre sin conciencia lo hermoso de sentirse vivo.

 

Finalmente, Lao Tse recomienda no perder nuestro propio centro de conciencia para no olvidarnos de que somos extraños en este mundo, y de este modo poder vivenciar cada momento de nuestra vida como algo nuevo y fresco cada vez, profundizando el misterio sumergido en cada instante, y así, impregnarnos con las bondades ilimitadas que nos prodiga incesantemente la Existencia.

Esta es la fórmula de Lao Tse: no acumularle a la personalidad información conocida, como prendas sobre prendas que nos condicionan y limitan a una forma cerrada y establecida, sino, antes bien, mantenernos en el claro anonimato de lo que esencialmente somos y son los demás, para poder seguir sorprendiéndonos y maravillándonos del inagotable potencial latente que el universo nos ha obsequiado, y, que acunamos en nuestro interior.

 

Sin embargo, el darnos cuenta de la realidad de que somos extraños puede resultar decepcionante para aquellos suelen imágenes ilusorias acerca de las personas.

Bernardo le dijo a Simón: -He estado por más de cuarenta años junto a mi esposa, y gracias a tus enseñanzas sobre el misterio de la vida, recién ahora me doy cuenta de que es una perfecta extraña para mi. Hemos sido unos perfectos extraños sin darnos cuenta de ello. Ahora bien, lo único que necesitaría para confirmar si esto es realmente aplicable, que le transmitás inmediatamente esta filosofía también a ella.

-Está bien, pero, cuál es la razón de tu urgencia –preguntó Simón-.

-Lo que sucede es que mi esposa es tan dura, que de considerarme un extraño en su vida, no me permitiría nunca más entrar en casa, y si sucede así, se cumpliría el sueño anhelado de liberación que he mantenido en todos estos años de distanciamiento, indiferencia y falta de reconocimiento, por lo que continuamente me dice que soy un inútil y, siempre recalca que ella es mi ama y señora, y que yo le debo todo lo que soy.

-No te preocupés. Lo intentaré, -aseguró Simón-.

Pero al poco tiempo volvió a encontrarse con Bernardo, y éste, desesperadamente, le dijo: - tu enseñanza ha resultado justo al revés, no el que yo esperaba. Quería que me echara de casa para liberarme de su dominio, y ahora no sólo me trata como a un extraño sino como un empleado. No me deja salir de la casa ni siquiera un segundo; ha despedido al personal para ahorrar dinero y me exige que sea yo el portero y el jardinero de la casa, no me permite entrar a mi cuarto y me manda a dormir al granero.

-Bueno, -dijo Simón-, no siempre funciona según lo esperado. También la has tratado como a una empleada durante muchos años exigiéndole ser ama de casa, que te hiciera la comida todos los días y que te lavara la ropa. Tomalo con calma, porque al menos ahora no dice que sos un inútil. Lo único que te queda por hacer, es reconocer de una vez por todas que es tu jefa, y pedirle, aunque más no sea, un módico sueldo. Tal vez esto vaya a darle a la relación, un toque más excitante.

 

No hay que olvidarlo: somos perfectamente extraños.

 

 


Según el taoísmo, institucionalizar los sentimientos humanos, es restarle belleza y profundidad a estos dones naturales que la vida nos ha obsequiado libre de todo encasillamiento.

Por ejemplo, estos naturistas afirman que, si se codifica el sentimiento artístico limitándolo con pautas rígidas, si se estandariza el sentimiento religioso con meros dogmas, o, si se alinea el sentimiento amoroso a códigos morales reafirmados y sostenidos mediante contratos de ley, es inevitable la decadencia y el deterioro de la verdadera riqueza potencial que atesora todo ser humano. Porque estas son las maneras sutiles de sometimiento que cercenan la libertad humana, y además, son las formas directas de recortar el vuelo del alma que aspira a nuevos horizontes de conciencia en su camino de realización personal.

No obstante, la sabiduría de los ancianos anacoretas taoístas nos dice que el ser humano, colectivamente, aun no se siente preparado para vivir en total libertad, y ésta es la razón por la que el hombre se oprime a sí mismo a causa de su propia creencia en la sociabilidad reglamentada. Entonces, aquello que debería ser su salvoconducto al orden social, termina convirtiéndose en la asfixiante mortaja de su libertad.

Por otro lado, estos sabios también enseñan que en este período evolutivo de la humanidad, el sentimiento de libertad total, total, debe ser llevado al ámbito del corazón para ser vivenciado individualmente. Sólo cuando esto sea posible, recién entonces se abrirá la puerta de la transformación global para todos los seres humanos.

Remitámonos a una tabla del Tao Te Ching, escrito por Lao Tse hace más de 2500 años. Esta es la Nº 38, que sumando sus dígitos nos da 11, un número maestro.

 

 

 

LAO TSE, y su Visión rebelde de la Vida y del Amor (Parte 1)

Tabla Nº 38 “El Amor Libre”

por AON

“... Cuando se desvanece la verdadera naturaleza del sentimiento amoroso, entonces surge el conocimiento que clasifica los diferentes tipos de amores, cuando dicha clasificación comienza a opacar las relaciones, entonces surgen los códigos morales que estipulan la conducta amorosa de cada quien, y cuando la moralidad se posesiona del comportamiento frío y superficial de las personas, entonces se oscurece el alma humana. Cuando esto sucede, sólo quedan meros ritos y ceremonias, la cáscara estéril de la verdadera naturaleza del amor... y vivir así, de esta manera, es locura o estupidez.

Por eso, el tener un conocimiento excepcional de las cosas, al final nos aleja de su verdadera naturaleza intrínseca. Por el contrario, quien aun conserva la más profunda vivencia de lo substancial, no se deja envolver por las apariencias, ya que su corazón sólo puede palpitar al compás de lo esencial.”

 

Nada peor puede pasarle al amor que perder su libertad, cuando, por ejemplo, el conocimiento de cómo debería ser comienza a someterlo. Esta es una de las calamidades más trágicas que ha vivido la humanidad, pues se ha sepultado el don natural del amor libre no rotulado ni condicionado, por el afán de forzar la estructura de una falsa sociabilidad.

La Verdadera Naturaleza del Amor atañe al alma misma como un atributo de la Existencia. Es demencial creer que la vida haya estipulado pautas para el amor. De hecho, todas las instituciones u organizaciones que se han encargado de manipular estos códigos, paradójicamente, fueron los verdugos de la humanidad.

Ahora bien, la conducta de los seres humanos está tan infectada por el hábito milenario de fabricar un modelo de amor, que resulta sumamente enmarañado el camino de retorno a las raíces y a la verdadera fuente de nuestro ser. Pero no está todo perdido. Todavía existe una gran posibilidad que aguarda latente en las entrañas mismas de la sensibilidad. Si es posible despertar esta sensibilidad, el auténtico amor puede recuperarse.

 

Hemos llegado a un punto tal en las sociedades modernas, que el amor se ha vuelto otro objeto más de la propiedad privada, es decir, el amor tal como se lo vive en el presente no es más que otro aspecto del capitalismo. La emoción distorsionada de poseer a la persona que se ama, el capricho de adueñarse del ser querido, la pretensión de comprometer el sentimiento ajeno a amarnos exclusivamente, es un claro reflejo de la pobreza interior en la que estamos anegados.

Los intelectuales que han esgrimido los códigos morales, poco han asimilado del verdadero amor, y las masas inconscientes que siguen apoyándolos, no son más que pobres víctimas confinadas a vivir en la periferia del amor real, resignados a irse de este mundo con una profunda carencia decepcionante por no haber vivido enamorado.

 

Se ha socavado el sexo hasta la represión más absurda, y se ha denigrado toda su pureza y belleza con incontables tabúes, hasta padecer el inexorable miedo y desprecio por lo más significativo que nos ha dado la Existencia o Dios según le llaman millones de seres humanos en el mundo entero. Y hemos creído ser tan claros en nuestra insensatez psicológica, al punto de avergonzarnos de nuestra propia desnudez biológica.

 

Toda esta distorsión impuesta a la verdadera naturaleza del amor ha retrocedido hasta el terreno de la mera emoción posesiva del querer (ya sea en la relación con los hijos, los familiares, las amistades o con la pareja amante), para tratarse del mismo modo que se tratan a las posesiones materiales, lo que al fin, genera mucho sufrimiento y desconsuelo.

Esta actitud prefabricada del amor es la causa por la que no pueden durar las relaciones, a menos bajo condiciones patológicas, puesto que es muy lamentable que los seres humanos se hayan convertido en objetos personales. Pero aquellos que toman conciencia del deterioro que se le está ocasionando a lo más preciado de nuestras existencias, que es el amor no condicionado, saltan del círculo vicioso mecanizado para penetrar en el vasto horizonte del amor libre, que no es otro que el amor en su estado natural.

 

Afortunadamente, hoy no es como alguna vez fue, al menos ha variado el camuflaje. En el pasado, en una época patriarcal absolutista, fue tradicional la rigidez de los lineamientos de conducta que dictaminaban los roles de cada persona según el sexo, la edad y la posición social, parecido al inhumano sistema de clases o castas que se mantienen vigentes en la actualidad.

Uno de los tratados que circulaban por aquellos entonces se difundió bajo el nombre: “Las 3300 reglas de sociabilidad”. La mayoría de estos códigos determinaban una manera de amar por la que los hijos debían ser tratados de una manera específica, y según fueran, el primero, el segundo o el tercero, existían códigos de jerarquía, códigos que eran muy distintos con respecto al trato que merecían las esposas, y diferente al trato correspondiente hacia otros familiares, empleados o vecinos. Incluso se especificaba la conducta acorde a cada uno de los amantes, por lo que, todos sabían perfectamente cómo debía amar la mujer y en qué forma debería hacerlo el varón.

Esta fue una época de gran adoctrinamiento de especificaciones y reglamentaciones superficiales, en la cual, el mínimo incumplimiento de alguna de las pautas más simple era condenado con severos castigos, mientras que por respetarlas se obtenía el único premio de morir al verdadero sentimiento de amor, es decir, vivir como muerto. Esto es a lo que se opuso Lao Tse.

Y justamente se opuso para señalar la brecha capaz de producir un balance o un equilibrio, por el que las personas sensibles pudieran acercarse a un modo de vida más natural.

Para ello dice Lao Tse, que desde el preciso momento que se formaliza un sentimiento, éste comienza a declinar. El problema es la formalización. Forzar el sentimiento de la persona que amamos no colma a ninguno de los dos, porque la plenitud deviene de la misma naturalidad.

Firmar un contrato sentimental de relación no significa amor. El dar lo más hermoso que contiene el corazón no pasa por un compromiso formal, sino por la espontaneidad amorosa. El estipular las acciones y el determinar medidas de conducta no enaltece la relación entre las personas, sino que las estropea, puesto que los códigos sólo apuntan a embellecer la fachada, lo más superficial, y a descuidar la verdadera esencia.

La aceptación de que el sentimiento amoroso es libre por naturaleza, es la fuente de la felicidad, mientras que, considerarse dueño o pretender ser el poseedor del sentimiento de otra alma, no es otra cosa que inexperiencia de vida, inmadurez de conciencia, y por lo tanto, fuente de desengaño.

 

El verdadero amor es un sentimiento de libertad. Sin esta libertad el sentimiento de amor es falso o equivocado, porque este sería un sentimiento posesivo o esclavo, esclavo de un patrón cultural o de la propia errónea interpretación.

Amar es sentir medularmente la felicidad del otro más allá de todo, y no coartarle el desarrollo de su innata potencialidad. Es increíble que las mayorías de las personas que supuestamente se aman se esclavicen mutuamente, y se priven de la incomparable belleza de la libertad. Es increíble que se le tenga tanto miedo a la libertad.

No obstante, la persona que realmente ha crecido, decide sin duda alguna, liberarse de todo pacto de amor, y así como goza de su propia libertad, también disfruta que el otro practique y viva la libertad a su modo. Cuando esto sucede, desaparecen los fantasmas de los celos, la incertidumbre y los temores, porque sin las pretensiones desviadas se alcanza el más alto vuelo en el amor. Esto significa crecimiento.

Verdadero amor es el reconocimiento inequívoco de que el sentimiento de cada ser es un espacio sagrado, en cambio, es ficticio el amor cuando se invaden estos espacios.

Es imposible serle infiel al amor, a menos que no se ame cuando se siente.

El amor nada sabe de la fidelidad que pregonan las convenciones institucionales asimilada popularmente, y aun así, es verdadero amor cuando al darse se entrega por completo, y no a medias. Porque verdadero amor es fusión, y en esta fusión desaparece toda racionalización, del mismo modo que desaparece toda intelectualización en el momento del orgasmo. Amor, fusión y orgasmo, tienen la misma cualidad. Si uno de ellos falla por algún motivo, el amor se vuelve afectado y carenciado.

El amor es la plataforma, la fusión es el medio y el orgasmo es la cúspide. Y el amor no tiene necesariamente una dirección, como la fusión no depende de dos ni el orgasmo se limita al sexo. Es una cuestión de conciencia, es una dimensión, es un estado en el que puede vibrar el alma de todo ser.

El orgasmo es una energía vegetativa no racional que puede ser vivido con plenitud de conciencia, el cual es semejante a una Súper Nova o al Big Bang, porque el orgasmo no es sólo humano, es relativo al cosmos, es existencial, y todas las manifestaciones del universo pasan exactamente por la misma vivencia, aunque de formas diferentes. El orgasmo es divino, y cuando sucede en la cumbre del verdadero sentimiento amoroso, es transformador, es liberador, es la vivencia del paraíso en uno mismo, y no pasa por una comprensión intelectual.

El verdadero amor sin límites, sin ataduras ni amarras, sin cláusulas ni esquemas, sin condiciones, e incluso, el amor sin parámetros, no es otro que el amor libre que nos permite vislumbrar la magnífica presencia de la Existencia reflejada en este estado de conciencia amplificado. A esto considera Lao Tse, la espiritualidad real.

 

El amor es como la vida. La vida no puede ser retenida, porque llega la muerte y nos la arrebata con suma facilidad. Del mismo modo, creer que el amor es nuestro y que podemos retenerlo, es absurdo.

El amor simplemente pasa por quienes nos abrimos a él, pero no es nuestro, no tiene ese límite. Sin embargo, la naturaleza esencial del amor es dar, y no necesariamente recibir. El llegar a ser su puente, su paso, el poderlo dar, ya es la mayor de todas las bendiciones que puedan ser experimentadas.

Y el amor es una de esas especialidades de la vida que se da por sí solo, naturalmente. Sí, el amor es algo que se da, es algo que sucede, no puede buscárselo. Y si se lo busca y se lo encuentra, no resulta. Lo que se encuentra mediante la búsqueda, no llega a colmar. Porque cuando se lo busca, generalmente hay una medida de búsqueda, un patrón, un modelo que se está buscando, y toda pretensión por mínima que sea, se aleja del verdadero amor incondicional.

El amor es magia, y cuando se presenta, cada persona es la que se adapta a él. El amor jamás se adapta a los amantes, porque son los amantes quienes se ven transformados por él. Si el amor se adapta al capricho de los amantes, jamás llega a ser profundo. Hay que dejarse llevar por él, hasta donde sea, sin imponerle una dirección determinada o una razón en particular. En esto estriba su profundidad.

El verdadero amor sucede por sí solo, sin la intervención de nadie; ya que no es producto de la búsqueda, ni mucho menos de la necesidad, e incluso, tampoco es el resultado de la pasión. El amor es la consecuencia de una sincronía metafísica que actúa a nivel psíquico, movilizando cada molécula y cada átomo de la biología y la materia de todo amante. Aquellos que se entregan a vivirlo de esta manera, conocen lo más hermoso de la vida, en cambio, quienes se niegan o se rehúsan a entregarse completa y libremente, apenas alcanzan a saborear retazos del amor, apenas sombras del querer.

El amor no puede comprarse, no hay forma de salirlo a buscar por las calles y encontrarlo; claro que puede suceder en cualquier esquina, pero no sería a causa de la búsqueda precisamente. La búsqueda puede servir para establecer contactos o para entablar relaciones más superficiales, pero no para dar con el verdadero amor. El resultado de la búsqueda es ocasional, mientras que el amanecer del amor es como un destino grabado en los libros de la vida, un regalo de la Existencia.

Por ello mismo, el amor tampoco puede pedirse ni exigirse a nadie, porque intentarlo de este modo conduce a una pésima calidad de amor. No obstante y a pesar de todo esto, la mayoría de las personas siguen buscando y reclamando amor verdadero de la siguiente manera: primero se lo busca, entonces lo que se encuentra no cubre las expectativas (y nunca va a cubrirlas porque la búsqueda es equivocada), así es como se inicia el reclamo, y este reclamo termina por arruinarlo definitivamente, porque ¿cómo se puede reclamar aquello que no sucede naturalmente?

Si el amor no ocurre espontáneamente, jamás ocurrirá por más reclamo que se haga.

La búsqueda del amor es sumamente relativa puesto que se efectúa desde una preferencia racional, en cambio, cuando el verdadero amor sucede por sí solo, da exactamente en el centro de la diana de nuestro corazón, y es tan desbordante, y es tan expansivo, que hace que perdamos la noción de nuestros límites y el conocimiento de dónde es que empezamos y dónde es que terminamos. Porque justamente lo que se pierde con el verdadero amor, es todo aquello que es patrimonio de la razón, es decir, las muletas que utilizamos al buscarlo.

El amor no depende de la búsqueda, pero sí del despertar. Al amor hay que despertarlo, y la manera es no dejar por un momento de amar: amar a la vida, amarnos a nosotros mismos, amar a quien se cruza en nuestro camino compartiendo el suyo, amar la naturaleza y, amar todo lo que existe.

No te anticipés buscando, esperá, no te adelantés. Si abrís tu mente y tu corazón, sentirás que el verdadero amor se encuentra ante tus ojos; sin ir más lejos, él está allí mismo, en tu interior, brotando hacia todas las direcciones.

 

Amar el vuelo del ser amado sin recortarle el despliegue de sus alas o sin impedirle su volar, es decir, amarlo por lo que es: un alma inmortal que ha recorrido y recorrerá millones de mundos, millones de vidas, y que en su camino ha compartido y compartirá infinitas relaciones; amarlo en su libertad innata; amarlo en su esencia ancestral carente de dueño; amar al ser amado sin confundirlo con una posesión o propiedad privada, es el sentimiento amoroso por excelencia al que paulatinamente evoluciona la humanidad.

 

- ¿Cuál es la cualidad del amor y qué indicios señalan su ficción? -Interrogó Bernardo-.

- Su cualidad es que carece de pasado y de futuro. Pues si tiene algún vestigio de ellos, aunque más no sea por un instante, deja de ser amor. Porque el amor no tiene ningún condicionamiento. Bien sabés que para medir el tiempo se crearon relojes y calendarios, pero el amor es inmedible y el corazón desconoce las medidas. Siempre que se vivencia el amor incondicional, se saborea esta cualidad de presencia total sin tiempo. -Respondió Simón-.

-Pero, ¿proyectarlo al futuro o recordarlo en el pasado no lo hace aún más ilimitado e interesante? -Preguntó otra vez Bernardo-.

-El problema del tiempo radica sólo en el hecho de postergar el amor; si lo postergás, ésta es su ficción. -Concluyó Simón-.

 

Este es el principio natural del amor: “vivir el presente”, puesto que el presente es el terreno fecundo del sentimiento amoroso práctico, ya que no existe ninguna otra coordenada temporal donde palpite y vibre tan expansiva dimensión amorosa.

Únicamente puede latir aquí y ahora, hoy, sin proyección hacia el mañana ni hacia el ayer, sin ningún esquema ajeno a la libre espontaneidad del presente.


 

 

 

La mayoría de las Tablas del Tao Te Ching expresan la filosofía taoísta en tercera persona, en cambio, ésta Tabla en particular es muy importante, ya que Lao Tse habla en primera persona, o sea, habla sobre él mismo.

 

 

LAO TSE, y su Visión rebelde de la Vida y del Amor (Parte 3)

Tabla Nº 20 “La utilidad de lo inútil”

por AON

Esta Tabla es la número veinte, y dice lo siguiente:

Elimina la erudición, el conocimiento superficial, entonces, las vejaciones del ¨¡ah, qué bueno! y ¡oh, qué malo!¨ desaparecerán. ¿Cuál es la diferencia entre el correcto e incorrecto?

Todos tienen muchos objetivos que realizar, yo ninguno.

Ni siquiera siento placer o afición por las cosas a las que están dedicadas las mayorías de las personas.

Todos deslumbran por su inteligencia, yo soy como un profano con muy poca luz, que transita por la vida simplemente, sin entender nada del mundo.

Todos desempeñan en el medio social, roles fundamentales; yo soy un inútil e incapaz que nada entiende.

Todos creen ser alguien importante, yo no soy nadie.

Todos parecen llenos, en cambio yo, parezco hueco.

Soy diferente de la masa, no porque yo lo diga, dicen que difiero en casi todos los aspectos... pero vivo sin hundirme, como espuma sobre la marea, observando las nubes y el sol, escuchando el canto de los pájaros.

Vivo en diálogo perpetuo con el viento y con el silencio, centralizado en la totalidad del vacío.

Y mientras todos se internan en un mundo artificial, yo no sigo nada de ello de modo natural.

Todos viven a la espera de abundancia, yo no tengo nada, pero soy feliz porque sigo el Tao...

 

¡Qué filosofía tan rara y extraña es ésta!

Mientras la mayoría anhela destacarse y sobresalir en algo, Lao Tse propone pasar desapercibido, como una caña de bambú en medio de un gran cañaveral, como un guijarro arenoso en una inmensa playa rocosa. ¡Qué filosofía más polémica ésta!, porque estamos acostumbrados a un estilo de vida tan competitivo, donde el querer demostrar cuánto más inteligente que los demás somos se ha vuelto lo principal. De muchas maneras buscamos sobresalir, algunos por lo excéntrico de su conducta, otros por lo cultivado, incluso por lo equilibrado; algunos también buscan sobresalir por la intolerancia, la brutalidad o la torpeza. El mecanismo de la mente humana a veces es tan sorprendente, que cuesta comprenderlo.

La competencia se ha vuelto tan evidente en algunos campos comerciales, como sutil en los ámbitos espirituales. Directa o indirectamente, el ego del hombre se alimenta de la competencia. Lao Tse, en cambio, nos empuja al reconocimiento de lo tan pobres que somos, y nos recomienda entender la filosofía de la no-utilidad como un camino de vida más auténtico o más útil que la misma utilidad.

¡Qué filosofía tan rara ésta!

Pero si puede ser comprendida, entonces podrá conocerse lo que es estar verdaderamente en paz. Porque ya no serían determinantes las apariencias.

Lao Tse tuvo un amigo, Yin Hsi, que durante mucho tiempo se había cuestionado inquietantemente su forma de ser.

Se preguntaba por qué debía ser así y no de otra manera. Se preguntaba por qué sentía lo que sentía, y por qué pensaba como lo hacía y no de otra manera; hasta que conoció a Lao Tse, a partir de ese momento, no se cuestionó más su conducta ni su sentimiento. Y esto no sucedió hasta después de su adolescencia. Comenzó a aceptarse, porque ya no estaba tan solo como creía. Su vivencia comenzaba a ser compartida. Dejó de anhelar modelos establecidos y se dedicó a ser naturalmente lo lindo y lo feo que era. A ser tal cual, auténtico.

Con Lao Tse aprendió el modo de crecer cada instante y la manera de rescatar el valor positivo de cada circunstancia, aún, por negativa que esta fuera.

 

Lao Tse se refiere a la no-acción y a la no-utilidad, como el más alto desempeño que todo ser humano pueda alcanzar.

Sí, él elogia la no-utilidad, la no-competencia y valora el no-conocimiento. La locuacidad es para él un desperdicio de energía, y la erudición, una prisión camuflada. Tener un objetivo es perderse el resto de la vida y creer en algo en particular, es mera superstición.

Sin embargo, Lao Tse trabajó durante muchos años en los archivos del palacio de los Chou, un imperio que se sostuvo durante 873 años, y su agudeza de pensamiento se distinguió entre los más destacados asesores del emperador. Es necesario que se entienda bien esto, porque a través de su propia vida puede comprenderse más exactamente lo que quiso decir con respecto a la no-acción y a la no-utilidad. Evidentemente Lao Tse lo probó todo y llegó a esta conclusión.

Lao Tse señala el camino del menor esfuerzo y, aun así, pocos pueden seguirlo. El dice que esta vía es tan natural, que por ello se ajustaron la vida y el universo, ¿o puede creerse que ellos hacen algún tipo de esfuerzo? Pero el ser humano, distanciado de lo natural, sigue esforzándose en rumbos artificiales, ajenos a su propia Naturaleza.

Bernardo se acercó a Simón, diciéndole:

-Maestro, ¡cuántas verdades conocés!, pero, ¿cómo seguirlas?

A lo que Simón contestó:

-No son verdades, ni pueden ser conocidas, por lo tanto, ¿qué seguir? Mejor dejá que te sigan, como me siguen a mí. Esta es toda mi filosofía: No tenés que buscar las verdades porque ya las tenés incorporadas desde antes de nacer.

 

Se ha llegado a tal punto de enajenación, que cuando no podés mantenerte dentro de los cánones sociales, estipulados hace tiempo por enceguecidos y empedernidos materialistas que planearon dominarte, entrás en depresión. Porque estos códigos se han arraigado tan profundamente en tu ser, que cuando comenzás a desprenderte de ellos te sentís decaer, porque sentís que estás perdiendo algo. Y hasta que no te des cuenta de que este sentimiento no es otra cosa que una limpieza necesaria que barrer con todo el cúmulo de desperdicios heredados, no podrás ver la belleza de la vida natural.

 

Siempre que se caen estructuras producen mucho movimiento interno, debido a que, falsamente se supone que ellas nos sostienen. Pero es una ilusión, esas estructuras son ajenas a nuestro ser, e incapaces de sostenerlo.

 

En la misma tabla número veinte, Lao Tse pregunta: “¿Cuál es la diferencia entre lo correcto e incorrecto?” Y responde: “Elimina la erudición, el conocimiento superficial, entonces, las vejaciones del ¨¡ah, qué bueno! y ¡oh, qué malo!¨ desaparecerán”. Porque mientras continúe esta falsa distinción no se podrá saborear lo natural.

Por eso es que él pregona el no-conocimiento, no la ignorancia, por eso valora la no-utilidad, no inutilidad, y, por eso alaba la no-acción, no la inacción, porque mediante ellas se comienza a enderezar esa inclinación hacia la superchería oficialmente establecida a nivel mundial.

¿O realmente creés que la vida existencial y el orden cósmico se han manifestado para que puedas ganar algunas monedas, vestir de moda o alcanzar cierto status? Como bien dice Lao Tse, abandoná todas esas ideas si en verdad querés vivenciar el sentido fundamental de tu existencia. De lo contrario, continuá con tus proyectos de encarnar fielmente el modelo social y, entonces, llegará el momento, quizás demasiado tarde, en que descubrirás lo absurda que ha sido tal actitud.

 

En el estado de Sung, cuenta Chuang Tse, hay unas tierras que pertenecen a la familia de los Ching. Allí crecen en abundancia cedros y moreras que cubren grandes extensiones de campos. Pero el crecimiento de los árboles está bien controlado, porque a éstos sólo se les permiten alcanzar distintos diámetros y determinadas alturas, según la utilización que se les vaya a dar. Por ejemplo, los más anchos son cortados para la construcción de jaulas para monos y otras especies, los más largos se cortan para ser empleados como vigas en la construcción de casas; los más grandes son utilizados para hacer féretros sin juntura, puesto que así los prefieren la gente adinerada; los árboles sin nudos, para la confección de muebles, y las ramas son utilizadas como leños para combatir el frío del invierno; hasta de los tallos y de las hojas verdes se extraen ciertas esencias resinosas, y las hojas secas se queman para ahuyentar insectos. Nada queda de estos árboles que son cortados prematuramente.

Ninguno de estos árboles viven el plazo de años que la naturaleza les tenía previsto, sino que son talados aun siendo jóvenes. De a miles son arrancados cada temporada, y nuevos brotes vueltos a plantar en su reemplazo.

Este es el fin inevitable de todo lo que sirve, de lo que es útil y de lo que puede ser utilizado.

Pero en el estado de Sung, también existen ciertos árboles que no son cortados jamás y mueren de viejos. Al preguntársele a los leñadores el por qué, responden: “No sirven para nada, pues, si con ellos se hicieran botes se hundirían, si se construyeran féretros se pudrirían, son tan nudosos que los muebles se romperían y las puertas crujirían, como pilares serían fácilmente comidos por los gusanos y otros insectos, a la intemperie se pudrirían, y esta madera es de tan mala calidad que hasta como leño produce demasiado humo oloroso. A estos árboles no se les puede dar ningún tipo de uso, no sirven para nada; aun así, cientos de hombres son los que se refugian bajo su fresca sombra cada día en el verano, y se protegen de las lluvias y el viento en el invierno año tras años a lo largo de varias generaciones”.

Chi Tse de Nan Po concluyó: “-De hecho, este inmenso árbol ha de ser muy especial, por eso ha alcanzado la longevidad. Un hombre espiritual podría seguir su ejemplo de no-utilidad”.

Y Chuang Tse contestó: “-Pero la gente sólo conoce la utilidad de lo útil y desconoce la utilidad de lo no-útil”.

 

Esto es lo que trata de hacernos ver Lao Tse: ¨la belleza de lo no-útil¨. Por eso se define a sí mismo como inútil, y no por el hecho de que le haya resultado muy difícil hacernos comprender esto.

Y cuando él dice inútil no se refiere al concepto peyorativo que todo el mundo tiene al respecto, sino que él apunta a algo muy especial detrás de ello. Sería cuestión de que cada uno hiciera un profundo análisis acerca de la comprensión que se tiene sobre la utilidad y la inutilidad.

Qué es útil y qué no lo es. Somos útiles a partir de qué. Somos útil para quién. ¿Qué significa ser útil desde el punto de vista existencial?, ¿o es que sólo cuenta el punto de vista social? ¿Nos consideramos útiles por lo que hacemos o por lo que somos?, ya que si nos consideramos útiles por lo que hacemos seremos atrapados, dice Lao Tse, en cambio, si nos consideramos útiles por lo que somos podremos vivir libres. La utilidad reside en el no-hacer y ser simultáneamente.

De aquí que la idea taoísta de no-utilidad, no describe el sentimiento del individuo que se encuentra capacitado para amar y que ama, ni tampoco se refiere a esa capacidad de permanecer íntegro en lo natural de la vida, sino que la idea de Lao Tse está expresamente dirigida al calificativo común de la gente con respecto a lo que piensa que es útil. Para él, esta interpretación de utilidad es inútil. Y aquí nada tiene que ver con el principio de no-utilidad.

 

La utilidad socialmente aceptada termina consumiéndose a sí misma, mientras que la no-utilidad es inalterable... Esta es justamente su inagotable utilidad. Depende de la creatividad.

Si se sabe cómo utilizar esta clave, conociendo el valor de lo no-útil, la sabiduría que se tendrá de la vida será muy superior a la de conocer sólo el valor de lo útil.

El capitalismo es la cumbre de la filosofía de la utilidad; el comunismo también lo es; por eso mismo, estas políticas están destinadas a fracasar. Si la filosofía taoísta de la no-utilidad pudiera entenderse también al campo socio-político, el mundo prácticamente se gobernaría solo, es decir, por la misma gente, por el pueblo, y el Estado no sería otro que la humanidad.

 

En los sacrificios que antiguamente se efectuaban para contentar a Yang Tse, el Dios del Río Amarillo, no eran útiles ni los toros con frentes blancas, ni los cerdos con la trompa hacia arriba, ni las personas que sufrieran de hemorroides, porque eran considerados de mal augurio; a excepción de ellos, todos los demás podían ser sacrificados. Pero no hace falta mucha sabiduría para darse cuenta de que la inutilidad que estos representaron, fue lo que verdaderamente los salvó de ser sacrificados. Este es otro ejemplo del valor que tiene la inutilidad, porque en aquel entonces sólo eran sacrificados los más inteligentes, los más hermosos, los más aptos.

Y esto mismo sigue sucediendo en la actualidad. En nombre de la sana competencia son inmolados tanto los que compiten como los que quieren competir pero son marginados por el mismo sistema competitivo.

No obstante, no significa que procurar la inteligencia, la belleza y la capacidad sean un obstáculo para la realización no-competitiva del individuo. Nada de eso, lo que está queriendo decir Lao Tse, es que una sociedad madura y sensible debería detenerse a contemplar diariamente el sentido profundo de las cosas más simples, y no sólo encandilarse por la superficialidad de las cosas excesivamente elaboradas.

Estar más receptivo a las cosas simples de la vida salvará a la humanidad de su propio caos, este caos que se desencadena a partir de la desmedida ambición de querer más y más y más. La moderación es el fundamento de la satisfacción.

En síntesis, no hay que creer que los sacrificios pertenecen al pasado. En la actualidad, muchos somos sacrificados en el altar del consumismo desenfrenado. El competir y anhelar el reconocimiento social, el pretender descollar por la inteligencia y el esmerarse por la adquisición de valores tanto materiales como morales o espirituales, también son parte de un consumismo letal generado por la idea de utilidad.

 

Nadie va a tomarnos un examen el día en que desencarnemos y pasemos a otra dimensión, nadie va a querer constatar cuán útiles hemos sido en la vida, no hay ninguna necesidad de vivir compitiendo; todo lo que hagamos en cuanto a la utilidad será tan sólo consumir y consumirnos. Lo no-útil no espera resultados, lo no-útil no guarda ninguna promesa, lo no-útil es profunda relajación.

 

Soy un inútil e incapaz que nada entiende, todos creen ser alguien importante, yo no soy nadie.”

¿Qué ha sucedido con Lao Tse al hacer esta revelación, y qué está queriendo significarnos con esta declaración de su propia persona?

Pero, ¡qué deprimente es sentirse un inútil e inservible! Muchos hacen terapia durante años para resolver este conflicto, y otros no hacen terapia porque encontraron el modo de no reconocer tal inutilidad, aunque les pese en su inconsciente. Pero, paradójicamente, Lao Tse ha observado en la no-utilidad un principio fundamental.

Aquello a lo que le tememos, aquello de lo que escapamos, para Lao Tse es fundamental y esencial. Este principio es: reconocer nuestra verdadera naturaleza y seguirla, sin que medie ningún tipo de dirección ajena a uno mismo.

Así que con Lao Tse no se necesita ni hacer terapia ni esconder lo que no nos gusta de nosotros mismos, porque él verá en lo que somos, en nuestra no-utilidad, la verdadera utilidad. El sólo volvernos consciente de nuestras maneras será suficiente. Y él no está diciéndonos que debamos cambiar o ser inútiles; de ningún modo, él dice que no importa la opinión del mundo, que cada uno siga su propio camino, más allá de la crítica o del reconocimiento.

Para entender este mensaje de Lao Tse hay que hablar en términos de ¨útil y no-útil¨ y comprender la enseñanza que proviene al profundizar los dos conceptos. Vamos a dejar de lado la palabra inutilidad, porque si son sopesadas las leyes de la vida, descubriremos que nada existe que pueda considerarse como inútil o inservible. Aun la equivocación, aun el error, también ellos son grandes maestros.

 

Muchos de nosotros hemos visto a personas y comprobado en nosotros mismos que, al pretender afirmar la felicidad, ésta se hace más escurridiza y menos posible; que cuanto más se intelectualiza la vida ideal menos son las posibilidades de sentirla y vivirla, porque su naturaleza esencial sólo es posible desde la espontaneidad. Sin embargo, la filosofía actual del pensamiento positivo se ha vuelto una mera programación consciente. Hoy está de moda considerar al ser humano como una máquina y, sobre todo, como una computadora. Pero no dará resultado, porque nadie soportará por mucho tiempo la imagen fabricada por la repetición de lindas palabras. Puedes pasártela diciendo: ¨Estoy muy bien, estoy muy bien¨, pero no estarás bien si no te relajás y dejás de temer ver las cosas tal cual son.

Resolver las entrañas de tus conflictos puede ser posible a partir de aceptarlos y verlos cara a cara, sin esquivarlos ni ignorarlos. Repetir que ¨no hay conflicto¨ mecánicamente, sin duda alguna en algún momento te parecerá cierto, pero no será tu realización, sino una mera neuroprogramación, y en ello reside una profunda falencia.

Quien ha saboreado las alturas del Ser comprende esta profunda falencia. El sabio sabe que la espontaneidad, si es programada, deja de ser espontaneidad, y la espontaneidad es el medio para conectarse con la belleza natural de la vida.

Lao Tse nos dice que cuanto más ¨sí¨ se afirme y se pretenda, más fuerzas contrarias se van a estar desatando; es decir, por tanto anhelo del sí, se genera el no. Es que al forzar lo que no es, más poderoso se vuelve lo que es. Rechazar algo, implica que eso mismo se vuelva en contra. La verdadera transformación proviene de la aceptación de lo que es.

El segundo emperador amarillo Huang Ti (no el mitológico), había intentado por mucho tiempo evadir el horrible sentimiento que le provocaban sus actos crueles. El había hecho construir un palacio con miles de habitaciones para escapar de los espíritus que lo acosaban por las noches. Cada noche dormía en una habitación diferente para escapar de ellos, pero no daba resultado porque los espíritus estaban dentro de su mente. Él, por mucho tiempo, se repitió una y otra vez que se encontraba feliz, que estaba muy bien, a pesar de sus errores y de los sufrimientos que ocasionaba a los demás. Pero no dio el resultado que esperaba.

Cuando sufrimos, lo primero que hay que entender es que se sufre por algo. Nada hay gratuito en esta vida. Tapar el sufrimiento y grabar sobre él la célebre frase de la felicidad, no es el acto responsable de quien se ha encaminado por el sendero del autoconocimiento conducente al crecimiento interior.

Lao Tse dice que con la negación, o mejor dicho, con la afirmación del ¨no¨, se facilita el camino hacia el ¨sí¨.

Pero si se logra estar más allá del sí y del no, conoceremos la más imponente tranquilidad. Y al estar en paz, no se necesita demostrar nada a nadie ni escudriñar o analizar el sentido medular para interpretar la verdad. Por esta tranquilidad, la propia vida tomará un rumbo más fluido, más natural, por el camino de la aceptación.

Al no forzar la dirección de las cosas, no se encontrará obstáculos ni frustración. Aceptarse es la base para ser dichoso como Lao Tse. Este es el modo de conocer la dicha a la que él se refiere.

Renunciar a toda idea de sobresalir, renunciar a la erudición, y con ello se terminarán los más graves problemas, dice la Tabla número veinte

 

Comer primero el postre y luego la comida, ¿qué está bien y qué está mal?, no es algo que pueda saberlo un niño, tampoco un sabio... Aquí se halla la raíz de la plenitud de Lao Tse y de su gran dicha:

Yo no tengo nada de eso, pero soy feliz porque sigo el Tao.”

La aceptación natural de las cosas es una gran virtud, que conduce a la trascendencia de los valores estipulados, y la inercia resulta constructiva ante la acción destructiva. Muchos se pierden tras todo lo inventado y se destruyen gradualmente. El hombre ha descubierto distintas formas de aniquilar su ser; y algunas de estas formas son: el consumismo desenfrenado, la necesidad desmedida de tecnología, la dependencia de fármacos, el fanatismo religioso y la creencia en las normas moralistas, entre otras.

En cambio, la inercia constructiva del Tao, que todo lo hace sin hacer (por lo que todo sucede sin esfuerzo alguno), mediante la cual el beneficio ocurre muchas veces sin reconocimiento alguno, te lleva a contactarte más profundamente con la naturaleza y las leyes de la vida.

Como ya mencioné, Lao Tse no justifica la inacción ni la inutilidad ni la ignorancia, ni tampoco encuentra una buena excusa en ellos, porque él hace una clara advertencia para no caer en el error de confundir no-acción con inacción ni no-utilidad con inutilidad ni no-conocimiento con ignorancia. Porque tanto la no-acción, la no-utilidad como el no-conocimiento, son propias de un estado de conciencia, mientras que la inacción, la inutilidad y la ignorancia, deben ser reconsideradas a fin de no ser ni afectados ni afectar a nadie.

 

 

 

LAO TSE, y su Visión rebelde de la Vida y del Amor (Parte 4)

Tabla Nº 81 “La Iniciación Taoísta”

por AON
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